Cultura

Niña Tormenta y la música: “Trato de hacer canciones como una forma de autoconocimiento, de juego, de disfrute”

3 mayo, 2019


Nos juntamos solo a conversar y terminamos almorzando porque ya eran las 14:30. Si bien abraza algún ideario vegetariano, cuando llegamos a ese restaurante en donde el plato naturista traía pollo, terminó decidiendo por un pescado frito con ensalada para no seguir buscando un lugar donde quedarnos.

Tiare Galaz es Niña Tormenta, la manera que escogió para nombrar a su proyecto musical personal que empezó a desarrollar con un ukelele y distante de cualquier planificación, pero que en el 2018 la hizo merecedora del premio Pulsar a la Artista Revelación luego de la edición de su fabuloso disco, Loza.

A poco de presentarse en Matucana 100 como una suerte de simbólico cierre del capítulo Loza, Niña Tormenta se permitió un tiempo para conversar sobre lo grande y lo pequeño, sobre algunas cosas que suceden tras sus canciones y especialmente, sobre porqué la música es una fabulosa excusa para vivir.

—Una de las cosas que más me gusta de tu música es esa sensación permanente de resistencia a lo complejo, ese amor por lo simple. ¿Cómo crees que opera eso?

No es algo que haya pensado ni premeditado. En el fondo así es como salieron las canciones que hice y al momento de grabarlas solo usé las cosas que tenía a mano, y sí hay un cuidado, una forma de gusto personal por las cosas más sencillas y más despojadas de tanta sobreproducción porque así es la música que más me gusta. Como cuando ves algo crudo, me gusta sentir eso más directo.

—Como cuando sientes las celditas en un jugo de naranja.

Claro, esa es una buena forma de explicarlo. Es como ver la humanidad detrás de las canciones. Así es como suena la música que me emociona. Mi proceso de hacer de música después de grabarla tuvo muy en cuenta el no engolosinarme con los arreglos ni con la producción. De alguna manera encapsular el efecto que se provocaba al tocar sola el ukelele en una casa.

—Comentabas en una entrevista que tu búsqueda a la hora de componer era muy orgánica, tú desplazándote por el mástil del ukelele encontrando los sonidos que te hicieran sentido. En un mundo que en ocasiones demanda método, sistematicidad o incluso conocimiento formal ¿alguna vez sentiste malas críticas o simple resistencia a tu trabajo?

Tuve mucha inseguridad al mostrar mis canciones al principio y por lo mismo me demoré mucho en hacerlo, por no sentirme preparada, por no sentir que valía la pena y también por valorar mucho la música. Escucho harta música, es lo que más me gusta hacer y la veo como algo casi sagrado. Tenía muchos rollos sobre eso. Pero conocer al Diego (Lorenzini) y a la gente de Uva Robot, me permitió ver a personas que tenían una aproximación distinta a ella, personas súper libres en la creación. Eso pa mí fue súper inspirador y de ahí como que empecé a agarrar más confianza. Un entorno que te apañe.

—Pero ampliando el espectro y saliendo de esa familia que significa Uva Robot, ¿no lo pasaste mal por alguna o algún afiebrado de turno?

No, no directamente. Creo que he elegido mucho los contextos en donde toco, entonces, quizás no me he expuesto tanto a ambientes hostiles, jajaja. Bueno, hace muy poco empecé a hacer música y como que no tengo muchas referencias pero me parece que este contexto musical, lo que está pasando ahora, en algún sentido es mucho más amigable de lo sucedía en el pasado, es menos competitivo. Creo que en este tiempo nos dimos cuenta de que no nos entorpecemos si somos muchos haciendo música y la cosa va creciendo no solo pa un puro proyecto sino para todos y se va abriendo camino para mucha más gente.

—Aún cuando tu oficio de compositora lo defines desde la simpleza, igual muchas de tus canciones asumen riesgos, decisiones melódicas, armónicas o rítmicas que igual son poco convencionales.

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Claro. Esas son elecciones que en mi caso no tienen una base teórica pero sí responden a decisiones estéticas desde mi gusto, mi formación musical, por haber escuchado mucha música. También tiene que ver con hacer música a esta edad (34) porque ya he definido de alguna manera mis gustos.

—Entiendo. Personalmente, la que escucho y visito con insistencia es ‘Que entre el frío’. Tremenda canción.

Esa es la canción favorita de los rockeros.

—Ja, ja, ja, ja. ¿En serio? ¿Has hecho una especie de análisis secreto de quiénes y cómo son los que escuchan tu trabajo?

Ja, ja, ja, ja. Aquí se explica el “dime qué música escuchas y te diré qué canción del disco te gusta”. Por ejemplo a los más melódicos les gusta ‘Va a llover hasta el domingo’ y ‘Que entre el frío’ tiene una oscuridad muy de quienes prefieren el rock.

—Qué lindo es que te permitas construir relatos a propósito de tus canciones y lo que generan en quienes las oyen. Ahora bien, ¿tienes alguna forma de ambición a la hora de componer?

Hay algo que siempre hablamos con el Diego y es que hay una diferencia entre la ambición y la pretensión. Uno puede tener ambiciones como de querer hacer algo o de lograr un objetivo; en cambio la pretensión es querer ser algo que uno no es y ajustarse a la fuerza a algo para encajar y a mí eso no me sale. Si yo quisiera hacer un personaje de mí misma para encajar, no me saldría porque no soy buena actuando y además no es mi búsqueda. Trato de hacer canciones como una forma de autoconocimiento, de juego, de disfrute, como un espacio íntimo y personal, por eso no me gusta contaminarlo con cosas de afuera que se supone que tendría que incorporar.

