Cultura

Mauricio Redolés: «con gente como Kast, quién nos asegura que no haya otro golpe fascista en diez años más»

11 junio, 2019


Hablar con Mauricio Redolés es una aventura a sumergirse en el anecdotario de la cultura pop, al embrujo de los datos perdidos y un poco a la ruta imprecisa y fabulosa que trae la dispersión junto al comentario sesudo.

Nos conversamos un té frente a la plaza Brasil muy cerca de su querida calle Cueto, a propósito de su presentación de julio en el Teatro Nescafé de las Artes, sin embargo Redolés nos habló con relajo de muchas otras cosas: las crisis generacionales, los Beatles y su legado para el mundo, cómo hacer la resistencia en tiempos de discursos de odio, las viejas glorias de la música, y mucho más.

¿Cómo sientes la conexión con las personas, quizás de estas nuevas generaciones, que hoy se encuentran con un concierto tuyo?

El fin de semana estuve en un bar de La Serena, la verdad es que el bar se llenó en un 90% de gente que tenía alguna relación con mi trayectoria personal, o sea todos me hablaban cosas tipo: «con este conocí a mi mujer!, así que sí, había un vínculo y los que no tenían un vínculo llegaban porque alguien los había llevado. Existe la idea de consistencia y se escucha “oye qué bueno hueón” o “me gustó esto”. Todo eso es como un deambular acompañando y acompañado, sea cual sea la generación.

 

¿Cómo pasó eso de establecer en tu trabajo estas cruzas entre la academia y la cuneta? ¿Cuándo sucedió? ¿Viste referentes como Nicanor Parra, por ejemplo?

Cuando me dices eso de Nicanor Parra, cuando hablé de los viejos culiaos en el canal 4, en La Red, él me llamó muy escandalizado porque un periodista le había dicho que yo lo había tratado a él de viejo culiao. Me llamó y nos juntamos, en aquella época era muy difícil conseguir las grabaciones, no como ahora en que tú prendes un celular y ves el programa. En el relato de lo que había ocurrido él se reía mucho y me dijo “el error estuvo en que usted don Mauricio -porque yo le decía don Nicanor- fue que debió haberse puesto anteojudo, es decir, académico, entonces tendría que haber dicho, ‘tal como dice Heiderberg o Chomsky’, y ahí los deja locos”, porque hacía una relación entre la cuneta y la academia, pero lo mío en general ha sido un poco el deambular naturalmente en la calle y también en la academia, porque estudié en la universidad, después estudié en Londres, tengo amigos que son de esa onda, académicos. Pero yo no pertenezco a ese mundo, definitivamente.

 

¿Cómo es tu conexión con los “nuevos pensadores”?

Leí una entrevista a un teórico alemán que me pareció muy interesante, porque él hablaba de la diferencia de lo que ocurría en los años sesenta. Decía que en esos tiempos se podía hablar de un ellos y un nosotros, por ejemplo en “Para leer el Pato Donald” de Ariel Dorfman, que era pensado como el cómic del enemigo. Sin embargo, hoy todos esos contenidos han sido asimilados de tal modo que no hacemos un juicio de valor con lo que leemos sino que sencillamente lo digerimos, pero no porque haya un comité de gente mala que diga “cómo lo vamos a hacer ahora para engañar a la gente”. Sino que ahora de manera natural la calle se ha ido metiendo en los medios y los medios la han devuelto con su contenido ideológico.

 

¿Cómo se hace la resistencia frente a esa pasteurización y cómo ves el futuro bajo estos ejercicios mediáticos?

Una forma de mirar el futuro es que no estamos a salvo de lo que ocurrió y con gente como Kast, quién nos asegura que no haya otro golpe fascista en diez años más, otro Pinochet. Hay que mirarlo así: ¿qué va a pasar con los líderes con tatuajes? Los van a pillar altiro. Entonces el tatuaje no es considerado por los jóvenes como un peligro para su identidad en tiempos de represión. El lenguaje del tatuaje, que es una moda, no se lee políticamente a futuro y eso refleja lo lejano que estamos de ver las cosas de la misma forma.

