Cultura

Ángel Parra Orrego: “Porque estoy envejeciendo, veo mucha belleza en cómo envejeció mi padre”

30 septiembre, 2019


Hace algunas semanas, Ángel Parra lanzó Travesuras Vol. 1, un disco en el que rescata composiciones creadas durante los últimos veinte años para Los Tres, Parra Trío, películas, series y programas de televisión. Pero no es solo una recopilación. Para el músico este es un trabajo que le ayuda a encontrarse luego de años de muchos cambios y lo hace volviendo a su origen. Con idas y vueltas a su infancia y también desde un reencuentro con la obra de su padre.

“La idea nace con el criterio especial que tiene un amigo mío que vive en Bélgica y que fue al colegio conmigo. Él siempre ha observado mi carrera, no es músico, trabaja en el mundo audiovisual y me veía metido haciendo música para radios o televisión, de hecho, cuando vino la última vez a Chile, me dijo -y es algo que quiero hacer- que en mi casa hiciera un estudio para hacer videos tutoriales para subir a Youtube, pero profesional. Pero a mí me da lata todo eso”.

“Él me dijo, ‘sin saberlo, tú tienes un catálogo enorme de cosas’. Y de ahí empecé a acordarme de muchos trabajos que no habían sido publicados. Algunos en películas súper independientes, otros que no habían tenido ni medio éxito, música que había hecho para documentales que se repartieron en VHS y que tenían relevancia histórica por la historia con mi papá. También había una canción de Los Tres por ahí que, afortunadamente, Álvaro Henríquez me la pasó, porque en ese sentido yo soy correcto y le pregunté, me la pasó”.

Para Ángel también era importante “dejar en claro la importancia de mi madre en mi carrera y en mi vida, porque los últimos diez años en que han pasado hartas cosas con la Violeta, después se murió mi papá, siento que los muertos van quedando un poco en el olvido. O sea, yo nunca olvido a mi mamá, pero muchas veces se me acercaba gente a recordármela, porque ella era muy querida. Y creo que este disco es una ofrenda a Marta Orrego. Ahí se me empezaron a juntar las piezas del puzzle, porque en medio está la canción ‘Marta’, y también ‘Frida’, mi madrina y la mejor amiga de mi mamá, que estuvo enfermita hace poco pero ahora está mejor. Ella es hermana de Nissim Sharim, un gran actor chileno y que es super importante en mi vida. Ahí empecé a hacer una especie de racconto de mi infancia”, explica.

“También quería salirme un poco del formato de Ángel Parra Trío, del formato jazz o instrumental, quería darme una oportunidad de hacer eso y también mostrarle a la gente que el camino de independencia que he tomado, que me ha obligado a manejar el computador, los micrófonos y trabajar solo. Son todos esos factores, pero el input de mi amigo fue lo principal. Veía que había audios un poco defectuosos que tuve que trabajar, pero ahí armé un orden, estuve como dos meses y medio haciendo muchas preguntas a amigos, a mi señora también, que qué les parecía esto o aquello y ahí se fue armando el disco”.

Hay una canción que fue grabada en un estudio, ‘Manantiales’, que tiene una historia divertida. Es el origen de ‘Agua bendita’, que la grabamos con Los Tres después y luego con Los Retornados. Y me di cuenta, por casualidad, en un disco que estaba quemado por ahí. No me acordaba que venía de ahí, grabé esa canción el año 98, antes de separarnos con Los Tres, ya han pasado veinte años. Me di cuenta que esa versión era bonita porque había batería, había órgano, tocaba Camilo Salinas, Titae y tenía otra estructura el tema”.

Ángel decidió mantener las grabaciones y no volver a grabar las composiciones. Mostrar el registro fiel, también entrega un relato del contexto. “Si te pones perfeccionista con la tecnología puedes destruir esa misma sorpresa. La gracia era no enmascarar demasiado el origen de las canciones y hay algunas que tenían una sonoridad netamente noventera, por ejemplo, y no se podrían llevar a lo que está pasando en el año 2000, entonces, quería que tuviera un sentido antropológico. Tampoco se lo entregué a un ingeniero para que me igualara las piezas, yo mismo hice una especie de limpieza. Creo que le daba valor que tuviera ese riesgo”, explica.

—¿Siempre fuiste riguroso para ordenar tu material y construir un archivo?

