Cultura

Bosco Cayo y la tercera edad: “No están en el pasado, hay que situarlos en el presente”

28 agosto, 2019


Desde este jueves 29 de agosto en Matucana 100 se estará presentando La dama de Los Andes, obra escrita y dirigida por Bosco Cayo y ganadora de los Premios Literarios 2017, en la categoría de dramaturgia. Conversamos con él sobre este montaje, la memoria, el paso del tiempo y el machismo. 


Un mes después de subir al escenario de Matucana 100 Los despertares de Marín, una obra inspirada en la figura de Gladys Marín, una de las mujeres más trascendentales de la política chilena, Bosco Cayo se prepara para presentar La Dama de Los Andes. 

El trabajo de este actor, dramaturgo y psicólogo es uno de los más interesantes dentro del panorama del teatro chileno actual. Con obras como Leftraru, Silabario, El Dylan y Plan Vivienda (2015-2045) queda patente la importancia de Cayo a la hora de proponer una lectura actual y profundamente política. La Dama de los Andes, presentada en el 2016, no es una excepción.

Uno de los grandes motivos para construir los personajes que componen este trabajo fueron dos. “Primero, quería acercarme a la tercera edad. Yo sentía que en el teatro se ha trabajado poco, sentía que había pocos lugares de esos personajes y a mí también me parecía que era un lugar que no era tan cercano. Mis abuelos ya no están, me queda una sola abuela que está en el norte. Entonces, me interesaba hablar de la tercera edad, especialmente también por el tema de la jubilación y de las AFP, que desde hace algunos años ha empezado a tener más fuerza”, explica el director.

“También me parece que cuando se trabajan personajes de la tercera edad en el teatro tienen un sentido más nostálgico, del pasado, cuando también tienen un presente. Y eso fue un motor súper fuerte para hacer estos personajes”.

Frente a esa respuesta es imposible no dilucidar que aquel lugar que ocupan los ancianos en las ficciones, para Bosco, es también un reflejo del lugar en que la sociedad pone a la tercera edad. Se lo comento y está de acuerdo. “Sí, el teatro es un reflejo de la realidad, pero nosotros también como teatristas tenemos la obligación de reflexionar ante lo que vemos, ante la sociedad, la cultura y hacer el ejercicio contrario para que se provoquen otras cosas“.

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“Al hacer este ejercicio empezaron a aparecer por ejemplo, las Damas de Rojo, que también cubrían un espacio simbólico ante una sociedad más marcial y una tercera edad puesta en ese lugar me parecía atractivo para empezar a armar un conflicto. Que todos estos elementos motivadores se convirtieran en una ficción. Sobre cómo estos personajes que siempre están puestos desde la nostalgia o el pasado, ahora pudieran tener un presente, tuvieran una influencia y un conflicto concreto y de harto valor e importancia para nosotros, para la sociedad. No están en el pasado, hay que situarlos en el presente y dentro de eso, hay responsabilidad y una justicia que tiene que suceder o si no va a pasar el tiempo y vamos a quedarnos con ese vacío en la memoria“, asegura.

Su segundo motivo, que traspasa también a otras de sus escrituras, tiene que ver con la memoria. “Específicamente la memoria política y de derechos humanos que, junto con esta generación. Es una generación que con el paso del tiempo va falleciendo y con ellos mucha información en torno a la realidad de los derechos humanos que se vivió en dictadura, a los abusos de poder y violencia que hubo. Cuando va muriendo esta generación, lamentablemente se va perdiendo toda esa memoria”.

El montaje de esta obra se centra en el diagnóstico de alzheimer que recibe una mujer de más de setenta años, la presidenta del voluntariado Damas de Rojo de un hospital de Los Andes. A raíz de esto será recluida en su casa y sus compañeras de voluntariado se coordinarán para cuidarla, y además, intentar esclarecer un pasado que se presenta convenientemente confuso.

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La Corporación Voluntarias de Hospital Damas de Rojo fue fundada en octubre de 1962. Su función desde el inicio fue brindar ayuda a los enfermos hospitalizados, pero también ayudan en servicios de información, a las familias, visitan salas de maternidad, entregan materiales según la necesidad de los pacientes e incluso se encargan de la celebración de fiestas importantes, como el día de la madre, del niño y la navidad. Actualmente, existen 4 mil 500 voluntarias a lo largo de 81 filiales, en todo el país.

Para Bosco, las Damas de Rojo son también un poco parte de su historia, por lo tanto, al introducirse en la historia que estaba creando, aparecieron. “Mi mamá es hospitalaria, entonces, para mí siempre fue una visualidad. Las Damas de Rojo tienen eso, una visualidad que era bien provocadora en un ambiente hospitalario y también en la sociedad. Uno va por la calle y las ve, es algo muy chileno también. Creo que, si no me equivoco, en Argentina y en España son los únicos lugares donde existen concretamente Damas de Rojo”.

Debido al machismo estructural, históricamente se ha visto el voluntariado de las mujeres, como las Damas de Rojo, como funciones o acciones menores. Otro ejemplo son los Centros de Madres, utilizados en las conversaciones coloquiales como sinónimo de agruparse a conversar asuntos sin importancia. Cahuines.

“Hay una metáfora en torno a una institución que tuvo un rol importante y que desde una mirada machista quedó como un grupo alternativo o paralelo a las funciones del hospital, frente al médico que tenía un rol hasta la vejez y que la mujer que había sido hospitalaria, tenía que pasar a esta otra institución que además de ayuda con otras actividades distintas. Pero en las Damas de Rojo también veía a una institución que se está desvaneciendo, se está perdiendo en la memoria. Me parecía atractiva esa idea de que estas mujeres que dan la vida en estas actividades, para la sociedad está desapareciendo”.

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