Opinión

Todo mal

Contact Person Francisco Eguiluz

Ha pasado más de una década desde la irrupción de las Sociedades Anónimas Deportivas (SADP) en el fútbol chileno y los resultados dan para todos los gustos. En lo deportivo, una que otra buena actuación internacional, con el título de la Sudamericana 2011 para la “U” como único éxito palpable. Los papelones han sobrado, tanto dentro como fuera del terreno.

Quienes debían profesionalizar el deporte de más interés en el país, la verdad es que han brillado por hacer todo lo contrario. Tal vez, el gran punto a favor sea que pagan los sueldos al día, sin embargo, eso es la base mínima exigible.

Esta semana, cuatro equipos nacionales pudieron ver truncada su participación internacional —el quinto era la “U”, pero ya estaba fuera por sus propias miserias— por un descuido de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), la orgánica “sin fines de lucro”, que agrupa a las SADP. Las buenas relaciones con la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), salvaron hasta ahora la participación chilena, sin embargo, errores como éste no puede tolerarse y debe haber claridad respecto de quiénes son los responsables y cómo van a pagar la cuasi catástrofe que pudieron originar.

Profesionalizar es la palabra: La ANFP no es más que el fiel reflejo de muchos de los clubes que la componen. Por ejemplo, la Universidad de Chile está sumida en su enésima crisis institucional desde que se formó Azul Azul. La institución comandada por Carlos Heller tuvo la oportunidad de darle una nueva cara a su desarrollo, pero el timonel y su directiva llena de parientes y amigos, prefirió entregarle las riendas a Mario Conca, un ex ejecutivo de televisión —con gestiones muy cuestionadas— y con poca experiencia en lo que mueve este negocio, que es el fútbol. Conca, estando a cargo de una delegación azul en Antofagasta, terminó preso por robar fichas del casino junto a uno de sus hijos; hoy está a cargo del proyecto de desarrollo de uno de los clubes más importantes del país.

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En Colo Colo, la gestión de Blanco y Negro ha estado teñida de escándalos y peleas personales. El club está a cargo de dos personas sancionadas por hacer trampas en sus negocios personales y eso lo están trasladando, lamentablemente, al campo del deporte. Por ejemplo, hasta ahora nadie se explica el gasto de 450 mil dólares por el préstamo de Danny Pérez, un juvenil venezolano que no tenía talento ni siquiera para jugar en las series menores de los albos, o la entrega de su carta a Damián Pérez, el lateral izquierdo que eligió el gerente deportivo Marcelo Espina el año pasado y que terminó fichando gratis en San Lorenzo de Almagro. Ambas movidas, con beneficio evidente para los representantes de ambos jugadores, Fernando Felicevich y Cristián Bragarnik, respectivamente.

Visto cómo funcionan las principales SADP del país, no debiera llamar la atención el actuar negligente e inapropiado de la ANFP. Ya lo hizo el año pasado con Deportes Temuco, a quién lo le avisó que tenía un jugador que no podía jugar la Copa Sudamericana y terminó eliminado por secretaría. La inoperancia, la mala gestión y el despelote se normalizaron en el fútbol chileno y llegó el momento que alguien empiece a pagar.

21 febrero, 2019

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