Reportajes

Envejecer en Chile: Jubilación y trabajo, deudas y un cambio de mirada

7 julio, 2019


Hoy existen 600 mil adultos mayores con morosidad económica, mientras que 800 mil trabajan. Un porcentaje declara hacerlo por necesidad económica, mientras que otro, por gusto. Por otra parte, el 15% de los casos de personas que se declaran en quiebra corresponden a ancianos. 


Inés nació en 1941, hoy tiene 77 años y es parte, según la última encuesta Casen (Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional), del universo que corresponde a la población adulto mayor (más de 60 años) en Chile, el cual alcanza el 19,3% de la población, es decir, 3.439.599 personas. Según estimaciones, para 2050 los adultos mayores constituirán más del 33% de la población. Este escenario ha transformado a Chile en uno de los países que envejece a un ritmo acelerado.

“Chile envejeció y no lo vimos venir. Esto ha implicado que un costo alto en calidad de vida de los mismos, pues no tomamos como país las medidas con tiempo, pero tenemos varios años, por lo menos una década para alcanzar niveles más o menos aceptables”, señala Alejandra Valdés, directora ejecutiva de Fundación Amanoz, la cual trabaja con voluntarios (as) que acompañan a personas mayores en sus casas o en residencias de larga estadía.

600 mil endeudados (as)

Inés hoy no tiene deudas, pero esto se debe a que vive con lo justo, no tiene casa propia y algunos de sus hijos (as) la ayudan económicamente.

Hoy en día existen 600 mil adultos mayores endeudados, según cifras de Chile Deudas y un estudio realizado por la Universidad San Sebastián y Equifax. En promedio, sus deudas bordean el millón 800 mil pesos, lo que triplica los ingresos mensuales obtenidos por ellos (alrededor de 600 mil pesos).

“Esto es muy preocupante, dado que la toma de deuda por parte de los adultos mayores en Chile es bastante costoso y para poner en contexto esta cruda realidad, estas personas ancianas utilizan los dineros para comprar medicamentos y costear sus procesos médicos, esto es, para subsistir”, expresa el director de Chiledeudas.cl, Guillermo Figueroa.

Figueroa señala además una cifra alarmante: existen cerca de 50 mil adultos mayores que cuentan con una pensión solidaria básica (no más de 107.000 pesos) y que se encuentran en categoría de morosidad: sus deudas registran 750 mil pesos, lo que equivale a siete veces más sus ingresos.

En tanto, y tal como señala el estudio mencionado anteriormente, para aminorar las deudas, se estima que 15% de los casos de personas que se declaran en quiebra corresponden a adultos mayores, es decir, 600 personas. Dentro de estos procesos el individuo tiene dos opciones: renegociar sus deudas (lo que debe ser aprobado por sus acreedores) o, liquidar sus bienes.

¿Trabajar o jubilar?

Si bien las mujeres jubilan a los 60 años, Inés trabajó mucho más tiempo. Ofició de costurera, vendedora y agente de seguros, entre otras cosas. Si bien trabajó por decisión propia hasta pasados los 60, también lo hizo por necesidades económicas.

En este sentido, y como una de las razones que señalan adultos mayores para trabajar (necesidad económica), se estima, que 800 mil personas que ya traspasaron la edad de jubilar trabajan en Chile. Esta tasa ha aumentado aceleradamente, alcanzando hoy a ser el 38,4%, una de las más altas de los países de la OCDE. Según cifras recabadas por la Cuarta Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez, publicada en 2017, del 32,4% de los adultos mayores que trabajan, el 57,4% lo realiza por cuenta propia, mientras que un 34,2% como empleado (a). Dentro de las causas para trabajar luego de la edad de jubilación, el 66% señala que lo hace por necesidad económica. No obstante, un 79%4 señala que “le agrada mucho su trabajo”, y que, incluso no tuviese necesidad económica, lo seguiría haciendo (69,2%).

