Entrevista

Mejor a pedales: La historia del talquino que dio la vuelta al mundo en bicicleta

28 julio, 2019


En julio Pablo Muñoz completó los 40.075 kilómetros que contempla una vuelta al mundo en bicicleta, alrededor de la línea del Ecuador. Después de tres años pedaleando, de cruzar 44 países y de pinchar casi 83 veces las ruedas, el nacido en Talca se prepara para retornar a Chile junto a Migle, la viajera oriunda de Lituania que conoció viajando en su sencilla Trek 3500 de montaña. “Los seres humanos somos en una gran y absoluta mayoría buenos”, es una de las conclusiones de su aventura.


Pablo Muñoz (34) planeó viajar por el mundo cuando era un niño. Los libros de aventura se encargaron de guiar su objetivo. La relación con la bicicleta se hizo fuerte luego de sufriera una lesión en la rodilla, tras correr la maratón de Santiago. El joven de origen talquino se fue a la montaña y cuando estaba arriba decidió seguir hacia la frontera con Argentina. Una vez ahí, se sintió bien y decidió continuar, en una aventura que se extendió por casi dos meses. Ese fue su primer viaje en bicicleta y le enseñó que era cualquier destino era posible.

Hasta ahora, Pablo ha recorrido 40.282 kilómetros, pasando por 44 países de Europa, África del Norte, Asia y Oceanía en casi 900 días de viaje. A su bicicleta roja, una Trek 3500 de montaña, la llamó “burro”. Comenzó la travesía con ahorros pero después de pagar las visas de los países asiáticos todo desapareció. Así aprendió a viajar barato y asegura que en países como Irán, Tajikistán y Turquía casi no gastó un peso. “La gente es tan amigable y generosa en el camino que fui invitado casi todos los días a dormir en casas, recibiendo toneladas de comida. En Irán era impresionante, parecía una cámara indiscreta: la gente me paraba cada cinco kilómetros para invitarme a comer y a dormir”, asegura.

Hace un año escribió un libro con las aventuras del primer año de viaje, el que fue reproducido por su familia y vendido entre sus amigos. La edición artesanal logró repartir más de cien copias, cuyo dinero le sirvió para cruzar Asia. Luego decidió fabricar una segunda versión para vender sobre la ruta. En Australia tuvo tan buena recepción que logró juntar dinero pagar el avión de Australia a Nueva Zelanda.

El retorno a Talca está cada vez más cerca. Una vez terminado el viaje, espera escribir un nuevo libro que detalle la aventura. Su motivación, dice, es “mostrar que el mundo es más hermoso de lo que creemos, que la bondad es universal, que los seres humanos somos en una gran y absoluta mayoría buenos, quizás cometiendo malas acciones e ignorando las consecuencias, pero me ha sorprendido encontrarme con tanta gente buena”. En estos tres años viajando por el mundo, añade, sólo le robaron una vez y hoy le parece una anécdota. Cada día hay una nueva. Todos los días son muy distintos.

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Comiendo en Asjabad, la capital de Turmekistán

Pablo comparte algunos detalles de su recorrido en su Facebook Mejor a Pedales y en su blog. En una de las publicaciones detalló que en Barcelona, cuando aún no completaba los primeros mil kilómetros en dos ruedas, un mecánico de bicicleta le hizo una advertencia. “Con esta bicicleta no llegas a Marruecos, deberías conseguirte una de verdad”, le dijo. Lo mismo le repitieron en Túnez y en Alemania, pero él no dudó. Aunque las facilidades harán más cómodo el viaje, no cree que sean lo esencial. “La bicicleta no es mi talla, tampoco es la recomendada para este viaje, ni las maletas que llevo, pero si me hubiese quedado con la idea de que no se puede porque no es lo indicado, estaría aún postergando el viaje”, reflexiona.

Cruzando Tajikistán, un pequeño país del Asia central, Pablo conoció a Migle, una viajera oriunda de Lituana que venía viajando en bicicleta desde Inglaterra. Ambos viajaron siguiendo la frontera de Afganistán, se separaron en los límites de China y desde hace casi diez meses pedalean juntos.

“Llevábamos la misma dirección y luego de unos días compatibilizamos un montón, logramos formar un equipo increíble y se transformó en la mejor compañera de viaje que he tenido nunca. Ahora vamos juntos rumbo a Chile, ella aún tiene la gran tarea de aprender el español. Acaba de completar 26 mil km recorridos”, cuenta Muñoz.

