Cine

Chao Pato: Reflexiones tras el recorte de fondos de BancoEstado al cine chileno

11 julio, 2019


De un tiempo a esta parte, el público nacional está acostumbrado a que lo primero que enfrente al ver una película chilena sea la imagen corporativa de BancoEstado, en los primeros años la figura de su casa central de Alameda y posteriormente, un sonriente y adorable pato. La marca de esta institución bancaria logró instalarse fuertemente en las audiencias y ser asociada de inmediato con la industria cinematográfica local, sin embargo, esa conexión acabaría con el anuncio de BancoEstado de suspender el Programa de Apoyo al Cine Chileno que en 2019 cumple 15 años de existencia, apoyando desde su creación a más de 100 películas nacionales.

200 millones de pesos eran los fondos entregados por este programa y destinados al momento cúlmine del proceso que comprende un proyecto cinematográfico: su difusión y distribución. Este financiamiento contemplaba tanto al cine de industria y de vocación comercial como a las películas independientes, por eso es que el anuncio de su eliminación provocó una fuerte sacudida en los actores, productores y cineastas nacionales.

El mapa fílmico sin BancoEstado

La puesta en marcha de una película se puede agrupar en cinco grandes momentos: El desarrollo, es decir, la escritura del guión basada en una idea original o no; la preproducción, que se entiende como la preparación de la película ya escrita; la producción, referida principalmente al rodaje; la postproducción, momento que contempla el montaje y la manipulación del material audiovisual obtenido y finalmente, la distribución y comercialización. En nuestro país, una película de mediana envergadura tiene un costo aproximado de 500 mil dólares (unos 340 millones de pesos) considerando solo las primeras cuatro partes de este proceso, de este hecho nace toda la preocupación por parte de las y los trabajadores de la industria del cine nacional que ven en estos fondos una ayuda necesaria para la distribución de sus obras.

Dentro de las explicaciones dadas por el banco para eliminar estos recursos están, primero, la implementación de una política de austeridad en el manejo de sus gastos e inversiones y  por otro lado, creer que existe una feble relación entre este programa con el giro de ellos como empresa pública.

La reconocida cineasta, Dominga Sotomayor señala que a pesar de ser una tristeza esta decisión que produjo un cataclismo en la industria audiovisual, este momento hace reflexionar a toda la industria cinematográfica para dar cuenta de que no es solo lo del BancoEstado, que hay que mirar más allá y entender que “el Estado está dándole un poco la espalda al cine chileno” y se debe a que la cultura tiene un “valor incalculable, no se puede poner en una tabla Excel y por lo tanto no se puede rendir. Entonces no vale para Chile. Me parece inculto seguir sacándole plata a la cultura”, concluyó.

Isabel Orellana, fundadora de Araucaria Cine y Vicepresidenta de la Asociación de Productores Independientes (API Chile) manifestó que la decisión de BancoEstado, corresponde a una decisión política de parte de la agencia de marketing del banco. “Finalmente el monto que ellos estaban financiando dentro del cine chileno era muy bajo y la verdad es que ni siquiera costeamos solo un largometraje con eso, entonces era más bien un premio que aportaba en la distribución o a veces en la finalización de las películas chilenas y ellos a cambio de este pequeño aporte que hacían recibían un gran beneficio de marketing que era aparecer como presentador oficial de las películas”.

Orellana relata que el logo de la institución tenía que aparecer en el centro del afiche, que eran muy estrictos con respecto a que BancoEstado apareciera primero en los créditos, antes que las productoras que habían hecho la película, antes que los fondos audiovisuales que habían financiado, entonces quedaba para el público –que no sabía cuáles eran los porcentajes que aportaban- como que la mayoría del financiamiento de todas esas películas venía por parte de ellos, cosa que en realidad no era así. “Me parece que es muy curioso que dadas esas condiciones de haber estado como auspiciadores de la película ganadora de los Óscar, de cine que ha sido muy premiado en el extranjero y en Chile, ellos hayan querido quitar ese apoyo”.

