Cultura

Jorge Catoni, director de ‘Álvaro: Rockstars don’t wet the bed’: “Me gusta que este documental parta sin el logo del Gobierno”

23 abril, 2019


Álvaro Peña es uno de esos personajes que entre tanta leyenda e historia que se le atribuye, ha conservado de algún modo en el silencio sus verdaderas hazañas. La trompeta que le vendió a Gabriel Parra o su convivencia con Joe Strummer antes de que este pensara siquiera en The Clash, son parte de un generoso caudal de relatos que contribuyen a su mitificación.

Jorge Catoni, artista visual, siempre miró atentamente el trabajo y la figura de Peña y tras la realización del laureado documental El Parra menos Parra que aborda la historia del hermano menor del Clan Parra -Óscar y su vida circense-, trabajó con el músico durante casi tres años entre sus habituales viajes a nuestro país, concluyendo en el documental Álvaro: Rockstars don’t wet the bed que participa en la Competencia Internacional de In Edit 2019.

A continuación te mostramos lo que conversamos con Catoni acerca de su trabajo con Peña, sus inquietudes creativas, sus juicios sobre la industria audiovisual local entre otros aspectos de su trabajo desde este formato.

—Hablemos de tus inquietudes audiovisuales y particularmente de tu decisión por abordar el documental como formato.

Partí hace unos 12 años, más o menos, haciendo videoarte. Hacía cortos -recuerdo que el más corto que hice fue como de 24 segundos y el más largo de unos 10- y los mostraba más en festivales de videoarte experimental de afuera, porque en Europa hay un montón de esos. Ahí partí entendiendo el rollo de los festivales y de cómo hacer videos. La verdad es que siempre partí haciéndolos de una forma precaria o sea con nada. Y lo ideal era ocupar cualquier cámara, que fuese lo más carreteao posible.

—¿Y ese soporte o ese procedimiento siempre era intencional?

Claro. Me gustaba. Si estaba graficando paisajes precarios, era necesario que la grabación fuera precaria también, que fuera acorde, más allá de mostrarla en HD. Y después, cuando salté a hacer el documental El Parra menos Parra, también me topé sin querer, como un chiripazo de la vida, con el hermano menor de la Violeta Parra y él me ofreció hacer ese documental y resultó que también estaba viviendo una situación precaria. Agarré como el mismo lenguaje del videoarte y lo traspasé al documental de Parra.

—Interesante lo que señalas. Te iba a comentar que una de las cosas que más recuerdo de ese trabajo es su sencillez. ¿Cómo intencionas esa característica? ¿Es parte de tu sencillez?

Bueno, no sé si soy tan sencillo, jajaja. Como se dice ‘un hombre complejo tratando de hacer cosas sencillas’. Creo que lo abordamos de cierto modo y la verdad es que todo lo que grabo trato de que sea siempre espontáneo. Si hay algo muy premeditado o le doy muchas vueltas a la idea de dónde grabar o dónde ir, encuentro que queda muy falso. Pa mi un documental tiene que ser la realidad misma, o sea, obviamente al editar uno está manipulando esa realidad un poco, pero trato de que las situaciones que pasen nazcan de la espontaneidad.

—¿Cómo haces para lograr el vínculo con el personaje que pretendes documentar? ¿Se trabaja o es más bien intuitivo?

Va por la intuición. Intuición y paciencia. Las cosas que yo hago no están sujetas a un guión. Nunca he escrito un guión, o sea yo grabo nomás y como no tengo escrito uno, tengo que grabar y grabar y grabar hasta llegar al punto en que digo ‘suficiente, podemos empezar a armar una historia porque tenemos el material necesario’. Para mi funciona de esa forma. Yo en la edición recién empiezo a armar la historia. Lo que hice con Álvaro fue armar simplemente el documental por temáticas.

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—Abordemos el tema de Álvaro y de porqué decides trabajar con él. Hace un tiempo atrás estabas trabajando con el músico callejero Rafa Budú y luego abordas la historia de Peña, dos personas hermanadas por su espíritu outsider, díscolo. ¿Cómo pasó eso?

En el caso de Peña, cuando estábamos terminando el documental del Parra, lo hicimos y fue tan difícil el proceso que con el Milton (Izurieta, productor) dijimos “Ya, no hagamos ningún documental más”, porque los que trabajamos, los que hacemos todo este trabajo somos un equipo de solo dos personas, autofinanciado, independiente, entonces como que cuesta ver los resultados sobre todo cuando estás en el proceso. Por eso cuando hicimos lo de Parra, nos costó un montón terminarlo porque nadie nos pescó; después de que el documental ganó un premio todos los que no nos pescaron, nos pescaron. Creo que así funciona Chile.