Según Octavio Vergara, presidente nacional de Senama (Servicio Nacional del Adulto Mayor) señala que “el hecho de que hoy varias personas mayores estén dentro del mercado laboral no es un problema, sino un desafío. Entendemos que varias se mantienen trabajando por una serie de necesidades, principalmente económicas, pero también existen varios adultos mayores que se mantienen en el mercado laboral por decisión propia, debido a que esto les permite sentirse activos, útiles y mantener redes de contacto, lo que les hace muy bien para prolongar su independencia y tener una buena calidad de vida en la vejez”, quien agrega que “las personas mayores acumulan una serie de experiencias que puede ser muy bien aprovechada por las empresas. En este sentido, como servicio lo que estamos realizando es generar las condiciones para que aquellas personas mayores que quieren trabajar por voluntad propia, tengan las condiciones necesarias para hacerlo”.

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Para la directora ejecutiva de Amanoz el que las personas mayores continúen desempeñándose laboralmente luego de su edad de jubilación es importante, puesto que les mantiene activos y activas, permitiéndoles “envejecer mejor y más positivamente”. Sin embargo, es enfática en señalar que el trabajo tiene que responder a condiciones dignas: “ojalá trabajaran o hicieran lo que les apasiona y estuvieran donde realmente pueden aportar. Y no detrás de ganarse una moneda más o menos para lograr vivir dignamente”.

Al ser consultada sobre una posible solución para las condiciones laborales de los adultos mayores, Valdés es crítica al señalar que no hay: “solución inmediata al tema no hay, sino sólo parches para una generación que construyó el Chile de hoy y se encuentra en proceso evidente de empobrecimiento”. Según la última encuesta Casen, 22,1% de los adultos mayores se encuentran en rango de pobreza.

En cuanto información de la Encuesta de Calidad de Vida Adulto Mayor e Impacto del Pilar Solidario publicada en 2018 y aplicada a 2.523 personas, los ingresos que en promedio recibe un adulto mayor que trabaja, estos rondean los 352 mil pesos: los hombres reciben $433.000, mientras que las mujeres, $283.000. Luego de recibir estos ingresos, los gastos y egresos, son en promedio de $284.000: los hombres gastan $352.000, y las mujeres, $224.000.

Respecto a lo anterior, en lo que más utilizan ingresos es en alimentación (29,6%), luego, en servicios básicos (25,1%), seguido por cable, televisión y teléfono fijo (5,5%), en cuarto lugar, se encuentran los gastos en medicamentos (4,8%).

Para Claudia Figueroa, nutricionista y académica de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, “la alimentación es una de las mayores fuentes de bienestar en un individuo a través del curso de su vida. Ya en la etapa de persona mayor es imprescindible una adecuada nutrición de manera de conservar un buen nivel cognitivo y físico. Es sabido que a medida que envejecemos, desarrollamos sarcopenia [pérdida degenerativa de masa muscular u fuerza], ya sea por un bajo ingreso de proteínas, sedentarismo y cambios fisiológicos propios de la edad, lo que redunda en una menor capacidad funcional”.

La académica agrega que la situación anterior puede retrasarse al existir una “adecuada provisión de proteínas en su alimentación, como asimismo actividad física. En cuanto a vitaminas y minerales son requerimientos vitales pues ayudan en la prevención de enfermedades y con ello un buen desarrollo cognitivo. El aporte de calorías, grasas e hidratos de carbono como los azúcares y fibra debe ser óptimo de forma de lograr un buen estado nutricional, contribuyendo así a mantener la funcionalidad de la persona mayor en su vida, previniendo o retrasando enfermedades, considerando que a medida que aumenta la edad se producen cambios que son normales, pero de no cuidarlos pudieran provocar un evento patológico”.

La jubilación no alcanza

La jubilación de Inés hoy no es suficiente para costear su día a día, especialmente, luego de pagar por sus medicamentos.

Según la Superintendencia de Pensiones, la mayoría de quienes jubilaron en 2017 lo hicieron luego de cotizar en promedio entre diez y quince años, obteniendo 150 mil pesos. Es así como, quienes obtienen una pensión menor a $161.680, reciben un bono de $62.700 en invierno, otorgado por el Estado: este fue entregado a 1 millón 262 adultos mayores.

Al referirse a la reforma de pensiones, el director de Senama manifiesta que “el Gobierno está empujando fuertemente la reforma al sistema de pensiones, aspecto que es una de las principales preocupaciones que tiene este segmento de la población. Por lo mismo, la iniciativa busca mejorar los ingresos de este grupo, tanto en el presente, como en el futuro, con énfasis en las mujeres y en aquellas personas de mayor edad”. Agrega también que “el proyecto incorpora elementos que buscan otorgar mayor tranquilidad a las familias en materia de cuidados, por lo que se incorporó un seguro y un subsidio de dependencia que permitirá que por primera vez se entreguen recursos para apoyar a las familias que están a cargo del cuidado de un adulto mayor con dependencia severa”.