Raúl Camargo, director del Festival Internacional de Cine de Valdivia, dijo que la situación del BancoEstado con el cine chileno abre una perspectiva bien interesante con respecto a la necesidad de la industria audiovisual de juntarse más. Camargo explica que el llamado que se hizo fue efectivamente ante la eliminación de un fondo tradicional que se entregaba desde Machuca y que fue variando en ese tiempo hasta ser un concurso abierto muy interesante porque abría una línea para premiar tanto películas masivas con carácter comercial como otras de un cine más independiente. “En un principio era un fondo más pequeño en los montos pero que apoyaba películas mucho más arriesgadas, entonces ese apoyo en esta etapa tan compleja que es la difusión de la película, era fundamental”. Ahora bien, Camargo señala que es un apoyo que tampoco se condice con la imagen que BancoEstado tiene en las propias películas y que ellos aparecían como ‘presentadores del cine chileno’ siendo que este es un fondo mucho menor a lo que entregan otros financistas como el Estado de Chile a través del Fondo Audiovisual u otros.

El director chileno Carlos Leiva, sostuvo que esa ayuda del BancoEstado si bien no era tan grandiosa, “sí servía para una fase en donde generalmente las películas chiquititas se quedan sin plata y que es la distribución. Entonces que esa plata desaparezca y no haya ningún otro fondo comparativamente ni del gobierno ni de otra institución nos deja con un pie cojo”.

 

Dominga Sotomayor

 

Isabel Orellana junto a Álex Anwandter. Foto: Pablo Ocqueteau

 

El ‘momento’ del cine chileno y cómo se financia

Sobre el momento que vive el cine chileno, Dominga Sotomayor cree que “vivimos un tiempo expansivo lleno de jóvenes creativos. La gente de afuera ve a Chile como un país lleno de talento y al mismo tiempo los escasos recursos que existen para el cine chileno se cortan”. Lo positivo, recalca la directora de Tarde para morir joven, es darse cuenta que la gente de cine tiene que organizarse. “Es importante unirnos para apoyar el cine chileno. Tarde para morir joven es una película que se filmó en Chile pero no es una película chilena, que tuvo la espalda de Chile durante muchos años, fue una odisea financiarla, la postulamos tres años seguidos al fondo chileno y nunca se apoyó. Finalmente, cuando quería abandonar el proyecto apareció Rodrigo Teixeira, un productor brasilero que hizo una inversión privada. Entonces esa producción es más o menos 50% brasilera, 20% argentina, 10% holandesa y un 20% chilena. Esa es la realidad del cine nacional”.

Sotomayor recalca que las películas son cartas que se usan como imagen país. “El valor que tiene nuestra cultura este gobierno no lo está viendo. Y es clave la imagen país en el mundo y en el futuro, uno no sabe qué repercusión va a tener una película en el futuro. No es algo que se pueda medir con los 5 mil espectadores que tiene en Chile. Es un valor que es mucho más incuantificable”.

El momento crítico del cine, según Sotomayor se confirma en el abismo que existe entre una producción y el público que la consume, lo cual se ve reflejado en los fondos públicos que han apoyado la producción y no la distribución. En ese escenario, hace el llamado a hacerse cargo de conocer el tránsito de hacer llegar las películas a un público.  “Tenemos que hacernos cargo de qué va a pasar con esas películas después, cómo se van a vincular esas películas con una audiencia”.

Las películas que Isabel Orellana y su equipo han producido hasta ahora se han financiado a través del Fondo de Fomento Audiovisual en su línea de producción y también mediante financiamiento privado, “es una inversión propia de las productoras involucradas y actualmente ocurre que ha cambiado tanto el nivel de la industria que ya no alcanza”.  Orellana relata que además está involucrada en películas mucho más ambiciosas artísticamente y eso también significa que los presupuestos son tan altos que hoy en día se ven obligados a coproducir con otros países para poder concretar el financiamiento del cine”.

Como el fondo del BancoEstado era una ayuda a la distribución de largometrajes cuando las películas ya estaban terminadas, sea de ficción o documentales, Carlos Leiva desde su experiencia solo puede comentar sobre la producción de El primero de la familia, que es el largometraje que obtuvo ese fondo. “Nos ganamos ese fondo del BancoEstado y así distribuimos la película. No era tanta plata, pero sí nos ayudó en algo clave que era hacer los DCP que son las antiguas copias de cine que es lo que le entregas a los cines para que ellos puedan dar las películas, entonces, habrá que ver en la siguiente película que haga cómo sortear el tema de la distribución”.

