Entrevista

Macarena, la mujer con baja percepción visual que recorre las marchas con agua de laurel

Por Vasti Abarca

“A veces me pongo un cartel que dice “no estoy perdida” para evitar la discriminación positiva porque los primeros días la gente se me acercaba y me decía que tuviera cuidado porque hay una marcha”.


Macarena Matisen de 27 años dice que va dos veces por semana a protestar a Plaza Italia. Su bastón la identifica fácilmente y se ha convertido en un ejemplo para muchos porque ha resistido como tantos otros la represión descontrolada de carabineros.

Con mascarilla y agua de laurel, Macarena tiene claro cuál función cumple en la protesta. “Agüita por aquí, chiquillos”, les dice a los que encuentra intoxicados por las lacrimógenas.

Macarena nació con visión reducida y solo ve 30% entre los dos ojos. “Tiene que ver con la perspectiva del ángulo visual. El ser humano promedio ve en 180° y yo en 25°”, explica. A pesar de esta condición, Macarena trabaja de manera freelance como audiovisual. “Tenemos una productora con los chiquillos con los que vivo y desarrollamos ideas relacionadas con el cine”, cuenta.

“En octubre me dieron una pensión de invalidez que estaba tramitando desde el año pasado. Se supone que todas las personas mayores de 18 años tienen derecho a ella, entonces el Estado nos financia con $110.000 para hacer nuestra vida, pagar cuentas, comer, educarnos y vestirnos. Todo con 110 lucas”, reclama.

Miedo a la represión

Macarena reconoce que tiene miedo cuando está en las protestas, pero no le parece una justificación para no asistir. “Manejo el miedo de la misma forma que todos, obviamente estamos asustados, no creo que alguien vaya pensando en que no le tiene miedo a los pacos. Entiendo a la gente que no va por miedo, pero no la justifico”, asegura.

“Siento que es necesario ir, hay que hacerlo aunque uno está asustado”, agrega. “Uno conoce sus limitaciones, aunque no me gusta llamarlas así, quizá es conocerse a uno mismo y las zonas de peligro. Me gustaría estar en primera línea, pero sé que no puedo”, relata.

“Cuando escucho que el guanaco está en la esquina, sé que ya me tengo que empezar a mover porque me costará un poco más salir. Corro con una desventaja, pero esto es una pa los víos y dos pa los longis“, se ríe.

Macarena dice que dos veces estuvo en medio de balaceras de militares. “Fue durante la primera semana cuando todo era caos. La primera vez estaba con amigos en Paseo Bulnes y desde un edificio aparecieron unos milicos de civil disparando perdigones. Nada de lacrimógenas, perdigones altiro y ahí tuve que correr por mi vida”, detalla.

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“La segunda vez fue cerca de Parque O’Higgins, estaba todo tranquilo, incluso los milicos estaban cerca, pero llegó un piquete de pacos, tiraron una lacrimógena y los milicos empezaron a disparar”, relata.

—¿Qué piensas de que te vean con el bastón e igual te disparen?

“A veces pienso que no ven el bastón, pero en realidad la segunda vez éramos solo tres personas corriendo por la calle y nos seguían apuntando. Demás que vieron mi bastón y no les importó, son bastante descriteriados. De todas formas no creo se intocable, soy tan humana como los demás”.

Vivir la discriminación

Macarena dice que lo más terrible para las personas a las que Carabineros les quitó un ojo, es sobrevivir a la discriminación social que conlleva ser ciego.

“Para mí no es tan complicado porque yo lo tengo de nacimiento, me acostumbré a vivir así y para mí no es atado. Pero para quienes pierden la visión de un momento a otro el choque es mucho más grande, porque pierden su principal canal de comunicación”, explica.

“Lamentablemente como especie humana estamos acostumbrados a la visión, es el sentido más fuerte, potente y recurrente, estamos llenos de estímulos visuales. Pero creo que lo visual está sobrevalorado y me da pena por los cabros porque crecieron en una sociedad hiper visual, es una mutilación muy dolorosa y este mundo es super egoísta con la gente que no ve“, asegura.

“Desde mi perspectiva, de alguien que no ha visto en toda su vida, lo único que les puedo decir a ellos es que con lo que más van a tener que luchar es con la sociedad que los va a tildar de discapacitados y no como una diversidad sensorial”, se lamenta.

Según Macarena, el Estado debería indemnizar a las casi 300 víctimas de grave lesión ocular, con una pensión igual a la que reciben los militares. “Porque si les van a dar esa miserable pensión de invalidez, no vale la pena. Los cabros perdieron su vista en la lucha y sería una falta de respeto que no haya una indemnización acorde a lo que hicieron por todos”, enfatiza.

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Normalizar la diversidad sensorial

Macarena dice que toda su vida ha sido discriminada y recalca que ella no sufre una discapacidad, sino que tiene diversidad sensorial y critica tanto la discriminación negativa como la positiva.

“Llamemos discriminación a todo tipo de segregación, la negativa es condenable y una falta de respeto, pero la discriminación positiva es uno de los factores sociales más nocivos. En el Metro, por ejemplo, hoy me agarraron de la mochila para intentar ayudarme, pero la persona no me preguntó si yo necesitaba ayuda y en realidad no la necesitaba, y al final la persona se enojó conmigo por eso”, relata.

En las marchas, Macarena dice que lo que más ha recibido es amor, salvo algunos incidentes discriminatorios. “A veces me pongo un cartel que dice “no estoy perdida” para evitar la discriminación positiva porque los primeros días la gente se me acercaba y me decía que tuviera cuidado porque hay una marcha, como si no me pudiera dar cuenta de lo que está pasando a mi alrededor”, explica.

“Pero me parece bien cuando la gente me avisa que los pacos están más adelante porque siento que me están cuidando”, asegura. “De todas formas, yo sé dónde estoy metida, conozco los riesgos y decidí estar ahí”, puntualiza.

Macarena dice que espera que llegue el momento en que las personas normalicen ver a gente con bastón en las calles y en las marchas. “Quiero que a la gente no le parezca raro, sé que ahora sale de lo cotidiano y traté de evitar la exposición, porque en estos momentos soy un personaje atípico en las marchas, pero sería hermoso que en un futuro, ojalá no tan lejano, sea normal que vayan todes”, enfatiza.

“El objetivo de exponerme es generar educación y que después de eso las personas quieran salir y los demás ya no les anden sacando fotos por ser distintos”, explica y aclara que le han sacado fotografías sin su autorización que después se han viralizado en redes sociales.

“Mi mensaje es claro: Abogo a que no sea extraño ver a una persona con bastón y a generar educación inclusiva desde los problemas de raíz, lo que es una labor clave del Estado. Él es quien se debe hacer cargo porque siguen generando educación lucrativa, segregada y adoctrinada”, concluye.

28 noviembre, 2019

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