Cultura

Malaimagen: «La ‘elección’ es una fantasía que se vende, es una ideología y una trampa»

Este sábado 28 de septiembre a las 16:45 horas, Malaimagen presentará Colusión, su primera novela gráfica, en el Festival de Autores de Santiago. Conversamos con el dibujante antes de su lanzamiento, sobre el proceso de creación y, por supuesto, contingencia, la materia prima de su cuerpo de trabajo desde el 2007.


La vida de un país se ve marcada por la aparición de un virus y la maquinaria se echa a andar: medios de comunicación que desinforman, un gobierno incompetente de cara a lo público pero con intereses claros y las farmacéuticas parecen ser realmente los gobernantes. Esas son algunas de las postales de Colusión, la primera novela gráfica de Malaimagen, el dibujante que desde hace más de diez años vemos retratar la contingencia desde el humor, primero en internet y años más tarde, desde The Clinic.

A pesar de haber publicado ya cuatro libros, Malaimagen explica de entrada que el proceso para crear Colusión fue largo y difícil. Y que el primer paso fue aprender a construir una novela. “Tuve que entender cómo se hacen. Estudié para aprender sobre la estructura narrativa, hay cosas súper estructuradas, sobre un porcentaje de libro que debiera ser la presentación de los personajes, cuándo debiera estar el clímax o el desenlace. Esas cosas me sirvieron mucho al principio para ordenarme, porque estaba haciéndolo muy a lo bruto, boceteaba páginas pero no sabía para dónde iban. Y después de lograr ese orden, tuve que desestructurar eso mismo, porque tampoco me estaba sirviendo ser tan matemáticamente preciso. Lo que más me costó fue encontrar una historia que valiera la pena contar en un libro. Lograr contar algo que justificara ser un libro. El proceso fue largo porque además tuve que desaparecer de otras cosas, dejar de ir a ferias, dejar de publicar cosa en internet, entonces me sentía un poco desaparecido”.

—¿Te generó ansiedad eso de no estar siempre presente en internet? A veces veo en algunos músicos, por ejemplo, que si no publican canciones casi de forma constante, empiezan a desesperarse, a pensar que la gente ya se olvidó de ellos. Cada viernes de novedades en Spotify sin una canción suya parece un puñal en el pecho.

“Ja, ja, ja sí, me generó ansiedad, se van a olvidar de mí pensaba, la gente me va a cambiar por otros dibujantes ja, ja, ja. Fueron hartas cosas que tienen que ver con el feedback inmediato de las rede sociales. Yo me considero una persona bastante adicta a las redes sociales y tuve que desaparecer también. Fue difícil eso, bajar el ritmo de exposición y eso me asustó en algún momento, pero después me di cuenta que no, ja, ja”.

—Es interesante ver que ya no existe solo la ansiedad de cada persona relacionada a su historia más íntima, sino también está la de la precariedad laboral y también una relativamente nueva, a partir del uso de las redes sociales.

«Sí, las nuevas formas de trabajar, hacer negocios o funcionar. Los músicos, como tú dices, tuvieron que cambiar las formas de hacer todo. Hay grupos que no hacen discos sino singles, porque te mantienen arriba…».

—Y es más barato.

“Sí, es más barato. Tiene que ver con los tiempos modernos, por decirlo de alguna manera. Es brígido como un formato puede condicionar a tanta gente. El viernes sí, son las novedades de Spotify y los grupos se preparan para eso, para una aplicación del celular. Así como antes la gente se adaptó a Youtube para hacer videos, lo mismo pasa con otras redes sociales y con lo que yo hacía o hago, porque yo trabajo con la contingencia, entonces, soltar un poco esa contingencia era un riesgo. Que pasaran cosas y que yo no las estuviese dibujando para mí era un riesgo, porque trabajo con eso. Si veo mis dibujos de forma cronológica, voy a ver que hay cosas que pasaron en Chile que no dibujé y esa responsabilidad yo la siento, y la gente también me la hace sentir. Me preguntan o me lo piden, lo que para mí es un orgullo pero también una presión”.