 

¿Crees que hay elementos de estas características que se van repitiendo en el tiempo?

Hoy existe una especie de exarcerbación de lo que se llama los millennials, como que son todos inocentes, son ángeles y tienen la razón de todo. Estas son cosas que se repiten en el tiempo. El hippismo se dio en un momento como lo que son los millennials hoy, entonces se van repitiendo los patrones de las generaciones jóvenes como una amenaza, como un despropósito en las generaciones más viejas, en la música. En mi época los jóvenes odiaban el tango, les gustaba el rock, ahora odian el rock y les gusta la música urbana o la cumbia, la Paloma Mami habló contra el rock como si fuera la música de los viejos, la nieta de Paloma Mami va a hablar contra la música urbana como la música de los viejos y así.

 

A ver, desarrolla un poco más esta idea.

Ahora hay una venta de pomada como de “yo soy de la comunidad X”. Eso es lo más progresista que hay. “Soy de la comunidad LGBTIQ+, por lo tanto yo he sido castigado durante los últimos 500 años”, digo los últimos 500 años porque muchas comunidades indígenas practicaban el homosexualismo abiertamiente, el cacique tenía 10 hombres y 10 mujeres, pero llegaron los españoles y dijeron no, esto es pecado y ellos no lo sabían. Entonces estos cambios culturales llevan 500 años en que les dicen “hueón no te puede gustar eso”. Y se piensa: hemos sido reprimidos. Y de inmediato viene la lucha por quién fue más reprimido, si el que tiene parientes desaparecidos o al que su papá lo fusilaron. La idea de las comunidades, versus otras, la lógica de ellos por competir sobre quién es el que más ha padecido en sus vidas.

 

Como una competencia por la reivindicación de derechos

Claro, de hecho lo vi en la tele el otro día: Francisca García Huidobro dice “ay tanto que se habla de los presos políticos y los desaparecidos pero nadie habla de las guaguas adoptadas”. Competencia: guaguas adoptadas versus presos políticos. Puta la hueá. O sea, es también borrar la historia. No lo digo en contra de las guaguas adoptadas, lo digo a favor de las víctimas de una dictadura fascista.

 

¿Y qué pasa con la idea del derecho a expresar opiniones?

No hay que ir muy lejos ni en el tiempo ni geográficamente. Hay que pensar lo que pasaba en Estados Unidos cuando se atacaba a los negros con ese discurso y que después se prohibió. Porque son discursos de odio, raciales, de género o xenofóbicos y debiesen castigarse. Ahora, si yo tengo una opinión contra un sistema de explotación es diferente porque estoy hablando de la forma en cómo se degrada al ser humano. Entonces no es lo mismo atacar al capitalismo que decir “ay, pero los haitianos debiesen estar todos muertos porque son negros”. Eso es un discurso de odio y debiera prohibirse.

Ante la instrucción «¡Sonríe!», Mauricio nos regaló la siguiente captura

El hacer de los artistas

Hablemos un poco de la pega de los artistas, entendiéndote a ti como un resistente. ¿Cómo miras lo que sucede con la oficialidad y la institución ?

La otra vez di una opinión en una entrevista que causó malestar, tanto que me llamaron para decir por qué había dicho eso. ¿Y qué dije yo? “Yo no estoy contra el financiamiento de instituciones o artistas”. Yo mismo he postulado y sigo postulando. Pero creo que no debiera el artista depender exclusivamente de esos fondos. Como todo se rige por el mercado, tampoco debiera depender solamente del mercado. Entonces, ¿de qué debiera depender? De su propio vuelo y eso es difícil. Oye, es tan difícil que hubo un señor que se llamó Franz Kafka y decidió que quemaran toda su obra antes de morir. El arte es absolutamente prescindible en todas las sociedades y el mercado se transforma en un gran sensor político del arte. Hay una frase de Kafka que me quedó dando vueltas: no hay nada mejor que hacer un fuego en el lugar donde hubo una gran quemazón. No hay nada mejor que insistir en lo tuyo cuando ya quedó la cagada. Así lo veo yo.

