Cine

Dolor y Gloria: El laberinto de Almodóvar

1 julio, 2019


Por Paul Bazo

Cuando en 2013 Pedro Almodóvar estrena Los Amantes Pasajeros, hay una cierta sensación de que sus ideas están agotadas. Recibe las peores críticas de su carrera (o, al menos, desde Kika) y la taquilla flojea para ser su esperado regreso a la comedia pura, la primera en treinta años. Pero eso no es lo peor. Con una clara intención de retomar una senda de provocación, de ligereza, del paraíso perdido de la juventud, el resultado era una largo chiste (a pesar de sus escasos noventa minutos), que no tenía demasiada gracia. La película fue un fracaso de su director y un triunfo de sus detractores, numerosos, sobre todo en España. No había nada en ella que permitiese ser optimista porque no se trataba de una película fallida, sino de una película de alguien que ya no tenía nada que contar y, por eso, hacía una involuntaria parodia de sí mismo, mezclada por una lectura política de trazo tan grueso que hace parecer a Matías del Río un fino analista de la actualidad.

Por supuesto, esa lectura era injusta. Desde que en 1999 -con Todo Sobre mi Madre- tuviese un segundo advenimiento internacional (el primero fue con Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios), su nombre no sólo se había convertido en central en la cinefilia internacional, sino en el autor (en el sentido cahierista) de películas del mercado internacional (o sea, que no rodaba en inglés) más conocido y taquillero del planeta. Con esa película, Volver, La Mala Educación o Hable con Ella, con la que gana un inesperado Oscar al mejor guión, además de ser candidato al mismo premio en la categoría de dirección. Una rareza hoy, pero aún más hace quince años.

Tras eso vinieron una películas quizá mal entendidas. La embriagadora Los Abrazos Rotos y su paseo por el amor cinéfilo a la ciencia ficción más arty de La Piel que Habito. Ambas pasaron sin causar grandes pasiones, aunque el tiempo ha dado a la segunda un estatus de culto merecido. Tras ellas el tropiezo de Los Amantes Pasajeros, llega Julieta.

Julieta se estrena justo en medio de la polémica por la aparición del nombre de los hermanos Almodóvar en los papeles de Panamá por una sociedad inactiva a principios de los años 90. Era la situación perfecta para la prensa de derecha que odia a director por sus posicionamientos políticos, para atacar a la persona y no a la obra. Almodóvar decide cortar la promoción de la película, en la que es un maestro, y se convierte en una de sus películas menos vistas, menos comentadas, más invisibles. Una pena contando con que es una de sus obras maestras. Pero esa película y ese periodo se convertirán en esenciales para su siguiente paso.

Lee también  Joe Vasconcellos: “Rock in Río es una empresa inmobiliaria”

Julieta es áspera, sin apenas atisbos de su humor característico, llena de mujeres que sufren por amor, pero más aún por la pérdida. Un estudio de la maternidad, de la ausencia, de la incapacidad para comunicarse, muchas veces, con los más cercanos. Adaptando tres relatos de Alice Munro, era un regreso por todo lo alto al universo netamente femenino, el que más alegrías le han proporcionado al manchego. Julieta es imprescindible para entender Dolor y Gloria. El despojamiento formal de la primera se profundiza en su última película. No es nueva tampoco esta sequedad y concisión, ya presente en una de sus obras cumbres (quizá su obra cubre) como es Hable con Ella. Pero aquí es aún más contenido en lo formal. A pesar de ser un cineasta exuberante, con una capacidad para crear imágenes icónicas, poderosas, que compiten en belleza con la de los clásicos, en Dolor y Gloria, aunque llena de esos planos que cortan la respiración, lo apuesta todo a lo sutil, a los gestos (la delicadeza de Antonio Banderas, premiado en Cannes por su interpretación, es una clase magistral de cómo representar el dolor de la forma opuesta a esas maneras exageradas y lloricas que encantan en los Oscar).

La película tiene mucho más dolor que gloria, claro. De hecho la gloria está sólo en el pasado, en el presente sólo hay dolor. Y no sólo el físico, evidente, sino el que, inevitablemente produce el paso del tiempo, el pasado. Encuentros y desencuentros a tiempo real o en la memoria. Porque la película habla, esencialmente, del pasado. Voluntariamente fragmentaria, como lo son los recuerdos, salta mediante flash-backs al presente en el que se acumula el dolor, para recomponer un puzzle que mezcla la infancia y la juventud, los primeros deseos con los reproches del final de la vida a cargo de una sobresaliente Julieta Serrano, actriz tan ligada al imaginario almodovariano, encarnando la madre en la vejez, personaje que una maravillosa, otra vez, Penélope Cruz, representa en la juventud.

Lee también  Chaika cierra el ciclo Teatro HOY este fin de semana en Teatro Finis Terrae

Almodóvar ha usado mucho el término autoficción para hablar de la película. Llena de detalles reconocibles de su vida a través de su obra o de sus escritos y entrevistas, pero mezclados con pura imaginación. Por ello el momento final adquiere esa fuerza, esa relevancia emocional tan pura y poderosa, porque nos revela los mecanismos de la propia narración, de lo que acabamos de ver. En los que palpamos esa verdad, son los que más íntimamente nos tocan. Todo lo relacionado con la infancia lo demuestra, con esas mujeres lavando en el río, en el que casi se puede oler la lavanda y sentir la brisa que abomba las sábanas tendidas al sol. O el descubrimiento infantil e inesperado del deseo, mientras Mina suena en la radio. Que precisamente, esos momentos, sean los que contengan más verdad, dada la naturaleza del relato, muestra con fuerza la maestría invisible que ha alcanzado Almodóvar a la hora de vertebrar sus relatos.

La película nace de un periodo de oscuridad en la que el propio Almodóvar pensó en dejar el cine, en que no tenía nada más que contar. La incapacidad de superar la muerte de su madre, presente en la película, era una de esas razones. También por sus problemas físicos de los que la cinta da buena cuenta. Por suerte para él, para todos, todo eso parece haber quedado atrás y ha comentado varios proyectos que quiere acometer de inmediato. El tiempo pondrá en su lugar a esta inmensa película. Probablemente uno de sus mejores trabajos. O el mejor.

1 julio, 2019

Más actualidad

Entrevistas

Macarena, la mujer con baja percepción visual que recorre las marchas con agua de laurel

28 noviembre, 2019

Entrevistas

El mundo de la cultura reflexiona sobre el Acuerdo por la paz social y la nueva Constitución 

26 noviembre, 2019

Entrevistas

“Somos un gran Caballo de Troya”: Testimonios desde la primera línea a un mes de las movilizaciones en Chile

19 noviembre, 2019

RECOMENDADOS

Palito Ortega recomienda: El Ángel

RECOMENDADOS

Hernán Rivera Letelier recomienda: Adán Buenosayres

RECOMENDADOS

Alex Anwandter recomienda: Clube da Esquina