—Y bajo esa lógica íntima y personal, ¿cómo enfrentas variables como el hecho de tocar en vivo para otras y otros o el promocionar tu trabajo con entrevistas y momentos de harta exposición?

Creo que igual me ha costado ese asunto y quizás no se nota tanto pa afuera, pero yo soy súper pudorosa cuando me pongo al frente. Me da pudor, por ejemplo, aparecer en la portada de una revista aunque igual me doy cuenta de que eso sirve. Aparte pasa que cuando sale esa foto en la revista, altiro me escribe mi familia, jajaja, ¡cacha el impacto que logra! Por otro lado, saco un disco y el impacto mediático que se logra es muchísimo menor, entonces, trato de usar esa herramienta que ofrecen los medios para que mi trabajo se conozca más. Así que intento tener ojo en las elecciones que hago porque en el fondo lo que quiero es sentirme lo más cómoda posible, lo más auténtica posible y no verme como una especie de personaje de mí misma.

—¿Te sientes hermanada con alguna escena, algún movimiento, más allá del que significa el sello al que perteneces?

Claramente con la gente de Uva Robot está mucho más clara esa hermandad, pero saliendo de mi círculo de confort igual tengo harta afinidad de pensamiento y de musicalidad con los Protistas, con Maifersoni, gente con la que hemos hecho cosas y que aparentemente parecen con búsquedas distintas pero que en el fondo tenemos algo que nos une. Yo me siento transitando entre la cantautoría, en esto más acústico como también en los sonidos quizás más alternativos, más de experimentación.

—Hablemos de la autoría, ¿cómo opera en ti la decisión por hacer canciones sobre un tema en particular?

No tengo un método a la hora de escribir. No sé muy bien cómo explicarlo, lo entiendo como un canal nomás.

—Insistiendo en esa parte de cómo sueles hacer tus canciones, ¿hay algo que sea frecuente?

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Ja, ja, ja, suena como si fueran iluminaciones pero no es así. La verdad es que en las letras no hay un proceso tan racional, generalmente es conectarse más con una emoción y describirla en imágenes. ‘Lozapenco’ es el resultado de un laboratorio de canciones que hizo el Diego hace algunos años en donde nos proponía diferentes pies forzados para componer, por ejemplo, esta semana hay que hacer una canción que sea una lista, una enumeración más una reiteración melódica simple. De ahí salió ese tema que es una descripción de mi abuela y que funciona como una especie de retrato. ‘Canción nueva’ es la otra canción del disco que viene de ese mismo método, pero antes nunca me había expuesto a un desafío de ese tipo. Había escrito cosas a las que después les puse música o al revés y siempre fueron actos muy libres, pero la verdad es que me gustó desarrollar un trabajo bajo estas condiciones porque ahora las veo como herramientas que existen y que puedo usarlas como cuando desarrollas un oficio.

—¿Piensas en algún momento en las audiencias?

No al momento de hacer música. Las considero al momento de difundir, de tocar en vivo, de organizar encuentros con ellas, ahí tengo muy en cuenta el contexto en donde mi música se puede escuchar y compartir de mejor manera, eligiendo los lugares en donde toco o me presento, en la manera en que armo un concierto. Es ahí en donde me preocupo, pensando en que los que asistan se sientan bien, en que no hayan marcas que molesten y en no ser el accesorio de alguna otra cosa.

—Pensaba en esto que hablábamos sobre el hacer canciones como oficio, componiendo en sintonía con las temáticas relevantes de un momento particular, por ejemplo el feminismo. ¿Cuál es tu juicio sobre la canción como instrumento de causas o movimientos en acción?

Es algo en lo que he pensado y hasta el momento no me ha salido directamente como me lo preguntas. Creo que ha sucedido desde una lectura más personal, por ejemplo, creo que ‘Lozapenco’ es una canción que presenta esa dimensión política, presenta un imaginario de la mujer desde ese doméstico histórico, pero que nunca dice ‘¡No al patriarcado!’, aunque sí muestra una realidad histórica. Quizás esa es más mi búsqueda o el lugar en donde me siento más cómoda, me gusta presentar una realidad más que decir una crítica directa. Pero lo que sí creo profundamente es que esa crítica tiene que estar conectada con acciones, más allá de lo que uno diga en una canción. Una tiene una responsabilidad cuando es parte de una escena, como creadora, como parte de un ámbito cultural, haciéndose cargo y participando en ese espacio. En cuanto al feminismo, me siento siempre aprendiendo mucho, criticándome a mí misma, conversando mucho sobre el tema y transitándolo permanentemente. Es súper importante pensarlo, pero por sobre todo importa abordarlo desde las acciones.

—En tiempos tan adversos, la coherencia es fundamental al levantar cualquier proyecto creativo o artístico.

Claro. Porque más allá de que diga todo lo que pienso sobre el mundo o sobre lo que estoy en contra, es importante meditar mis actos en relación a eso, porque siento que es mucho más fácil hacer una canción de protesta o una canción de crítica y quedarse solo en eso. Y en cuanto al feminismo, siento que es un tema delicado, porque a él también lo ha absorbido el capitalismo, caleta, y finalmente lo que a mí me interesa es criticar al capitalismo.

Niña Tormenta despide su disco Loza este 5 de mayo en el teatro principal de Matucana 100 a las 20 horas.

Más información en Matucana 100.

3 mayo, 2019

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