“Ordenado jamás he sido, pero con la música, desde que empecé a estudiarla, comencé a tener un rigor con el instrumento, con mi desempeño frente a lo académico que se fue consolidando en el tiempo. Después otra cosa fue para mí entender el funcionamiento de un computador y cómo se guardan y almacenan las cosas de forma correcta. Yo creo que eso me tomó casi diez años de trabajo, porque el despelote de mis primeros diez años… la tecnología también ha cambiado mucho las cosas. Ahora uno se graba en Instagram y queda un registro inmediato. Antes era todo más complicado. La primera música que grabé era siempre en estudio, había que tener presupuesto… me he visto en la obligación de ser más ordenado. Creo que mi condición mental también es mucho más ordenada que la que tenía hace ocho años atrás, entonces, eso me permite un rigor y exigencias de trabajo, que tiene que ver con lo que hice con la radio Cooperativa, con Canal 13, la propia industria me ha ido ordenando también”.

Travesuras Vol. 1 tiene 22 canciones, entre las que se encuentran ‘Mi clan’ y ‘Vals maníaco’, que fueron parte de la película Ilusiones Ópticas de Cristián Jiménez. También está ‘Tiempos felices’, que musicaliza el segmento de El Tiempo en Canal 13 y ‘Lugares que hablan’, el tema central del programa conducido por Francisco Saavedra.

 

Ángel reconoce que después de su salida de Los Tres se encontraba desorientado, al mismo tiempo que han venido años de mucho trabajo, cambios. De cierta forma, Travesuras Vol. 1 es una manera de también volver a reconocerse y estar en su centro.

“Difícilmente uno va a poder encontrarse a sí mismo si está divagando durante años en elementos que te distraen, que tienen que ver con el rocanrol, con el carrete. Esa etapa, para mi gusto es una etapa oscura, pero entretenida y de la que guardo buenos recuerdos. Creo que haberme vuelto una persona responsable con mi cuerpo, con mi alimentación y mis hábitos y conservar mi familia, son las cosas que me ordenaron para poder seguir reconstruyéndome. Entremedio, yo cuando salí de Los Tres, me metí con Manuel García a trabajar, produje un disco precioso, está mi papá en ese disco. Tenía mucha energía porque hace mucho rato tenía ganas de salir del grupo, hacer algo diferente, trabajar en el folclor y que no fuera siempre el tío Roberto, eso me gustó mucho. Ese disco de Manuel requirió bastante valor, pero después vino el problema del hombro”.

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Para Ángel este problema físico fue un punto de inflexión en una época que ya era de cambios. Fue a fines del 2015. “Estaba haciendo clases y tenía serios problemas para sostener la guitarra, se me caía la uñeta, me pasaban cosas muy raras, hasta que me atreví a ir al doctor y ahí me dijeron que la operación era la única solución, pero no te asegurabas quedar bien”, explica. “Era una rotura del ligamento, tenía que dejar de tocar. Ahí no podía trabajar con Manuel ni con nadie. Con lo que más tuve que trabajar fue con mis propios demonios”.

“Después de que terminé la recuperación con los kinesiólogos no podía ni agarrar la guitarra, me la tenían que poner entre dos personas porque no podía levantar el hombro y la verdad es que pensé que nunca me iba a mejorar, pensé que no iba a volver a tener la misma destreza. Es inevitable pensar en eso, que yo lo he leído en algunos escritores japoneses. Murakami en un libro habla de sus maratones y que ve en el tiempo, por todas las maratones que había corrido, el desgaste que tienen los cuerpos. El paso de la vejez en el cuerpo humano es una cosa inevitable, pero también hay una manera de disfrutar esos cambios”.

“Cuando veo a guitarristas que me gustan mucho que son muy jóvenes y me impresionan por su técnica, veo a otros que tienen setenta años y se han transformado, tocan de otra forma, de una manera más lenta. Mi papá también tenía una tendencia a tocar más lento con los años y cuando yo era joven me daba rabia, pero ahora lo entiendo súper bien, porque uno descubre nuevas maneras. Es un proceso natural, no se trata de quedar obsoleto, sino de comprender en qué etapa de la vida está uno y estoy cada día más consciente del momento que estoy viviendo”.

Ángel menciona una canción que compuso cuando era niño. ¿Cómo es posible hacer una selección de una vida entera de composiciones? Asegura que habrá otro volumen de Travesuras que contará con un filtro diferente al que utilizó en esta versión.

“Me di cuenta que tengo una gran cantidad de música que hice para series de televisión en la década del 2000, y es bonita la historia, porque en las letras me ayudaba mi papá. Yo lo llamaba por teléfono y le decía ‘papi, quiero hacer una letra pero para darle un toque chileno quiero que sea en décimas’ y me decía ‘espérate’, y en dos minutos me mandaba una letra, era increíble. Esa es una de las cosas que más pena me da, porque cuando hablaba con él y me ayudaba en esas cosas era increíble. Después llegaba a la productora, mostraba la cuestión y a veces me iba mal también, pero las letras eran gol de media cancha”.

