Cultura

Todos somos villanos: porqué amamos El Marginal

25 julio, 2019


Hace ya un buen tiempo, la industria del entretenimiento desde sus múltiples expresiones, entendió e incorporó a sus propuestas creativas relatos que nacen y se desarrollan en escenarios de naturaleza marginal, periférica. Canciones, películas, indumentarias y una larga lista de soportes discursivos, resultan exitosos con audiencias fieles que los consumen y demandan como insumos necesarios a la hora de decidir con qué llenar su canasta básica de productos de ficción. Historias de narcos, de cárceles y sicarios se encumbran en los primeros lugares de lo que más vemos hasta convertirse en la frase que decidimos tatuarnos, la polera que decidimos comprar o la muletilla que empezamos a usar a diario.

Esta semana se emitió a través de la TV Pública Argentina el tercer capítulo de la tercera temporada de El Marginal, serie dramática policial que se estrenó en 2016 contando la historia de Miguel Palacios (Juan Minujín), un ex policía que entra con una identidad falsa a la cárcel de San Onofre, con el propósito de infiltrarse en la banda de presos que lidera los movimientos que suceden dentro del penal para descubrir si ellos son los responsables del secuestro de la hija de un influyente y corrupto juez de la nación.

Con la cárcel como escenario principal de esta historia en que la población de internos se divide entre “Los Borges” -banda que detenta el poder y los privilegios dentro del penal, encabezada por los hermanos Mario (Claudio Rissi) y Diosito (Nicolás Furtado)- y la Sub 21 -grupo de jóvenes reclusos que habita el patio común en condiciones precarias-, El Marginal logró el éxito porque fue capaz de conjugar con eficacia componentes como una trama sólida y verosímil -particularmente en la primera temporada-, personajes que fascinan desde sus humanidades tanto míseras como nobles más una estética canera sostenida por las voces del lunfardo, la violencia del hacinamiento y la indignidad que castiga a estas personas de “quinta categoría”.

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¿Por qué amamos a El Patrón, a Diosito y a la Raco?

Pablo Escobar en Narcos (Wagner Moura), Diosito en El Marginal y la Raco en Cárcel de Mujeres (Paulina García), son los personajes villanos de sus respectivas series. Delincuentes, violentos, impredecibles, todos ellos desde sus propios productos audiovisuales, parecen ser las figuras más queridas y recordadas por las audiencias que consumen estas series.

No es sorpresa que muchas veces los “malos” de cualquier relato nos parezcan los más atractivos. La hondura de sus personalidades, sus permanentes contradicciones y el morbo por tratar de entender sus arrebatos, son algunas razones que explican el embrujo que nos provocan con sus crímenes, sus códigos y lealtades. Pero también hay otro componente que constituye el marco por donde estos personajes se desplazan y que nos conectan con sus roles dentro de sus ficciones: una nueva ética.

En tiempos donde somos testigos del desarme de instituciones como la iglesia, la policía o los liderazgos políticos, la población anónima entra en crisis y aquello se expresa como ira, miedo, desidia, desobediencia o resiliencia. El ethos que heredamos lleno de verdades indiscutibles y mitos rayándonos la cancha, se resquebrajan ante nuestros ojos a través de reportajes, de memes o apostasías, resultando el escenario perfecto para que entre dudas empecemos a ver la vida como espectáculo o desde la confusión del sobreestímulo, nos identifiquemos con imaginarios asociados con lo delictivo, lo marginal y la obtención del éxito como sinónimo del dinero y lo material. Así es como nos quedamos pegados viendo a Pablo Escobar comprando un escaño en el Congreso, a la Raco negociando su protección a Camila (Claudia Di Girolamo) o Diosito confiando ciegamente en la amistad de Pastor.

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El verdadero responsable

El académico Guillermo Sunkel sostiene que los medios de comunicación en nuestra realidad -global pero principalmente local- no solo operan como veedores de lo que acontece sino que son agentes estratégicos dentro del mapa social puesto que ellos son finalmente los responsables de mediatizar los conflictos y las violencias.

Pero, ¿son los medios de comunicación los responsable de redefinir nuestros gustos y propósitos como habitantes del mundo? No, los medios son precisamente eso, instrumentos que responden a idearios societales mayores, en nuestro caso, la economía de mercado como sistema imperante en prácticamente todo el orbe. Es desde esta óptica donde se desdibuja la dimensión humana confinando al individuo a ser un instrumento al servicio de la oferta y la demanda, sitiado al camino de la competencia, del consumo por el consumo.

Y sin duda, en este tipo de consumo, la cárcel en El Marginal sigue siendo la excusa perfecta para contar relatos policiales sin maquillajes. Esta serie termina siendo una historia de personajes, una construcción de cariño hacia los hermanos Borges, la Sub 21 o incluso hacia los guardias que apoyan cada maniobra tránsfuga del programa en donde todos son (o somos) villanos.

25 julio, 2019

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