Cultura

Raúl Zurita: “No hago diferencia entre poesía, política, amor y arte”

29 septiembre, 2019


El poeta y Premio Nacional de Literatura acaba de estrenar el documental Zurita, Verás no ver.  A sus 69 años, dice que el arte no es diferente a la vida misma y a través de la poesía ha buscado recuperar el mar y las montañas que se tiñeron de sangre durante la dictadura.


Raúl Zurita (69) se rehúsa a la idea novelesca de ser el poeta que se resiste a la muerte a través del arte. “No me he aferrado al arte, he hecho lo que he sentido, he tratado y sigo tratando. Pero eso para mí no es aferrarse, un náufrago se aferra”, dice.

“Me ha tocado vivir esta vida y no otra. Yo no hago diferencia entre poesía, política, amor y arte. Un gran poema debe tener todo eso”, explica. En el documental que protagoniza, Zurita, verás no ver, estrenado el 26 de septiembre, la cineasta Alejandra Carmona captura la vida del poeta que partió escribiendo por gusto y terminó haciéndolo por la necesidad de expresar lo vivido durante la dictadura militar.

“Me tomaron preso en Valparaíso y durante tres semanas me dieron pateaduras dentro de un buque. Nunca me pongo como ejemplo de prisionero político porque fue un periodo corto, pero salí muy dañado, incluso físicamente”, relata. En esos tiempos estudiaba ingeniería civil en la Universidad Federico Santa María.

“Años después me dio parkinson, no lo había relacionado a las pateaduras que me dieron durante el encierro, pero cuando vi el caso de Mohamed Alí, el boxeador que murió con parkinson por los golpes, pensé que podía estar relacionado. Me pegaron tanto, tanto en la cabeza”, recuerda Zurita, Premio Nacional de Literatura (2000).

— Es común leer que dicen que ha sanado heridas a través del arte ¿ha sido así?

“Es una forma de decir, entiendo que digan esas cosas, pero Alejandra Carmona es mucho más directa que eso, lo refleja en su película. El arte es parte de mi vida, cómo me voy a aferrar a una parte de mi vida, se larga no más, no es que te aferres, se larga. Para mí no es diferente el arte que la vida misma, pero bueno si quiere decir que me aferre al arte, dígalo no más”, se ríe.

—¿Cómo piensa la naturaleza que protagoniza sus poemas?

“No sé por qué pasa eso, no sé por qué es así, pero empiezan a aparecer los paisajes. Al final llego a una explicación media racional. Cuando fue el golpe y llegaron los milicos empezaron a cantar la canción nacional a cada rato… Puro Chile es tu cielo azulado“, entona.

“Me doy cuenta de eso en un momento dado y pienso: ¿y cuál es esa patria? ¿cuál es ese paisaje? ¿cuál es la majestuosa montaña? ¿cuál es ese mar azul que te baña? Una montaña ensangrentada querían poner ellos y en el mar terminaron arrojando cuerpos. Empecé a sentir una lucha por los significados de las palabras, no quería que se perdieran. Es una razón profunda, no quería que perdiéramos esa guerra. Es mi montaña, mierda, no la de ustedes, es la nuestra, la que nosotros amamos. La que cantó Victor Jara, Violeta Parra, Nicanor Parra, Vicente Huidobro”.

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“Es el último discurso de Allende, son esas nuestras palabras, no las de ellos. Decían ‘ya matamos a ese hueón’, pero no, no. Más pronto que tarde se abrirán las anchas alamedas”.

“Aunque uno no sabe muy bien por qué escribe lo que escribe, tampoco”, reconoce.

—¿No?

“Uno tiene como una intuición, una pasión que te va arrastrando, es casi como enamorarse, te enamoraste y no lo pensaste mucho, te enamoraste no más y ahí te fuiste con todo, o no te fuiste también”.

—¿Por qué nunca ha judicializado lo que vivió en dictadura?

“Quizás tenía un concepto erróneo de lo que es la tortura, a mí solo me dieron tremendas pateaduras, nunca con electricidad, por ejemplo. Siempre lo consideré como sacada de cresta, pero sí he testificado para otros que estuvieron en el barco conmigo. Además, después de que gané el Premio Nacional de Literatura, me pareció que tener otra pensión era de frescolín. Me dan 180 mil pesos por eso y es un privilegio pensando en las pensiones que hay en Chile”.

Zurita demoró años en aceptar que fue torturado y lo reconoce en voz baja. “Nadie tiene derecho a hacer lo que hicieron”, dice.

