Cultura

Chile celebra el Día del Teatro y tres de sus protagonistas comentan sobre nuestra escena

9 mayo, 2019


Cada 11 de mayo desde el 2007 hasta ahora, nuestro país celebrado el Día Nacional del Teatro, ocasión en que el universo de las artes escénicas locales se festeja usando esta fecha debido al natalicio del influyente actor y director teatral, Andrés Pérez Araya.

Nombres como Armando Moock o Antonio Acevedo Hernández, experiencias como el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, Teatro de Ensayo de la Universidad Católica o el Teatro de la Universidad de Concepción, son ejemplos de iniciativas germinales que permitieron en gran medida el desarrollo de esta disciplina como la conocemos actualmente en el país.

Y precisamente para celebrar un nuevo año de teatro en Chile, este sábado se desarrollará un gran pasacalle que se inicia en la explanada de la Plaza Italia (frontis del Teatro de la Universidad de Chile) la cual estará bajo la dirección de Martín Erazo, director artístico de la compañía La Patogallina, quien guiará a todas las comparsas desde el inicio del recorrido hasta el Parque Almagro.

El acto de cierre será a las 18:30 horas en donde se presentará un extracto de la obra “Árbol” dirigida por el bailarín y actor, Álvaro Pizarro.

El teatro chileno a tres voces

Aprovechando la celebración que hacemos de la escena teatral nacida y desarrollada desde este territorio, quisimos hacerle algunas preguntas a quienes protagonizan desde la actuación, la dirección o la dramaturgia, y les planteamos las siguientes interrogantes:

  1. ¿Qué opinas o cómo evalúas la escena teatral nacional en la actualidad?
  2. A propósito de la celebración del Día Nacional del Teatro, ¿cuál o cuáles son los montajes chilenos favoritos o los que recuerdas con más cariño?
  3. ¿Qué sueñas para un mejor desarrollo del teatro hecho en Chile?

Pamela Alarcón es actriz egresada de la Universidad de Chile, además de cantante, locutora y productora teatral que ha tenido unas ajetreadas últimas semanas por la celebración de los 15 años de la compañía Lafamiliateatro, con conversatorios, ensayos abiertos y la presentación de dos de sus premiados montajes, «Niña Astronauta» y «Painecur».

1. Creo que vivimos un momento en que se ha regresado a la idea de ser compañía. De encontrarnos con otras personas, artistas, creadores que estén en misma sintonía con aquello que a uno lo pulsa. El teatro es un espacio muy vertiginoso, donde la estabilidad económica nunca es una certeza, y por eso creo firmemente en que hay una fuerza superior que hace que uno siga eligiendo el teatro como forma de vida. Y es muy bonito observar esa necesidad de proyectarse con un otro para crear una obra y también para profundizar en temáticas, investigar formas, equivocarse, pensar colectivamente por ejemplo, en cómo poder mantener vivo un montaje y hacerlo circular. Creo en el camino colectivo. Creo en la asociatividad como una forma de resistir. Y para mí ser compañía hoy es una forma de resistencia, de dar la pelea a un mundo súper desechable.

2. Hay dos experiencias que siento me marcaron profundamente. Una fue “La consagración de la pobreza” (1995) obra que vi cuando tenía como 13 años en un anfiteatro cerca de la calle Grecia, sin haber visto nunca antes una obra en mi vida. Fui porque me llevó mi hermana que es un poco mayor que yo y tenía que verla para el colegio. Y si bien no recuerdo mucho de qué trataba tengo imágenes en mi cabeza, sonidos, un teatro lleno, al aire libre, con un intermedio de 30 minutos donde uno veía cómo los actores se cambiaban de ropa, se maquillaban y preparaban la segunda parte, mientras la gente compraba una sopaipilla en un carrito y se tomaba un té. Era una fiesta. Y esa sensación se me grabó, algo se despertó adentro mío, y yo dije: “esto soy, esto quiero”. Ya estando en la Universidad caí en cuenta que eso que yo había visto era una obra dirigida por Andrés Pérez junto al Gran Circo Teatro, y todo me hizo sentido. Él ya estaba en otro plano de existencia y yo sólo pude agradecer. El teatro puede abrirte una posibilidad distinta de observar el mundo.

