Opinión

¿La manzana podrida o la estructura del cajón?

Contact Person Jaime Pilowsky

04/03/2019


“Son hechos aislados, estúpido”. Esta frase, parafraseando al estratega de la campaña de Bill Clinton James Carville, ha sido la respuesta recurrente de diversos actores para calificar los actos de corrupción ocurridos al interior de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Se trata, de este modo, de resaltar que estas situaciones delictuales que se investigan en la Justicia se producen por la existencia -normal en toda institución- de “manzanas podridas”.

No soy de aquellos que les gusta “meter a todos en el mismo saco”. En su mayoría, quienes siguen la carrera militar son personas honradas y probas. Sin embargo, es tal la cantidad y magnitud de situaciones que reflejan una laxitud ética y normativa al interior de las instituciones armadas, que resulta esencial desterrar la “tesis de los hechos aislados” y profundizar en las causas estructurales de esta corrupción. En resumen, debemos pasar de la “manzana podrida” a analizar también la “estructura del cajón”.

En este contexto, debiéramos ser capaces de responder: ¿Cuáles fueron las causas que explican el fraude en el Ejército con los fondos de la Ley del Cobre; el fraude en Carabineros: la malversación de caudales públicos por un ex Comandante en Jefe del Ejército; el uso irregular de los gastos reservados en ambas instituciones; las querellas del Consejo de Defensa del Estado por licitaciones irregulares?

¿Qué explica que un funcionario público no vea lo ilícito de utilizar el avión institucional para ir de vacaciones a la Serena; o comprar con gastos de representación un traje de dos piezas para regalárselo a una subalterna? ¿Es acaso lícito que se abulte el valor de los pasajes aéreos para poder utilizar el excedente en “escalas en ciudades turísticas”, invitar a la señora, e incluso recibir el “saldo a su favor”?  

¿No hubo ningún funcionario al interior de la institución que hiciera presente la ilicitud de estos actos?

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Estimo que la principal explicación a estas interrogantes radica en la “excesiva autonomía de las FFAA”. Esta “autonomía institucional” tiene presencia -con distintos grados- en una serie de ámbitos, destacando entre ellos: en lo financiero (pisos presupuestarios y de gastos reservados; sistema de financiamiento del Potencial Bélico vía ley del Cobre; en lo reglamentario (excesiva potestad auto-regulatoria para dictar normas y procedimientos internos); en lo judicial (Código de Justicia Militar); en lo patrimonial ( más de 5.000 terrenos y Ley FORA); en lo previsional (sistema excepcional de pensiones, Mutualidades).

Ahora bien, si a la “independencia” en la áreas señaladas, le agregamos, entre otros factores, el alto “poder de compra” y de administración de recursos; una normativa de adquisiciones “antigua, contradictoria e insuficiente” y bajo reserva; una cultura organizacional jerarquizada y que apela a una supuesta mayor “honorabilidad”; la inexistencia de sistemas de control internos eficientes; el uso abusivo de la confidencialidad y el secretismo, de manera innecesaria y poco razonable (artículo 346 del Código de Justicia Militar); una normativa que limitaba la responsabilidad administrativa (prescripción de 6 meses en Carabineros); la  pasividad de los Ministerios en establecer controles; la particular “deferencia” que tuvo la Contraloría con las FF.AA y Carabineros; las escasas facultades del Congreso en la materia; e incluso un “estatuto” de amplios privilegios, estamos en presencia de un medio ambiente que facilita la corrupción.

En base a lo expuesto, resulta obvio que equivocamos el camino si pensamos que para la solución basta “sacar a las manzanas podridas” o modificar sólo aspectos administrativos y operativos. Las reformas deben apuntar a un cambio profundo, sustancial y sistémico de la institucionalidad, lo que implica, lógicamente, un mayor control y supervisión del poder civil sobre las instituciones.

Tal como existen las enfermedades en el mundo, la corrupción seguirá existiendo en la sociedad. Pero ello no debe ser obstáculo para poner todos nuestros esfuerzos en implementar acciones para reducirla a su mínima expresión. En este caso, se trata de diseñar e implementar un riguroso y dialogado Plan (con objetivos, medidas y etapas) que permita construir un nuevo “cajón de manzanas”.

*Jaime Pilowsky, abogado y ex diputado DC

4 marzo, 2019

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