Cultura

Amalá Saint-Pierre sobre el estreno de ‘BRU’: “Contar su historia es contar un siglo de la historia chilena” 

6 septiembre, 2019


En el marco de la conmemoración de los 80 años de la llegada del Winnipeg a Chile, el jueves 5 de septiembre se estrena la obra de “BRU o el exilio de la memoria”, trabajo que cruza recuerdos y documentos que pondrán en evidencia la vida y obra de la artista chileno-catalana Roser Bru, relatando principalmente sus exilios, su dimensión política y sus procesos creativos. 


Roser Bru nació en Barcelona el 15 de febrero de 1923. Con un año de vida se fue al exilio en París junto a su familia. En ese entonces, el dictador José Antonio Primo de Rivera había prohibido todo lo que fuera catalán y el padre de Roser era defensor de esa cultura. A los 6 años volvió a Barcelona y estudió en el primer colegio Montessori que se hizo en Cataluña y allí también vivió la vida política de su padre y los constantes cambios de domicilio producto de lo mismo.

En 1939, terminada la guerra civil española, viajó a Francia con 16 años y formó parte del grupo de intelectuales españoles que llega a bordo del barco Winnipeg a Valparaíso. A 80 años de su embarque, contar la historia de Bru se traduce también a contar la historia de 2 mil 200 refugiados que llegaron al país, 2 mil 200 personas que contribuyeron a contar la historia y que a través del arte de Bru, podremos ser capaces de reconocer y entender como procesos claves para la memoria colectiva del siglo XX.

Los antecedentes

La primera temporada de BRU se llevará a cabo en el Centro Cultural GAM en septiembre bajo la dirección del Premio Nacional de Artes, Héctor Noguera y el Colectivo Mákina Dos -integrado por Francisco Paco López y Amalá Saint-Pierre, nieta de la artista-.

Hablar de Roser Bru es hacerlo sobre una figura icónica para el arte nacional. Es una de las artistas plásticas más destacadas de Latinoamérica, ganadora del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2015 en Chile y de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2018 en España, misma razón que motivó a su nieta a explorar documentos y recuerdos de la artista de 96 años para almacenar vivencias que a poco a poco están siendo olvidadas por el implacable paso del tiempo.

“Lo principal de su obra, es el reflejo visual que hace de sí misma y cómo lo inserta en el arte. Tiene un gran talento para reflejarse, reflejar su vida y su época. Creo que es una obra netamente autobiográfica”, comenta el director Héctor Noguera.

Noguera, además, reconoce no tener ningún tipo de nexo profesional con la artista, sino que todo se trata de un lazo amistoso. “La conozco hace muchos años a través de Claudia, mi mujer, porque ella desde niña que es amiga de la familia de Roser. Mi amistad es a través de ese nexo. Profesionalmente una vez diseñó el afiche para la obra Cartas vencidas, pero es netamente amistad”, señala el director.

Acerca del montaje y sus pretensiones, conversamos con Amalá Saint-Pierre y Francisco López, quienes relataron que se trata de un proyecto que tiene varios años de trabajo. Comentan que en primera instancia enviaron un Fondart “porque querían hacerlo todo”, investigar, escribir la obra y montarla en el mismo año. “No lo ganamos, entonces en el segundo año mandamos solamente la investigación para hacer el libro y ahora con el libro hecho, que es una dramaturgia-documental, pudimos montar esta obra”, cuenta Francisco.

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“Siempre el qué queremos hacer respondió a una inquietud de Amalá, que en el fondo tiene que ver con preservar la memoria de su abuela, que a su vez trabaja con la memoria en las artes visuales” recuerda López y asegura que hoy en día, después de haber hecho ese Fondart de investigación, se dieron cuenta de que no solamente estaban hablando de Roser Bru, de su vida y de su obra.

“Estamos preservando su memoria con el equilibrio que hicimos y la obra que montamos. Pero todo se cruza con temas que hoy en día son super contingentes. Se habla de inmigración, de la pertenencia, de identidad, de patrimonio e historia colectiva”, agrega Francisco.

Por su parte, Amalá, reconoce al principio pecar de cierta ingenuidad:  “Queríamos hacer una obra de esta tremenda artista, pero eso hoy se ha ido tiñendo de todo lo que hemos ido descubriendo y que ha ido apareciendo a raíz de este personaje tan fructífero e interesante y tremendamente valioso para nuestra cultura”.