 

¿Cuál es la complejidad de estos procesos culturales?

He notado en ciertos musicólogos o periodistas musicales la tendencia a la caricatura para poder explicar la época de la Violeta Parra por ejemplo, se dice que la izquierda y el partido comunista eran enemigos del rock, eso es falso. Pero sin embargo, es un discurso que se explica porque se admiten tantas excepciones que al final puede que alguna vez un militante del partido comunista dijo “esta es música extranjerizante”, pero fue un militante. Por otro lado, creo que hay lecturas equivocadas tanto por gente que podríamos llamar posmodernos como gente que podríamos llamar izquierdistas. En las dos partes hay algo de razón, tampoco puedo decir que están equivocados.

 

¿Cómo ocurría eso hace un tiempo atrás?

Yo me acuerdo que se hablabla de lo que fue la música hueona por la Nueva Ola y no poh, más cuidado. En La Nueva Ola había muy buena música y grandes intérpretes como Cecilia, o sea, han pasado 50 años y nadie llega al nivel de lo que fue ella como heroína, como rockera. Hay una injusticia en torno a cómo estamos viendo nuestra propia historia musical, yo creo que hubo un momento muy alto la década del ‘60, que no se ha vuelto a repetir.

 

¿Y qué hay con las décadas posteriores, con compositores como Jorge González o Álvaro Henríquez?

Sin ser injusto, yo soy un gran admirador de Álvaro Henríquez como compositor, creo que Jorge González es un gran compositor. Hay melodías de La Ley que se te quedan pegadas, que las andas tarareando todo el día, no estoy en contra de eso ni lo minimizo, pero sí creo que es música que perdió la inocencia y la inocencia estaba en pleno con la Violeta, con Patricio Manns componiendo bandido, con Victor Jara llegando del campo a Santiago. Y hay incluso un cierto -y lo digo autocríticamente- una ignorancia cultivada, de no querer decir, oye mira, todavía está vivo. Por ejemplo, Rhino, el autor de “Sin Ti”, del grupo Frutos del País, murió emputecido con Chile, tal fue así que la familia no quiso nada, ni homenaje, nada. Él murió emputecido con Chile. Por algo será. Pero hizo la canción tal vez más emblemática de un cierto rock melódico de los años 70’s que todavía suena en las radios.

 

Redolés with The Beatles (y su nuevo disco)

Cuéntanos sobre el trabajo que realizaste con las clases Beatles para principiantes, ¿Cómo nace ese proyecto?

Lo primero que tengo que decir de Beatles para principiantes que hice el año pasado, es que no lo hice solo, porque participó un gran maestro de esa época, un tipo que le pega cinco patadas en la raja a cualquier musicólogo, él se llama Javier Castro, tiene un grupo tributo que se llama Let It Be Band. Son fantásticos y él muy piola, profesor de educación básica y una enciclopedia de los Beatles. También estuvo Hermano Casablanca que es el seudónimo de Andrés Castro, que canta precioso. Ellos y Mauricio Tapia, que era el guitarrista que tocó en esa charla son grandes musicólogos sin estudios. Yo daba la visión más sociológica. Había hecho un curso en Londres que se llamaba The Beatles en Retrospectiva.

 

¿Habías trabajado antes con proyectos sobre Los Beatles?