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“Al principio, cuando empecé a hacer el libro pensé que iba a ser otra cosa. Era un libro más de fantasía y estaba haciendo algo más volao. Me empecé a basar en series que veía, como Black Mirror, series de acción, mezclaba cosas y, en un momento, se estaba escapando mucho de la contingencia. Y tuve que reformular varias veces el libro, así que pensé en incluir lo que está pasando, pero con otros personajes, no más. No salía Piñera, pero podía ser un presidente, no salía Luksic, pero podía ser un empresario. Entonces, en el libro, fui tocando los temas que iban pasando pero con otros personajes. Yo sabía que iba a ser de más lenta llegada, porque no tiene la cosa inmediata de la parodia, pero era un desafío distinto. Creo que si no lo hacía ahora, no lo iba a hacer el próximo año. Se me junta con elecciones, con otras cosas”.

Para Malaimagen este fue un trabajo largo y complicado, pero no solo por el debut en formato de novela, sino porque esta era una historia basada en el presente. “Yo sentía que podía seguir haciendo eternamente esta historia, porque se basa en lo que está pasando, así que podía tener una continuación o no tenerla. Lo más difícil era sentir en qué momento los temas que estaba tocando eran los precisos para esta entrega, para que alguien lo vea y no sienta que lo están sobre saturando con problemas o al revés, que quede como una cosa liviana que es una historieta más larga. Yo suelo hacer historietas de una página en un periódico y ahora estaba haciendo una de 130 páginas. Quería que fuera larga, pero que tampoco fuera una colección de temas, porque iba a ser un salpicón forzado. Creo que uno tiene que lograr que una historia haga click en la gente, que le quede algo y ahí hay que tener el equilibrio”.

“Cuando hago libros, llega un momento en que digo este libro está bien, pero para llegar a eso hay que pasar por muchos bocetos, por muchas formas en la que me doy cuenta que algo está mal, entonces, cuando sentí eso con este, llegué al punto en que ya estaba bien para publicar. También es el mejor libro que podía hacer en el tiempo que tenía para hacerlo, porque también los autores nos fijamos plazos, me fijo cosas realistas en tiempo, en cuánto tiempo de tu vida le quieres dedicar a un proyecto. La vida es una bomba con una mechita y cuando esa mechita se acaba, desapareciste del mundo, entonces, tampoco iba a estar toda la vida haciendo el libro. Así afronto todos mis proyectos, cuánto de mi vida le voy a dar a un tema, porque si estás trabajando con contingencia también, si pasa el tiempo deja de ser contingente. Tuve que aprender muchas cosas muy rápido, solucionarlas rápido, pensar que no lo iba a lograr”.

—¿Tuviste síndrome de la página en blanco?

«Sí, horrible, horrible. O llevar sesenta páginas y darme cuenta que no servían de nada y botarlas a la basura, empezar todo de nuevo y pensar que lo iba a lograr, sin tener un plan b tampoco, no tenía otro libro bajo la manga. Puse harto de mi salud mental en el libro ja, ja, ja, no es algo recomendable, pero lo hice. Esas cosas son reales, yo soy un trabajador del dibujo y hago libros. Y en el trabajo, por más que sea lo que a uno le gusta hacer, tiene cosas estresantes, muy demandantes y muchas veces sentí que no lo iba a lograr, que mi salud estaba primero. Después pensaba lo contrario, cuánto iba a repercutir en mi seguridad haber fracasado en un proyecto que yo mismo me puse, porque nadie me estaba obligando. En ese vaivén de emociones ja, ja, ja logré que saliera el libro, algo que me tiene muy contento. Ahora estoy intentando relajarme un poco, porque uno está arriba de la rueda».