La otra obra que guardo con especial cariño es “La tercera obra” (2005) de Teatro La María, creo que la vi 3 veces por lo menos cuando se estrenó en el teatro de la Universidad Mayor, quedé impactada con las imágenes, las actuaciones, las decisiones estéticas, el riesgo. Me removía profundamente. Alexis Moreno y Alexandra Von Hummel, directores de la obra, fueron profesores míos en la Universidad, de hecho cuando Alexis me hacía se encontraban en el proceso de creación de esta obra, quizás por eso también le guardo especial cariño porque siento que era una oportunidad de ver en un montaje profesional mucho de lo que nos quería transmitir en las clases. Yo los admiro mucho como creadores y los considero muy importantes en mi formación.

 

3. Yo sueño con la dignidad de poder ser artistas que nos dediquemos al arte sin tener una vida tan vulnerable y tan vulnerada. Creo que los artistas somos como un limbo, no cabemos en una sociedad que se mueve únicamente por el dinero, por medir cuánta es la audiencia estimada para ver tu obra y ser analizados con cifras y números para acceder a un concurso que nos hace competir eternamente por una posibilidad de tener unos meses con sueldo para poder crear tranquilos.

Sueño que podamos pasar más horas creando y menos horas postulando a proyectos, eso nos hace daño como gremio, nos quita la energía, nos apaga. Nos separa tener que competir por fondos, por premios, por festivales, por salas para poder mostrar, por el público que asiste.

Sueño con que existan políticas culturales que entiendan que el arte es la identidad de un país, que eso tiene un valor enorme para una sociedad, que debiera ser un derecho tener acceso continuo y permanente a espacios donde se alimente el alma de las personas.

Bosco Cayo es actor y dramaturgo de la Universidad Católica. Además, es psicólogo de la Universidad de La Serena. Dentro de su prolífica carrera destacan grandes obras como “El Dylan”, “Leftrarú”, “Plan vivienda” y “La Dama de los Andes”.

1. Para mí el teatro chileno es un teatro que siempre está como en una emergencia, en una urgencia y eso le da una particularidad muy exquisita que disfruto mucho. Pareciera ser un teatro que está instalado harto en la pregunta, así lo veo hoy día. No tanto en las respuestas sino que en más preguntas sobre los temas y eso me parece maravilloso.

Creo que se diferencia de una mirada mercantilista y eso también me agrada mucho y de ahí también un sello súper potente en torno a la experimentación y a la investigación. Creo que ahí hay un sello que me gusta mucho y lo puedo ver en muchas de las obras y también en cada una de las unidades que la componen, la dramaturgia, la dirección, la actuación, siempre están en esa pregunta, investigando y eso realmente me gusta.

2. Obras que me han marcado, podría nombrar “Mano de Obra” de Teatro La Memoria. Personalmente una obra a la que quiero mucho, fue un hito también desde una mirada muy de región venir y ver un teatro con esa fuerza, fue muy motivador.

Y también una que es un poquito más antigua es “Gemelos” de La Troppa, también fue una obra que la guardo con mucho cariño, me provoca mucha nostalgia, me remonta a muchas cosas personales, también a esas ganas de hacer teatro y de verlo en todo su esplendor en una compañía y todo su compromiso, recuerdo me llamó mucho la atención en ese entonces.

También quiero nombrar todo el trabajo de Juan Radrigán. Fue un motor muy importante para escribir y para hacer teatro. No quiero nombrar una obra en específico pero creo que todas sus obras son importantes de mencionar.

 

3. Deseo que el teatro apunte más a procesos colectivos, a la idea de colaboración entre los artistas. Creo que eso arma una comunidad, una contra comunidad a este sistema y le da más posibilidades en muchos ámbitos. Hay que salirse de los patrones que conocemos constantemente, lo digo en particular en el tema de los recursos, y encontrar nuevas formas de trabajo, por eso la idea de la colaboración es algo que le deseo al teatro.