Hice un monólogo a propósito de la falsa visión y perduración de Los Beatles (cuando decían que no influirían en el tiempo) y lo presentamos en enero en la Sala Master, se llenó. Lo hicimos en beneficio de una niña que había muerto en el barrio. Lo titulamos “La otra versión de los hechos”. Escribiendo eso me di cuenta de que Los Beatles son más universales de lo que pensamos. Liverpool es también Santiago. Los Beatles son también los grupos de cabros de acá. En el año noventa en la población La Victoria, fui a una actividad a cantar a una sede del Partido Comunista. Los artistas eran dos, un grupo de cover de Los Beatles de cabros que tenían entre 27 y 30 años y yo. Ellos tenían la misma edad que Los Beatles en aquella época y eran fantásticos. Hace un año atrás estoy caminando por Las Cruces en una feria artesanal, mirando unos libros y de repente se acerca un guardia azul, de esos típicos de las ferias artesanales y me dice “hola, yo soy Lennon”. ¡Lennon! huevón, ¡Lennon! Lo abracé, me emocioné. Era el cabro que tenía 20 años y ahora tenía cuarenta y era guardia en una feria artesanal. Le pregunté que qué pasó con Ringo y me contó que trabaja en el SAG en Punta Arenas. Le conté a mi mujer, que ellos eran Los Beatles y que cantaban fantástico.

 

Cómo va tu proceso de creación del disco que estás grabando  

El 13 de julio presento el primer single. Hay dos hechos anecdóticos que me parecen importantes, uno que yo llegué con esa melodía en la cabeza, después de demorarme dos días entre Talca y Santiago el 28 y 29 de febrero del 2010 luego del terremoto. Me acuerdo que fui a comprar una cocacola – estamos cagados con el capitalismo, no voy a andar tomando mote con huesillo-  salgo de la casa y empiezo. Estuve en una conversación con Patricio Manns hace un tiempo atrás y él dijo algo muy bonito, que él cuando escribría canciones era como si alguien se las dictara y a mí me pasó un poco lo mismo: iba caminando y taran, taran, taran tata ta tan.  Empecé a pensar, “quiero volver, quiero vivir”, y no sé por qué se me atravesaba la palabra San Pedro. Entonces seguí: “quiero vivir, quiero ir a San PedroMi soledad, no lo sabrá, si me quedó en San Pedro, quiero estudiar mi libertad, quiero ser un San Pedro…” Volví con eso y la compuse finalmente el año pasado en agosto. Nueve años me habitó y ahora la retomamos.

 

La otra anécdota es que cuando la compuse, como no puedo tocar guitarra con esta mano, estaba con un amigo y le dije “ya, lancémonos”: mi menor, si7, la menor, yo le iba dictando. Terminamos la canción con una frase recordando a Victor Jara, “que Victor no está muerto”. Y de pronto, sin viento ni razón aparente, se abre la puerta de la cocina. “¡Entró Victor, huevón!, nos quedamos así con el Taco y como él dormía ahí le dije “ya, no hueviemos más porque vas a tener miedo y no vas a poder dormir”. Jajajaja.

 

Por último, ¿qué presentarás en el Teatro Nescafé de las Artes este 13 de julio? ¿Habrá sorpresas?

Nos hemos estado dando cuenta con los cabros, con los que estoy tocando y con mi hijo que lleva años tocando, de que como que nos fuimos arranando y tocando siempre lo que la gente pedía. Como que hicimos un plato de comida que siempre había que calentarla  nomás y la servías y todo el mundo feliz. ¿Cuál era esa comida? “Gaete”, “Blues de Santiago”, “Llegando a Yungay”, “Química” y ahí le agregai  “El espejo” y “Eh Rica”. Listo, ahí tenías la mitad de la receta. Con doce canciones estai dos horas en el escenario, entonces dijimos no, pongámonos las pilas y toquemos las que antes tocábamos y que la gente igual pide. Entonces tenemos “”Yo también viví en Harrow Road”, “El Teniente Bello”, “Historia del Milenio XXV” y también estos otros temas de bis. Vamos a tener la nueva canción “San Pedro” y los temas renovados.

11 junio, 2019

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