Ciencia

De día, hazme dormir: Los costos de un mal sueño y qué hacer para remediarlo

9 agosto, 2019


Un 75% de la población en nuestro continente padece de dificultades para dormir y en el caso de Chile, la situación empeora porque según estudios de la Sociedad Chilena de la Medicina del Sueño (Sochimes), casi un 80% de las y los chilenos no alcanza a dormir la cantidad de horas recomendadas. Es así, como la cura de sueño se plantea como un posible tratamiento.


La historia sucede más o menos así: Morfeo es el dios de los sueños para la tradición griega, sobrevolando la Tierra con sus alas este personaje tenía la capacidad de inducir los sueños de quienes dormían, de aparecerse en ellos y en especial, de permitir que la frágil humanidad descansara de los relatos y las maniobras concebidas por los dioses. Es en estos menesteres que Morfeo termina castigado por Zeus luego de desclasificar a través de relatos en clave onírica algunos secretos a los mortales.

Si trasladamos los componentes de esta historia mitológica a nuestras vidas, Morfeo vendría a ser una suerte de profeta, un iniciador en el camino hacia la plenitud usando el dormir como herramienta sanadora, como dimensión que revela nuestra verdades más profundas.

Acuéstate, levántate

Las cifras mundiales relacionadas con los hábitos del sueño en la población son preocupantes. Considerando que una persona adulta debe dormir entre 7 y 9 horas diarias para lograr conseguir física y psicológicamente un descanso reparador, el estudio realizado por la marca en tecnología de la salud, Royal Philips, señala que aproximadamente un 75% de la población en nuestro continente padece de dificultades para dormir y en el caso de Chile, la situación empeora porque según estudios de la Sociedad Chilena de la Medicina del Sueño (Sochimes), casi un 80% de las y los chilenos no alcanza a dormir la cantidad de horas recomendadas.

El psicólogo, Diego Romero, señala que la falta de descanso y el mal dormir nos afecta en dos focos principalmente: el cognitivo y el emocional. Un cansancio mental genera en nosotros “irritabilidad, pensamientos negativos, sentimientos de tristeza, ansiedad, una menor regulación de nuestra conducta, debido a que no se logró realizar un adecuado procesamiento de la información del día”, explica Romero.

Algo importante de mencionar es que estos síntomas pueden ser una señal de distintos trastornos del sueño, pero también una anomalía en el ciclo del sueño puede ser un síntoma en sí, alertando de una patología mayor como depresión o trastorno de ansiedad. Siempre es bueno consultar con un médico o psicólogo para poder precisar en eso.

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No puedo seguir así

Paula (42) dice que ahora es otra persona, que si la hubiésemos conocido hace un par de años no la reconoceríamos. Profesora en un colegio de la Región Metropolitana, relata sus episodios de angustia en medio de una clase dictada a sus estudiantes una mañana cualquiera.  “Yo ya tenía dificultades para dormir, dormía a tropezones”, recuerda con el ceño fruncido volviendo a ver esas viejas escenas que sumadas a la sobrecarga laboral de ese entonces -por ser profesora jefe, de asignatura y asesora del centro de estudiantes- más los costos de acompañar a su papá que padecía de un cáncer por esos años, la tenían al borde del colapso.

Federico (58), empezando la década del dos mil, trabajaba en la Mesa de Dinero de un banco de la capital, función que reviste un nivel enorme de estrés y, pasados algunos años, generó en él dificultades para armar frases complejas cuando hablaba o protagonizar episodios como ducharse dos veces en la mañana, porque olvidaba que lo había hecho anteriormente.

Tanto Paula como Federico, tras sesiones con psicólogos y psiquiatras y debido a lo complicado de sus cuadros de salud, calificaban para someterse a una cura de sueño.

Solo déjame dormir

La curas de sueño pretenden ser un proceso reparador que se establece desde dos mundos, uno activo y otro pasivo. El pasivo es la intervención en manos de un profesional o de equipos multidisciplinarios donde lo que se hace es administrar pequeñas dosis de fármacos para inducir el sueño. Desde aquí se monitorean los distintos signos de la persona y la forma de dirigir el sueño en los pacientes varía según cada paciente.

La cura de sueño en modo activo trata de generar cambios conductuales y hábitos en las personas para mantener los beneficios alcanzados con el proceso anterior. Estos cambios siempre son diferentes en cada persona, pero están relacionados con hábitos y conductas (alimentación, actividad física, horarios, transformar algunas características de la habitación como temperatura, luz y tipo de almohadas que usamos, incluso).

Paula, que trataba un cuadro agudo de insomnio asociado a algunas crisis de angustia en periodo de vigilia, recibió un tratamiento por tres días en una clínica del sector oriente, en donde dormía gran parte del día y solo era despertada para alimentarse. Por otro lado, Federico con un diagnóstico de discontinuidad de memoria, estuvo internado durante tres días en una clínica del sector El Arrayán y su tratamiento fue mucho más drástico, ya que durante 72 horas estuvo completamente dormido gracias al suministro de fármacos y alimentado a través de una sonda.

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Lo que pasa al despertar

El relato de Paula tras experimentar esta cura de sueño es revelador. “Creo que después del tratamiento, nunca sentí las cosas con tanta claridad”, comenta asintiendo con casi todo el cuerpo. Ella explica que el estado en que se encontraba física, psíquica y emocionalmente era deplorable y que tras este procedimiento en todas sus etapas, “recuperé de alguna forma la vida que perdí cuando me ganó la vida adulta y sus problemas”.

Federico en tanto, es entusiasta al describir lo sucedido tras esta terapia a la que se sometió hace casi 20 años atrás. “Salir de ahí fue como cuando te metes a una caletera y ves cómo pasa el mundo de la carretera a toda velocidad al lado tuyo pero tú avanzas a una velocidad distinta, sin urgencia”, grafica usando esta imagen, sin embargo, y a pesar de seguir al pie todas las indicaciones médicas, Federico después de cuatro meses del alta volvió a sufrir los mismos trastornos que lo habían llevado a esa terapia. Así que seguro de qué era lo que finalmente lo condenaba a ese estado de salud, cortó definitivamente con ese trabajo y empezó a buscar nuevos horizontes laborales, “porque aunque suene cliché, la calidad de vida siempre es lo primero”.

Con Paula no pasó tan distinto, porque luego de medio año de haber salido de esa terapia, empezaron nuevamente los llantos en mitad de la clase sin motivo alguno y algunas dificultades para conciliar el sueño. Esta profesora hoy trabaja en el ámbito de la educación pero desde otra trinchera, generando estrategias y modelos de enseñanza para ser aplicados en colegios e instituciones educativas.

Finalmente, tanto Paula como Federico coinciden en que la vida de estos tiempos, la vida vertiginosa, la precarización laboral y la velocidad de competición con la que todo sucede, les pasó la cuenta a ambos y que más allá de cualquier éxito profesional, pudieron conseguir un poco más de felicidad y de paz atendiendo al llamado que sus propios cuerpos les hicieron, armando la vida con el ojo puesto en que la pega es simplemente eso y en que también somos descanso, somos ocio, somos noches de buenos sueños.

9 agosto, 2019

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