Colusión divierte, pero también funciona como un constante cable a tierra. A través de las viñetas se pueden recordar episodios que la opinión pública ha podido conocer en el pasado cercano. Uno de ellos es la aparición de un libro dentro de la historia que se llama Elige Sanar. “Elige”, como las campañas que una y otra vez promociona el gobierno de Sebastián Piñera para trasladar la responsabilidad individual a temas que debieran ser tareas del Estado. A lo largo de Colusión aparece esta idea, sobre la mentira de la responsabilidad individual versus la colectiva.

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“La ‘elección’ es una fantasía que se vende, es una ideología y una trampa. Es mentira. Cuando te dicen que tienes la libertad de elegir dónde vivir, dónde estudian tus hijos. Hay gente que tiene realmente los recursos económicos para elegirlo, pero la mayor parte de la población no. Uno vive donde puede, accede a salud, educación y techo como se puede no más, todo eso regido por el poder adquisitivo. Entonces, el discurso de la derecha de que todos tenemos la libertad de elegir dónde estar es mentira, ellos pueden hacerlo, los que lo dicen, los que tienen plata. Que un ministro salga diciendo eso es porque te está vendiendo un discurso”.

“En el libro traté de meter esas cosas que se ven constantemente y meter subtemas que consideraba importante hablar, como el resurgimiento de los grupos fascistas, el negacionismo. Todo eso está muy vigente, no es ficticio. Uno prende la tele, ve el matinal y hay un charlatán que habla de cómo curar el cáncer de forma alternativa. Hay gente que muere por culpa de ese discurso, entonces, creo que era importante hablar de esos temas, pero no como una colección de panfletos sino en un relato que se sustentara”.

En Colusión también se habla de otro tipo de fundamentalismos, como los religiosos. Malaimagen piensa que “es una preocupación súper vigente y es un discurso que se mete con fuerza en la gente. Yo no soy creyente, pero el discurso de la fe ha tenido una llegada muy poderosa en un país que se supone laico, esto potenciado por las mismas autoridades, porque uno escucha al presidente hablar y tiene un discurso católico. El peligro de las creencias religiosas es cuando se mezcla con temas de políticas públicas, que es lo que pasa con el aborto, el debate por el matrimonio homosexual, en algún momento fue el divorcio. Se ha avanzado muy lentamente en esos temas y hay grupos que quieren que todo vaya para el otro lado, entonces, disfrazan de libertad de expresión discursos que son de odio. No todo es una opinión al nivel de otra, como cuando ponen discutir a científicos con antivacunas como si fuera lo mismo, o a gente que defiende a los derechos humanos con un neonazi”.

—Un medio de circulación nacional enfrentó a los antivacunas con los científicos, como dos posturas igualmente válidas.

“Sí y es muy irresponsable, porque hay mucha gente que se informa por ahí. Estás hablándole a miles de personas, difundiendo mentiras y odio o cosas que van a causar problemas. Todo lo que uno hace tiene consecuencias y creo que los medios que están haciéndolo no lo hacen de forma ingenua, lo hacen porque están buscando algo. Ese interés es peligroso. Uno ya sabe la línea editorial de cada medio, uno sabe que La Tercera y El Mercurio son diarios de derecha, La Tercera lo camufla un poco más, pero son los medios importantes de circulación nacional y son de derecha. Los matinales los ve mucha gente… yo veo hartos matinales y veo a muchos personajes que en realidad no deberían estar en ninguna parte hablando”.

—Bueno, en un matinal alguien de verdad dijo que había que tomar dióxido de cloro.

“Sí, y yo siento que la realidad siempre supera a la ficción y aunque en el libro uno exagera cosas, igual están pasando, no las he inventado yo. Está todo basado en la realidad. Yo creo que se ha avanzado en algunos temas socialmente, pero en muchos otros se está atornillando para atrás”.

*Fotos: Lorena Palavecino

26 septiembre, 2019

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