En fin, pensábamos el personaje y en paralelo mientras lo hacíamos, yo iba caminando por Metro Vicuña Mackenna y me encuentro al Rafa Budú (músico callejero) de frente y me dije “este es un muy buen personaje”. Empezamos a grabar con él y en paralelo al Álvaro a quien había visto varias veces en vivo y siempre veía que tocaba pa 15, 20 personas y él igual hacía su show y le daba lo mismo. Yo tenía varias inquietudes con él, inquietudes que no veía en los otros documentales sobre él, porque creo que en esos trabajos no queda claro lo inquieto y prolífico que es Álvaro, la cantidad inmensa de discos que tiene en donde llegamos a contabilizar unos 70 -entre singles, vinilos, 7 pulgadas, cassettes, grabaciones en vivo perdidas-. Rescatamos harto material de VHS’s perdidos que nos aportó un montón en el documental. Particularmente me interesaban mucho las gráficas del Álvaro, como él hace todo a mano, poder rescatar las gráficas de sus discos, los afiches, todo eso se va a ver en el documental.

—¿Cuánto fue el tiempo de grabación que pasaste con Álvaro?

Con Álvaro, como tres años. Un poco más quizás y el periodo de investigación, un año. Nos costó un año de investigación y un año para llegar donde Álvaro, para que nos creyera y confiara en nosotros. Porque es distinto topármelo en la calle y decirle “Álvaro, te quiero hacer un documental” a que se dé vuelta la tortilla y él también sea un interesado en realizar este trabajo. Como él vive en Alemania en una ciudad que se llama Konstanz, viene a Chile generalmente como dos veces al año, así que cada vez que llegaba nosotros lo grabábamos.

—Tras todo este tiempo de trabajo y convivencia con Peña, ¿cuál es la sensación que te queda en términos generales?

Es como un personaje súper intenso, puede llegar a cansar, jajaja. En todo caso nosotros lo conocemos y sabemos que hay días en donde el Álvaro está intenso en buena y otros, intenso en mala, jajajaja. Pero está bien que sea así. Es su personalidad así que nosotros nos adaptamos y creo que con el documental, más allá del registro, me queda algo propio, íntimo,  es lo que me robo un poco de todo eso. Creo que lo más importante -sin pensar egoístamente- es eso con lo que me quedo personalmente, con compartir con este personaje, así como compartí con Parra como cuatro años, compartir con Álvaro fue bien enriquecedor.

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—Ahora en términos generales, ¿cómo ves a la escena o al trabajo de tus pares documentalistas locales?

La verdad es que este último tiempo no he estado muy conectado jajajaja, he estado encerrado terminando el documental, así que no he tenido mucha vida, pero claro que conozco a realizadores que hacen su trabajo. Igual yo me siento un poco ajeno a todo esto, tampoco soy una persona que vea muchas películas ni documentales, incluso no sé si sea un fan de los documentales, jajaja. O sea me gusta mucho el lenguaje, pero tampoco es que sea muy obsesivo viéndolos. Como ahora me pasan la credencial del In-Edit aprovecho de ver todo lo que pueda.

Me pasa que creo que en Chile hay buena materia prima para hacer documentales, hay harto personaje que se arranca de la norma y te puedo decir lo que dicen todos, que lo que falta es público en las salas.

—¿Y qué opinas sobre las políticas de fomento a la industria audiovisual o cultural reinantes?

Me gusta que este documental -y de Parra- parta sin el logo del gobierno o del Fondart o de Corfo. Lo hacemos independiente, no le estamos rindiendo cuentas a nadie. Pero también es un discurso que se me cae porque si veo el afiche del In Edit, tiene un logo gubernamental o sea, si quieres hacer algo independiente, igual teníh que depender de marcas detrás que promueven esto.

—Y suponiendo que privados se interesaran en tu proyecto, ¿qué te pasa con eso?

Me genera ruido igual, porque nosotros nos adaptamos al lenguaje del Álvaro. Él siempre ha sido independiente. Más allá de que un sello gringo reedite los discos, todo eso está en el lenguaje de lo independiente y sería un poco contradictorio la presencia de lo privado. Toda la gente que colaboró y confió en nosotros y el proyecto, lo hicieron sin pedir nada a cambio. Eso es lo bonito del documental y lo bonito de hacer las cosas de manera independiente.

—Finalmente y tras haberte ‘especializado’ en la obra y figura de Álvaro Peña, ¿cómo crees que será recordado y apreciado su legado en nuestro país?

Creo que será recordado como una persona que hizo lo que quería hacer nomás y que le dio lo mismo el qué dirán. Como que en general el artista se coarta mucho en su creatividad pensado en su público o en su familia y Álvaro no tiene ese pudor. Encuentro que a la edad que tiene, le da lo mismo. Está gastando los últimos cartuchos por eso dice y hace lo que quiere.

Lo bonito de su creación, lo bonito de sus discos que pueden ser muy variados, muy locos, muy bizarros, muy incorrectos, tal vez desprolijos, pero pasa que siempre hizo lo que quiso y cuando quería hacerlo y esa libertad como artista y creador, la valoro harto.

El estreno del documental en el Festival Internacional de Cine y Documental Musical In Edit es el domingo 28 de abril a las 17:30 hrs. en el Teatro Nescafé de las Artes

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