Cultura

Caetano, Moreno, Zeca y Tom Veloso: La noche en que Caetano también fue nuestra familia

Por Carlos Montes

Cualquier experiencia para que sea significativa, para que se quede enquistada en el alma de quien sea, debe estar conectada con alguna emoción, es ese el componente que perpetúa una buena clase, una obra de teatro o un concierto, por eso, lo que sucedió anoche en el Teatro Coliseo en la presentación de Caetano Veloso junto a sus hijos Tom, Zeca y Moreno, permanecerá imborrable en todas las personas que estuvimos ahí.

Porque hay algo en este formato íntimo presentado por los Veloso que lo hace encantador en su dimensión íntima, en su pulso cálido y sin apuros, muy similar a la presentación que tuvieron en la última edición de Lollapalooza pero esta vez, en un teatro Coliseo acondicionado para que el viaje de canciones no tenga interrupciones y lo vivas así como cuando tomas once con tu familia un día cualquiera, seguro, contento.

Una escenografía que sugiere una postal de colores anaranjados y azulinos coronada por un sol a veces y una luna otras tanto, iban sucediendo a medida que avanzaron las casi 30 canciones interpretadas en la presentación. Caetano, Moreno, Zeca y Tom Veloso, sentados uno al lado del otro, performaban su concierto siempre con gracia, siempre cómplices entre ellos ofreciendo la experiencia de un show que no tiene nada de impostado.

La noche arranca con la triada ‘Baby’ -popularizada por Gal Costa-, ‘O seu amor’-de Gilberto Gil- y ‘Boas vindas’, esta última compuesta por el padre de familia para cuando nace Zeca y así cómo este regalo de nacimiento, Caetano a lo largo de la noche nos presenta muchos relatos que dan cuenta de los orígenes y las razones de muchas de sus canciones, así como cuando tu mamá o tu papá te cuentan alguna historia sabrosa que no conocías.

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La paleta de sentimientos avanza entre canción y canción. ‘Ofertório’, el sentido tema que hizo a su mamá cuando cumplió 90 años y que ahora se lo dedica a la religiosidad de sus hijos; ‘Alguém cantando’, como una especie de homenaje hondo a reencontrarse en el acto sublime de cantar; la ternura de ‘Um passo a frente’, como el esperanzador cuadro de una escena del Brasil más doméstico, el de samba en un día de lluvia y un viaje por una calle sin violencia o dejando correr las lágrimas con las simpleza de ‘O leãozinho’, una canción llena de alegría pensada para todas y todos ‘los pequeños leones’.

Ya caminando hacia el final, la versión clara de ‘Volver a los 17’ de Violeta Parra o ‘A luz de Tieta’, con un teatro cantando fuerte, sellaban una noche impecable, llena de nostalgia, de energías compartidas, de historias sencillas, de bailes improvisados, de profunda admiración, así como si todos esa noche fuéramos un poco hijos de Caetano y celebráramos con él, el amor por la vida y por la música.

27 septiembre, 2019

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