Para Ángel, la selección de la música que estaría en este primer disco tiene que ver, por supuesto, con “enaltecer las composiciones que mostraran de manera más clara su estilo de composición”, pero, inmediatamente, surgen otras razones quizás más elementales. “Quería hablar de la importancia del pasado en mi vida, de mi infancia, la cuestión de la cárcel de mi papá en Chacabuco. Ese tema es muy importante. Y también quise meter presencia de eso al final, porque me estoy metiendo cada vez más en la música de mi papá, en sus canciones”.

Hace algunas semanas estuvo en la Universidad de la Frontera dictando una charla sobre el trabajo que hicieron juntos en los discos de Ángel Parra padre, “tratando de explicar su metodología de trabajo”, explica. “No tengo ninguna posibilidad de tener la genialidad que él tenía ni como guitarrista ni como letrista, pero sí conozco de cerca la historia, entonces, quiero grabar un disco con sus canciones. Y me estoy encontrando con más temas, cada día, y me impresionan mucho. Suena medio cliché, pero estoy en una comunicación con mi papá muy potente a nivel musical. Estoy buscando canciones, con mi hermana cantamos algunas cuando fuimos a Francia a inaugurar el centro cultural. Y esto quería marcarlo al final del disco, porque lo que viene ahora es la Fundación Ángel Parra, vamos a hacer un disco el próximo año, y todas esas cosas se están ordenando solas”.

Un acercamiento profundo al trabajo de su padre, casi musicológico, como explica, no es el primero que realiza. Hace dos años él y Javiera realizaron algo similar con Las Últimas Composiciones de Violeta Parra. Por supuesto, ante dos creadores diferentes, hay experiencias distintas.

Ángel cree que al sumergirse en las canciones de su padre ha vuelto ha tener muy presente “la sabiduría de don Ángel, la cantidad de frases que se me repiten todos los días y que me las dijo hasta el último día antes de morir y que todas son certeras, por la vida que él llevó, por las experiencias dolorosas que le tocó vivir y cómo las enfrentó con tanto humor y alegría. Y porque estoy envejeciendo, veo mucha belleza en cómo envejeció mi padre. El respeto que la gente que siempre le tuvo”.

“Recuerdo la dignidad con la que se presentó al estudio a grabar el ‘Rin del angelito’, con cáncer de dos años y la fuerza que le puso al cantar, me dejan una sensación de que tengo una misión lindísima que cumplir y que él estaría demasiado muy orgulloso de ver que yo por fin estoy poniendo en su obra la real importancia que ni él mismo le daba. O sea, él sabía que escribía bien, que hacía buenas canciones, pero no se andaba cuestionando nada. Tenía un oficio enorme. Y él me veía a mí presionado, que Los Tres, que la gira, y las drogas y se urgía también, se preocupaba por mí”.

“La gente que hoy tiene setenta u ochenta años, sabe la calidad de artista que tiene mi papá, que cantaba todos los estilos, que interpretó tangos, boleros, canción política, que fue pionero al producir a Los Blops, pero yo también me sorprendo con eso y siento una tranquilidad de que yo puedo seguir haciendo mis cosas, practicando mi jazz. Solo me tengo que levantar más temprano, porque tengo que hacer cosas con su música que son muy interesantes y para eso tengo a gente cercana que es mayor, que lo conoció de cerca y que me van a ayudar a hacer un filtro grande. Y por otro lado, ya pasó el dolor espantoso, entonces puedo escuchar las cancione que le hizo a mis hijas y no lloro. Lo veo con más distancia. Siento que son muchas las enseñanzas de mi taita, son muchas”.

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Cuando muere un padre o un abuelo, es muy común que el dolor le gane al deseo de tener vivos los recuerdos. El simple hecho de entrar a una habitación puede convertirse en un trabajo muy pesado. Pero con el tiempo, es posible -y a veces se convierte en una necesidad- volver a tomar álbumes de fotos, escuchar canciones, reconstruir una historia. Es muy humano hacerlo y, en este caso, Ángel no solo tiene su memoria, familiares con los que hablar para mantener vivas historias o fotografías. Acá hay discografías completas y discursos y recuerdos construidos en lenguajes diferentes. Muchos recuerdos sin palabras.

“Al escuchar sus discos antiguos, los que hizo en Chacabuco y toda su discografía, ahora cuando la pongo en un vinilo en la casa, empiezo ‘esto es cuando mi papá estaba en…’, voy entendiendo en lo global por qué mi papá hizo estas cuestiones. ¿Por qué realmente tuvo que grabar todos esos oratorios para el pueblo? Porque sabía que el pueblo sufría y quería hacer algo que fuera pagano y que no estuviera ligado a la iglesia, que había otra fe y por otro lado el humor, todas esas cosas se han ido acentuando en mi manera de admirarlo. Yo creo que la gente estará feliz de lo que estoy haciendo, así como cuando hicimos lo de Violeta”.