Pablo asegura que todo cambia al viajar acompañado. Aunque en un comienzo fue difícil ya que “para uno solo que es porfiado cuesta tomar decisiones, imagínate dos porfiados tratando de ponerse de acuerdo”, pero hoy son un equipo pedaleando a paso firme de vuelta a Chile.

Migle y Pablo en Birmania

“Fui lo más lejos que podía ir con la bicicleta”

“El desayuno está listo. Churrascas que Migle aprendió a preparar y ahora es una maestra. Al fondo el burro, esperando para seguir”, escribió Pablo en Facebook el pasado 27 de junio. La foto muestra una fogata artesanal con una tetera humeando y unas churrascas bajo el sol. En otra publicación detalla la fabricación de una pizza artesanal en plena ruta. Para la alimentación, dice el viajero chileno, adaptarse a cada cultura es fundamental.

“Los alimentos cambian drásticamente en algunos lugares con solo cruzar la frontera. En algunos países nuestra dieta fue en base al pan, en otros como del Sudeste Asiático, el arroz al desayuno, al almuerzo y cena. En otro países como Australia -donde estamos ahora-, es impensado comer en un restaurant por lo caro, así que cocinamos, es la forma más barata de alimentarse”, cuenta.

También han gozado de la generosidad de las personas que han conocido. En Irán, cada dos horas, alguien lo estaba invitando a comer. “En algunos casos no había forma de decirles que no, insistían hasta que me comiera todo”, precisa. No sólo contó con la ayuda de otros para aplacar el hambre. Cuando faltaban 45 kilómetros para llegar a China sufrió un accidente que lo dejó con la clavícula izquierda y una costilla rota. Estaba solo pero ese mismo día, su compañera de viaje -a quien no veía hace dos meses- estaba cerca y llegó a ayudarlo antes de que cayera la noche.

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Migle se hizo cargo de todo. Cargó con Pablo y su bicicleta durante esos días en que él no lograba hacer nada. Ni siquiera quitarse una polera, parar la bici o atar sus zapatos. “Así es que de no ser por ella aún estaría llorando en las montañas”, escribió Muñoz. La foto lo muestra machucado y sonriente. Tuvo que parar unos días para permitir su recuperación, pero apenas comenzó a sentirse mejor decidió continuar pedaleando con un brazo inmovilizado. Conduciendo con una mano cruzó China, recorriendo más kilómetros junto a Migle. Luego, cuando alcanzó el punto más alejado desde Talca, su punto de origen, decidió comenzar el retorno. “Fui lo más lejos que podía ir con la bicicleta”, resume.

Pablo y Migle en Tailandia. “Conocimos a Chit, entusiasta cicloviajero que luego de sufrir un accidente cerebrovascular no se detuvo, solo cambio de bicicleta por una reclinada”, explica en su Fan Page. 

Junto a su compañera esperan estar en Talca en diciembre de este año. Una vez ahí pensarán qué hacer con el futuro. “Ahora somos un equipo, así es que tendremos que decidir ambos”, precisa y añade que recorriendo el mundo en bicicleta, en estos tres años, aprendió más que en todos los años en el colegio: “Es increíble cuando se aprende estando en medio de todo. Cultura, idiomas, historia, naturaleza, pero lo más importante es lo que he aprendido sobre mí mismo, sobre mis fortalezas, debilidades. He crecido como no esperaba hacerlo”.

A su familia le costó aceptar la idea del viaje en un principio, pero con el tiempo pasaron a apoyarlo. Son un cable a tierra entre el viaje y sus raíces y se hacen parte de la aventura, porque “no soy yo solo viajando, siento que van todos ellos junto a mí”, precisa. Ahora mismo organizan una rifa para ayudarle a costear lo que falta para el avión de Nueva Zelanda a Sudamérica. Pablo invita a participar a quienes apoyarlo a través de su Fan Page y darle “el empujoncito que me falta para terminar esta vuelta al mundo en bicicleta”.

Como un fin y medio, la bicicleta ha sido el transporte durante casi toda su vida. En ella ve una alternativa de cambio que la sociedad necesita y que ya comienza a hacerse sentir en el mundo. “Si hay algo que me ha impactado en este viaje es constatar con mis propios ojos cómo la máquina de desarrollo actual va exterminando poco a poco la vida en todas sus formas”, dice. “Estoy seguro que la bicicleta tiene algo importante que aportar”.

28 julio, 2019

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