También sueño con mejores condiciones laborales para los artistas, para los técnicos y como decía anteriormente, nuevas formas de financiamiento, nuevas políticas culturales y artísticas que nos alejen un poco del Fondart. Y en ese mismo punto deseo que la creatividad de las posibilidades de trabajo en el teatro que nunca se coarten, que nunca se censuren, en pos de obtener esos recursos económicos.

Eduardo Luna es actor, director y dramaturgo. Inicia su carrera como actor en la controversial obra PRAT de Manuela Infante para luego fundar la compañía Lafamiliateatro donde ha escrito y dirigido reconocidos montajes como los mencionados «Niña Astronauta» y «Painecur» en 15 años de fértil trayectoria. Además, Luna es uno de los fundadores del Festival Internacional Santiago Off.

1. Pienso que no es un tema que tenga solo una cara de la moneda, no es posible hablar solo de un estado del teatro en Chile. Por un lado hay un estado de sanidad, en el sentido de que ha habido un proceso de profesionalización de los modos de producción teatral que le ha permitido a una serie de compañías contar con un nivel altísimo en términos creativos y eso ha dado pie a procesos de internacionalización importantes para varias de ellas.

Creo que se ha agudizado mucho más esa idea de que también el teatro chileno es eminentemente político, está súper despierto en relación a su contexto y eso es lo que precisamente en mercados internacionales se ha valorado sobre nuestro teatro. Por eso es muy importante para varios festivales en el mundo programar teatro chileno.

En términos de formación de audiencias se ha hecho mucho trabajo, tanto en los territorios como en la red de salas de teatro que, por ejemplo, tiene Santiago hoy día, ahí hay un trabajo muy fuerte que ha permitido mucho más acceso y orientación para los públicos.

Y en términos territoriales, contamos hoy día con centros culturales con infraestructura nueva, con una profesionalización de sus gestores. No es lo mismo encontrarse con el director de un centro cultural hoy que hace 10 años atrás. En ese tiempo habían personajes que provenían de deudas políticas y hoy nos encontramos con gente muy capacitada, con equipos muy capacitados, técnicos, lo que me parece maravilloso.

 

2. La primera es “La cicatriz”, interpretada por Arnaldo Berríos, por el año 97, esa fue la primera obra teatral que vi. Yo me crié en el sur, sin acceso al teatro, así que recién con 15 años vi esta obra y me enamoré de este oficio muy desde la intuición. Y enamorado completamente de la interpretación de Berríos, conmovedora y que trata sobre la culpa.

Y la otra obra es “Los que van quedando en el camino” de Isidora Aguirre, la que me parece una obra paradigmática para el teatro chileno. Es una de las obras más importantes de Aguirre y que incluso debería haberse celebrado este centenario y quizá no “La Pérgola de las Flores”, porque ella misma alguna vez manifestó que esta última no era de las que más quería. En “Los que van quedando en el camino”, se habla de la lucha colectiva, de los procesos históricos de nuestra memoria que nos permiten pensarnos incluso hoy en día. Además en términos estructurales, es una obra que toma mucho de Bertolt Brecht, toma del teatro épico elementos para constituir un lenguaje muy chileno y particular.

 

3. Espero que como artistas sigamos creyendo en la fuerza del colectivo y que las compañías teatrales cada vez vayan sustentándose más en el tiempo, logrando generar metodologías de trabajo que les permitan sostenerse y proyectarse en el tiempo, para construir esa identidad del teatro chileno que tanto necesitamos fortalecer. Probablemente hoy exista pero es importante fortalecerla.

Consciente de la alta profesionalización de nuestro teatro, creo que hay que hacer una profunda reforma en la política pública que tiene que ver con la circulación, con la internacionalización del mismo. Hace algunos años se luchó tanto por generar una vitrina, una visibilización del teatro chileno y en tiempos en donde muchos mercados están seducidos por este trabajo, creo que no existen los instrumentos que den abasto a todas esas invitaciones que reciben diversas compañías.

Creo que las compañías que están formando la imagen país fuera de Chile, deben ser apoyadas de otra manera. La concursabilidad es un instrumento que debe existir, sin embargo no puede ser el único existente para dar cuenta del teatro chileno en otros territorios y mercados.

 

9 mayo, 2019

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