“A diferencia de lo que pasó con Las Últimas Composiciones, que algunas las traté de grabar lo más parecidas a lo original y en otras hice algunas intervenciones, yo creo que las canciones de mi papá como que las tengo más asumidas dentro mío, porque las escuche desde que era niño, creo que hay una posibilidad de que tengan un enfoque radicalmente diferente a como él las cantó, pero también le quiero dar la oportunidad en eso a las personas que las interpreten y las canten. Quiero tener un feedback con mi hermana, pero tampoco es que quiera hacer un disco lounge de Ángel Parra, sino que quiero buscar esa estética que me permita tener un punto medio entre las dos cosas”.

“A mi papá le gustaban las cosas experimentales que yo hacía con su música. En el disco de Antología de la canción revolucionaria hay arreglos jazzeros, en el disco de Gabriela Mistral… ese es un disco que ahora me vuelve loco. Cuando lo grabé reconozco que hasta me dio lata grabar, porque a los papás uno los ve con un poco de lata, así como ‘pucha, ya me está llamando el viejo pa ensayar’, y bueno, es así. Es mejor asumirlo. Ahora veo la importancia de todo eso. Y algo muy lindo que me está pasando, es que no solo veo la influencia gigantesca que él deja en mí, sino que él también se fue influenciando. Cuando estaba estudiando jazz en Francia, él empezó a darle a sus canciones acordes menores con séptima, pero no me decía nada, ja, ja. Entonces, ahora escucho esas cuestiones y siempre que tocábamos el vals para el tío Roberto terminaba con un acorde que yo le enseñé. Ese acorde le encantaba, y es muy jazzístico, es como un misus4 que no tiene nada que ver con el tío Roberto y él lo ponía ahí. Era como su momento majestuoso, era muy lindo. Ahora me doy cuenta”.

“Hay un trabajo musicológico muy interesante que hacer con la obra de mi papá y esto lo dijo mucho antes que yo Juan Orrego Salas, que vive en Estados Unidos y que analizó los oratorios y todo. Yo creo que mi papá no lo sabía, pero su obra va a ser estudiada durante largos años”.

En la portada de Travesuras Vol.1 aparece un niño en bicicleta y una mujer adulta. En blanco y negro. “En esa foto está mi mamá, cuando vivíamos en la calle Bustos, al llegar a Lyon. Yo estoy ahí andando en bicicleta, mi mamá está regando, fumando un pucho. El cigarro fue la que la mató un poco. Fue al año y medio después que llegamos de México, después de tres años de exilio y fueron años alegres pero horrendos también. Había un teléfono en la casa. De repente llamaba mi papá, no sabíamos nada de él, las llamadas eran carísimas. Yo tenía mucha melancolía, recuerdo. Mi hermana es como más fuerte. Esa era una casa donde se guardaron muchas cosas de gente que se arrancó de Chile y ahí habían vinilos, los escarbaba y fue la primera música que escuché, los discos de mi papá, el disco Al mundo-niño, le canto. Con esa cuestión me cortaba las venas. Escuchaba ‘Canción para Angélico’ y me ponía a llorar. Era más triste que la cresta”.

“Pero también era la etapa en la que estaba conociendo amigos de vuelta de México, salía a andar en bicicleta y teníamos con mi hermana un miniteatro. Era una época oscura, porque teníamos un seguimiento de parte de la CNI brutal. Había un auto que se estacionaba afuera de la casa todas las mañanas y cuando salíamos al colegio nos seguía hasta allá. Eso está comprobado, hay archivos. Mi hija está haciendo una investigación sobre los archivos de Colonia Dignidad y encontró artículos en alemán acerca de todos los movimientos de mi papá en Europa. Ahí uno se da cuenta del nivel de vigilancia y la lupa en la que estábamos en esa época”.

“En mi casa llegaba gente clandestina que debe haber hecho millones de cosas, deben haber sido extremistas, varios. Amigos de mi mamá que llegaban, y se hacían fiestas de toque de queda en las que se fumaba marihuana y a mí me daba mucha rabia. Me cargaba esa hueá. Y habían actores muy tiernos, como Pancho Reyes, Diego Ortiz de Zárate, la Frida Sharim, mi madrina. Eran unos encuentros culturales de gente maravillosa. Llegaba Enrique Lihn… eran años de que se hacían acciones de arte, recuerdo a Marcela Serrano, Lotty Rosenfeld, puros artistas bien potentes. La dictadura generaba esa potencia”.

30 septiembre, 2019

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