Noguera como director, señala que trabajaron un texto en base al que escribió Amalá y Francisco en el libro. “A partir de ahí fuímos adaptándolo al teatro. Yo daba algunas indicaciones y ellos iban trabajando hasta que logramos un texto que nos pareció posible de poner en el escenario”, dice Noguera y asegura que “lo más importante ha sido contar a Bru, desde su personalidad y la relación de su pintura con las diferentes épocas que ella ha vivido. Especialmente con sus diferentes exilios”.

Cómo nace el montaje BRU

Saint-Pierre relata el origen de la obra y del colectivo que tiene junto a López, el cual existe desde el año 2015. Comenta que Francisco y ella han colaborado en otros proyectos desde el 2012 juntos.

“Yo hace unos diez años atrás, en Barcelona, empecé a trabajar en un documental sobre la historia de dos familias catalanas que habían sido refugiadas en Chile tras la guerra civil española. Una familia era la mía y la otra era una familia amiga. El documental iba retratando cómo las dos familias se iban cruzando y relacionando a lo largo de tres generaciones”. Así, Amalá señala que se dio cuenta que tanto ella como la sociedad entera tenemos una deuda histórica para con las memorias.

“También entendí que yo tenía quizás un rol y ese rol además siendo yo, no solamente artista sino gestora cultural, tenía que hacerme cargo de este tema. Entonces trabajé mucho más consciente y dirigida. Fue ahí cuando de forma natural sucedió la obra de teatro, porque es mi lenguaje”, recuerda.

El pie inicial para que ambos empezaran a trabajar en la obra, fue cuando entendieron que estaban en una bomba contra el tiempo y el olvido. “Mi abuela estaba empezando a olvidar poco a poco”, comenta Amalá. Señala además que tenían que recabar información rápidamente. “Teníamos que hacer hablar una memoria, que es distinta a la que nosotros contamos en escena, porque ya no es la Roser, es la memoria de cómo nosotros contamos su memoria. Sigue siendo de ella, pero la estamos contando nosotros y pasa por el pincel de nuestra sensibilidad”, cuenta Saint-Pierre.

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En el mismo escenario, Paco López manifiesta que para él es un deber honrar a nuestros artistas, preservar su trabajo y difundir su legado. Que a través del mismo arte ellos preservan, honran y difunden el trabajo de Bru. “Disfrutar hacer una obra de Roser, que nos dirija el Tito Noguera y haber quedado en el GAM -que es casi más difícil que ganar un Fondart- es un lujo”.

A propósito de la sensibilidad y memoria de la obra de Bru, Amalá dice que mucha gente le ha dicho ‘ah, yo tengo una sandía de Roser en mi living’, pero que casi nadie se detiene a leer a esa sandía, “que representa la sexualidad de la mujer, es la mujer. Además, es una sandía calada, una mujer herida. Es una fruta abierta, Entonces ella al pintar esa sandía le está hablando a la mujer desde la mujer y desde la sutileza de ser mujer. Y cuando ella pinta el higo abierto o la marraqueta está pintando la paz”, relata y también recuerda que para ella, Roser siempre ha sido una artista comprometida que se ha podido adelantar a su tiempo. “Yo como nieta, como mujer y como artista, no puedo sino admirarla por esa capacidad de lucidez. Es una maestra”, asegura.

Qué se espera tras su estreno 

Amalá señala que su abuela es un excelente prisma y catalizador de la historia del siglo XX. Ella manifiesta que la obra debe dar peso al valor de Bru como artista, que se convierta en un personaje y su trabajo se repase en la educación, porque “contar su historia es contar un siglo de la historia chilena”.

Francisco además, añade que sería bueno que se pasaran a las maestras del arte en la educación, que quizás ocurrió con Violeta Parra y Gabriela Mistral, pero que debería ser una política colectiva de estado que agregue a muchas otras artistas de la música, de las artes escénicas y de las artes visuales.

“Lo que a mí me gustaría es que la gente se de cuenta de este tremendo valor y patrimonio vivo que tenemos como país y que compartan con nosotros la urgencia que tenemos de preservar su memoria y su legado”, agregó.

Finalmente, Amalá habla sobre otra de las aristas en cuanto a las expectativas de la obra,  la cual tiene que ver con establecer un debate a propósito de la migración. Amalá habla sobre el miedo al otro, “el miedo al otro cuando es distinto a uno, miedos colectivos que están en todas partes y Roser y tantos otros como los que llegaron en el Winnipeg, aportaron a la historia de Chile. Entonces estamos demostrando el ejemplo vivo de que las historias de inmigración son historias positivas y que hacen bien”, asegura Saint-Pierre.

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