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Menos soledad, más acompañar e integrar

Hoy Inés vive sola en un departamento en Rancagua, con vista a la cordillera. Le gusta navegar por internet y pasar tiempo, dentro de lo posible, con sus familiares. No se junta mucho con amigas ni tampoco participa de alguna agrupación.

Según la Encuesta de Calidad de Vida Adulto Mayor e Impacto del Pilar Solidario, Inés es parte de un 20,6% que vive solo (a), del 67,4% que se comunica por teléfono o computador con amigos (as) y familiares y de un 51,8% se reúne con amigos (as) y familiares (en su caso, familiares). Cifras entregadas por la misma encuesta señalan que existe un 4,1% del universo encuestado que sufre o ha sufrido abandono, mientras un 6,2% se ha sentido tratado con menos respeto que el resto.

Al consultar a Octavio Vergara, director nacional de Senama, por posibles soluciones al abandono de los adultos mayores, señala que el servicio, “como parte del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, tiene dentro de su oferta programática algunas iniciativas que buscan impulsar que las personas mayores se sientan acompañadas y se mantengan activas”. Vergara destaca el programa Vínculos, en el cual participan más de 22 mil personas y está presente en 307 comunas del país: “este programa busca principalmente que los mayores de 60 años vuelvan a tener redes de contacto y apoyo, que les permitan acceder a beneficios y mejorar su calidad de vida. En muchos casos, los grupos de trabajo deciden conformar su propio club del adulto mayor, lo que les permite mantener contacto entre sus integrantes una vez que finaliza su participación en el programa (dos años), postular a fondos concursables, entre otros”.

Otras iniciativas que destaca son los Condominios de Viviendas Tuteladas, los que entregan “una solución habitacional a aquellas personas mayores solas o en pareja que no cuentan con una vivienda. La principal característica de este programa es que el recinto está conformado solamente por personas mayores, lo que permite que puedan compartir entre ellos sus experiencias e historias de vida. Asimismo, son apoyados por un monitor y un espacio comunitario, en el que se desarrollan diversas actividades para su integración y envejecimiento activo”, y los Centros Diurnos, “espacios en los que las personas mayores acceden a un trabajo de prevención y recuperación de las capacidades físicas y cognitivas”.

Para la directora de Amanoz, la soledad en los adultos mayores no ha sido un tema de relevancia a nivel país: “una gran parte de las personas mayores de Chile no está sola, pero la percepción de soledad es alta, pues nuestra cultura y nuestra sociedad no los integra”.

En el mismo sentido se refiere la académica Figueroa, quien argumenta que “es fundamental un cambio de mentalidad en cada uno de nosotros, pues aún la figura de una persona de más de 60 años significa, lamentablemente en muchos lugares, que en lo laboral ya no puede aportar más, no es considerada su experiencia. Es necesario enseñar desde la niñez la relevancia de la experiencia de una persona mayor, la cual puede continuar aprendiendo y enseñando a las nuevas generaciones”.

“Creemos que debemos partir por un cambio de mirada respecto de la vejez, donde todos como sociedad podamos generar mayores espacios de participación e inclusión para las personas mayores. En esta tarea todos podemos aportar, desde la familia, el sector privado, la academia, el Estado y los propios adultos mayores”, enfatiza el director de Senama, quien agrega que “como sociedad debemos comprender que la vida no termina a los 60 años, sino que ahí recién comienza otra etapa, que incluso puede ser la más larga del ciclo vital, y por eso es clave generar espacios de participación que permitan a las personas mayores sentirse integradas, ya que finalmente si un adulto mayor se mantiene activo, con redes de apoyo y con una sociedad que respeta sus derechos, se logra una mejor calidad de vida”.

“Lo más importante y la base es un cambio cultural donde las nuevas generaciones integren a los mayores y donde los mayores sepan la importancia de mantenerse activos, vigentes y aprendiendo continuamente, sentencia Valdés, directora ejecutiva de Fundación Amanoz.

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