Sociedad

¿Dios está aquí?: Escenas de personas que renuncian a la iglesia católica 

20 agosto, 2019


Hace algunas semanas, el abogado laico de la congregación jesuita, Waldo Bown, compartió los resultados de la investigación realizada luego de la denuncia de la teóloga Marcela Aranda en contra del fallecido excapellán del Hogar de Cristo, Renato Poblete. La iglesia católica recibía otro golpe a sus cimientos y a su credibilidad con el desarme de una figura icónica como la de Poblete quien fue responsable de más de 40 años de abusos confirmado por las historias de 22 víctimas de sus delitos.

Las discursividades con las que convivimos en distintos escenarios cotidianos desde hace no mucho tiempo, cargan con una deslegitimación profunda respecto al clero y a muchos de los deltas por donde se desplaza. Para esa población que vivió su infancia o adolescencia en dictadura, seguro resultaba impensable la posibilidad de poner en tela de juicio la figura eclesial con su acción irrefutable en colegios, capillas y decisiones de Estado hasta que empezaron a revelarse distintos crímenes -generalmente de naturaleza sexual- perpetrados por sacerdotes y religiosas en distintos contextos y desde distintas posiciones de poder dentro del organigrama eclesiástico.

La encuesta de Plaza Pública Cadem de julio de 2018 arrojaba una cifra asombrosa respecto al rechazo de la población a la iglesia católica: 76% de las y los encuestados rechazaba la imagen de esta institución dentro de su construcción de país. El dato parecía abrir las puertas monolíticas que la tradición católica apostólica romana tenía a su cargo permitiendo que las voces disidentes, las miradas herejes resonaran entre la población local.

La apostasía: “Hijo, ¿por qué me has abandonado?”

A Patty la bautizaron cuando tenía poquitos días de nacida. Concebida y parida en San Antonio, Patricia L., en sus 37 años de vida pasó por todos los procesos que exige el catolicismo para calificar dentro de sus fieles. Educada en colegio religioso, estuvo sujeta al bautismo, primera comunión, EJE -ese que no se cuenta y que tienes que vivirlo-, catequesis y acciones parroquiales, todos movimientos que nunca terminaron por cuajar en su mirada del mundo y de cómo vivir su vida.

En el caso de Jaime Parada (41), ex concejal por Providencia y activista por los derechos de la comunidad LGBTI+, su relato parte señalando que fue criado como católico y que “me hicieron creer que tenía fe pero en realidad nunca la tuve”, como si en cada palabra articulada vibrara fuerte toda su resistencia a esta institución.

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En ambos casos sucedió que todo terminó con una jugada final, un último movimiento que reviste harto tiempo y paciencia pero que les aseguraría distanciarse de manera oficial de una institución que no los representa y sobre todo, que les merece grandes críticas: este movimiento es la apostasía.

La apostasía es la renuncia formal a pertenecer a cualquier tipo de religión o a cualquier institución de la que se es parte de modo oficial, en ella se expresa contundente la energía que moviliza a la libertad de conciencia. Pero ¿qué hechos pueden motivar una decisión así? ¿cómo se hace para renunciar a esta filiación?

Manual para apóstatas

Patricia nunca se sintió cómoda rezando el credo o yendo a las fiestas que la pastoral ofrecía durante su infancia y juventud. “Todos los recuerdos de pendeja en mi colegio de monjas son completamente olvidables”, comenta mientras repasa algunas escenas de su bitácora, porque si hay algo que siempre la ha caracterizado es “preguntar por todo, discutir por todo”, como si la desobediencia fuera una necesidad íntima, permanente en ella. Por eso la decisión de renunciar a las filas de esta iglesia.

Parada, por su parte, comenta que el 2012 cuando quiso hacer el trámite de la apostasía, ya estaba seguro “que no tenía fe” y que la necesidad de desafiliarse de esta institución era de suma urgencia porque además, él ya la concebía como “profundamente corrupta”.

Los trámites para iniciar el proceso de apostasía a la iglesia católica exigen tiempo, sin embargo son abordables y al alcance de quien lo desee. Lo primero es saber el lugar en donde fuiste bautizada/o, luego presentarte en esa capilla, parroquia o iglesia y solicitar tu certificado de bautismo -documento que tiene un costo-; el paso siguiente es averiguar la diócesis o arquidiócesis -en el caso de la Región Metropolitana- a la que perteneces y con el certificado de bautismo en tu poder solicitar un formulario de apostasía que debes llenar y después concertar una especie de entrevista con un párroco responsable quien te preguntará los motivos de tu renuncia y los derechos que perderás como feligrés; una vez realizado este procedimiento, el diócesis notificará de manera interna al lugar en donde te bautizaste que dejas de ser pertenecer a la iglesia para que agreguen en sus registros una nota con tu apostasía.

Cabe mencionar que no existe una instancia formal para asegurar que tu desafiliación se cumplió correctamente, a menos que hagas un seguimiento del procedimiento presentándote en el lugar en donde recibiste el bautismo y comprobar si se actualizó el registro con tu nueva situación.

Otro reino de los cielos

Jaime es lapidario al concluir sus juicios sobre esta institución señalando que ella “ha mostrado una incapacidad para caminar a la altura de los tiempos”, como si siempre estuviera cien años atrás de lo que verdaderamente sucede y lo ejemplifica con hechos como el matrimonio igualitario en donde la sociedad chilena mayoritariamente adhiere a su implementación “con más de un 60% de aprobación”, sin embargo la iglesia “desde el Papa hacia abajo” sigue trabada en posiciones tibias y llena de señales contradictorias.

Patricia, confiesa al final que su acción apóstata es casi “un acto de fe”, porque ella sigue creyendo en algo superior, en una fuerza mayor que identifica como Dios pero que dista absolutamente de toda “la maquinaria oscura en la que se ha convertido la iglesia católica”. Y agrega que se tomó todo el tiempo para hacer esta renuncia porque cree que es posible vivir la espiritualidad de manera distinta, a otra escala, y espera que “esta iglesia empiece a pedir perdón y empiece a hacer las cosas bien”, mientras ella transita su fe por otros escenarios, convencida que es mejor alcanzar “otro reino de los cielos”.

20 agosto, 2019

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