“Cuando me tomaron detenido y nos iban a subir al barco, los milicos lanzaron mi carpeta de poemas al mar cuando, eso sí que fue un infierno. Donde nos metieron, tenía el peso de todos los que estaban encima mío y sentía a todos los que estaban debajo.  Con el taco del zapato sentía que le estaba cortando la pierna a alguien y yo solo gritaba, perdón hueón, perdón. Mi carpeta de poemas era lo único que tenía para aferrarme a la realidad, que no era un sueño, una pesadilla, que había existido un antes”.

“Ahí fue cuando escuché el primer chiste contra la dictadura militar, fue increíble: ¿Por qué en la patrulla militar andan de tres? Porque uno sabe escribir, el otro sabe leer, y el tercero cuida que los otros dos intelectuales no se pasen para la izquierda. No habían pasado 10 minutos y ya estaba el primer chiste”, se ríe mientras recuerda.

Pero los daños físicos y psicológicos permanecieron, y Zurita les dio voz y forma.

—¿Qué piensa del negacionismo actual?

“Es tremendo lo que está pasando, el neofascismo viene con tuti, pero hay tantas culpas nuestras también. Promesas incumplidas, corruptelas, eso afecta. Para mí siempre los militares han sido raros y corruptos, pero la clase política me impresiona. Hay un desfase entre ellos y lo que la gente siente”.

“El fascismo es una cosa perversa porque es muy fácil echarle la culpa a los inmigrantes. Vi un meme sobre los que se ríen de cómo se ve un niño de Haití bailando cueca y decía ‘imagínate cómo te ves tú bailando reggaeton puertorriqueño’, puta que me reí, absolutamente genial”.

—¿Se combate el fascismo con memes?

“Sí, se combate con humor, con chistes y si hay que llegar a los combos y las patadas también, fíjate. Porque ellos están dispuestos al exterminio. El fascismo es una teoría oscura que está dispuesta a volver a Auschwitz, dispuesta a matar a todos los migrantes, por lo tanto, se debe combatir en todos los frentes, incluso a las patadas y a los combos”.

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“¡Adelante con los memes!”, se ríe.

—¿Y Kast?

“Lo veo como una pesadilla, su discurso es muy simple. Es un millonario que culpa a los migrantes y eso es muy fácil. Se van armando broncas, los grandes odios y así funciona el fascismo. José Antonio Kast es tan despiadado como Bolsonaro, no creo que sea mejor que eso. Pero le tengo mucho temor a los evangélicos, los fanáticos”.

Zurita dice que detesta a la clase política. “Pero qué diablos, seguiré votando mientras no haya otra cosa”, reclama resignado.

—¿Y por qué volvió a ser militante comunista?

“Me siento bien con ellos, son mis amigos. Fui comunista cuando joven y ahora de viejo, los comunistas son leales hasta el final”.

“Y me encanta el himno: ‘Arriba los pobres del mundo, en pie los esclavos sin pan, alcémonos todos al grito ¡Viva la Internacional! Removamos todas las trabas que oprimen al proletario, cambiemos el mundo de base ¡hundiendo al imperio burgués!”, canta a todo pulmón.

—El sistema capitalista ha destruido la naturaleza que protagoniza sus poemas ¿Qué opina?

“Es feroz, feroz, una masacre, es una masacre, y por supuesto la lucha por ello es tremenda. Debe darse en todas las formas, esto es el resultado de los viejos, pero también el resultado de la humanidad entera. Quizá la humanidad simple y llanamente no merece la pena seguir viviendo, tan simple como eso. Son tantas las masacres ya, son tantas las bombas de Hiroshima, los Auschwitz. Tal la muerte, la crueldad humana, a nivel colectivo a veces es tan grande, casi una cosa bíblica”.

“Juntos, jóvenes y viejos reventaremos, ay amor, reventaremos, ay amor… dice un poema”.

—¿Salvaría a la humanidad o la condenaría?

“Yo no soy dios, por supuesto que no soy dios. De repente me dan ganas de condenarla de frentón, que se acabe todo esto, se merece, y esos tipos que son tan malvados, que son capaces de dejar que migrantes mueran en el mar, eso es responsabilidad de todos, incluso de mí, siento que somos responsables de todo”.

Zurita piensa que dios es quien aparece cuando todo ya está roto. “Te salva de la muerte, te lleva de un instante a otro. Enciendes el fuego, pones el agua en la tetera, preparas el té, y de repente aparece un poemita. Para mí eso es dios, el que te salva en la última instancia, nada más, para todo lo demás no existe”.

El documental que acaba de estrenar el poeta relata en detalle su vida y su arte. Zurita no cree en pasiones a medias y dice que tampoco hace mayores alardes. “El documental es una experiencia de amor… de un tipo que se aferra al arte para sobrevivir”, se ríe.

*Fotografías: Israel Acevedo

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