Raúl Camargo

 

Carlos Leiva. Foto: Christian Nawrath Smith

 

Final abierto para el cine chileno

Sobre los desafíos para la industria cinematográfica local, Sotomayor se pregunta cómo se va a seguir haciendo cine chileno, considerando que la mayoría de los directores tienen más opciones de hacer películas en el extranjero. “Concretamente es mucho más fácil hacer una película en Corea o en Estados Unidos que en Chile y es triste porque tampoco creo que este país se quiera convertir en una especie de locación sin noción”. Lo que puede pasar, según la directora, es que gente de afuera venga a filmar perdiendo la voz que existe actualmente. “Queremos que se cuenten nuestras historias, que nuestros directores tengan una trayectoria y los lenguajes se vayan complejizando desde acá”.

La realizadora afirma tener un profundo amor por trabajar en Chile. “Me encanta contar las historias desde aquí y desde el mundo que conozco pero después de diez años en que cada película es una odisea, uno se cuestiona si no hay que abrirse y filmar en otra parte en donde valoren mucho tu trabajo y exista una confianza en que la cultura no se mide con espectadores locales”.

Sobre lo que trae el futuro después de esta decisión de BancoEstado, Isabel Orellana cree que algo muy positivo que pasó fue el ver al gremio fortalecido. “Nos unimos. Yo soy vicepresidenta de API, que en el fondo refleja a la gran mayoría de la producción audiovisual independiente en Chile y nos unimos junto a la ADOC, Asociación de Directores, a Chile Guionistas y a otros sindicatos mediante la Federación Audiovisual. Estamos trabajando juntos por primera vez en mucho tiempo para lograr que este financiamiento tenga el real impacto que debiese tener”.

Lo que se necesita, según Orellana, es voluntad política, un Ministerio de Cultura que ponga efectivamente el dinero en el cine. “Creo que es importante que a partir de la carta que hicimos como realizadores, pudimos contar con el apoyo del Senado que va a ayudarnos en defender las partidas presupuestarias para el año 2020 y así poder aumentar este presupuesto. Creo que es una respuesta positiva que se logró gracias a la unión de la industria audiovisual”.

Raúl Camargo cree que se debe aprovechar esta oportunidad debido a que “el cine chileno le entrega más a BancoEstado que BancoEstado al cine chileno y esta es una oportunidad histórica para que la institución pueda equiparar aquello. Además, el director de FICValdivia  piensa que esta es un posibilidad para que “el cine chileno pueda conjuntarse de una manera mucho más asociativa e ir más allá de esta contingencia, logrando que las películas estén presentes más tiempo en las salas, pensando en generar una cartelera alternativa a las salas comerciales, pensando en involucrarse más en los procesos educativos, es decir, viendo esto como una oportunidad histórica que está ahí, latiendo y en esa latencia justamente involucrarnos más en las políticas públicas y en la propia sociedad chilena”.

Para Carlos Leiva el principal desafío de la industria cinematográfica y de los gobiernos que van a venir en Chile es que consideren al cine como una posible industria y eso implica no solamente aumentar los fondos de cultura sino que también crear políticas que incentiven a que las empresas quieran participar en los presupuestos de las películas.

El cineasta recalcó en la necesidad de mirar cuando los proyectos están en desarrollo o cómo ayudar a que los proyectos se lleven a cabo. “A mí como cineasta y como docente de cine me preocupa el tema de la gran proliferación de escuelas de cine y de gente estudiando cine, sin la conciencia de que no existe un mercado laboral para tanto cabro estudiando este oficio. Siempre está la ilusión de hacer una película que en realidad termina siendo una pura ilusión, porque hacerlas es muy caro.  A diario aumentan los estudiantes de cine que luego se transforman en cineastas titulados y que al igual que los que llevamos más años en esto, contarán con el Fondart. Al final, las platas siguen siendo las mismas repartidas en un universo cada vez más alto de postulantes. En el fondo es un problema mucho más macro que hay que intervenir con una ley del cine que considere todos los factores”.

11 julio, 2019

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