Sociedad

Joven golpeado por Carabineros que cayó al Mapocho: “Me llegó un lumazo que me dejó inconsciente y me caí”

21 noviembre, 2019


“Yo veía los casos de las personas que pierden sus ojos, que quedan ciegos y los testimonios dicen que los Carabineros hasta se burlan de ellos. Y me causa por dentro mucha impotencia. Y quizás yo no aporto mucho, pero estando ahí con mi presencia, siento que apoyo. Y me tocó a mí vivirlo en carne propia”, explica Mauricio Muñoz, dos días después de haber caído al río Mapocho, por un golpe en su cabeza dado por un carabinero, la noche del lunes 18 de noviembre.


“Yo soy trapecista, he tenido muchos accidentes de trapecio. He hecho telas también, de las telas me he caído tres veces al piso. Del trapecio me he caído muchas veces, con malla. Y también hago otros actos que son sin malla y también he caído de altura, desde seis metros y nunca me ha pasado nada, porque nos enseñan cómo caer. Lo primero que nos enseñan como trapecistas es saltar a la malla, cómo caer. He tenido muchos accidentes, en septiembre tuve el último y nunca me ha pasado nada. Esta vez caí de ¿cuatro metros? desplomado, inconsciente. Me llegó un lumazo que me dejó inconsciente y me caí. He tenido muchos accidentes y este es el primero que me deja así”.

Esto es lo que relata Mauricio Muñoz (27) en el sillón de su casa en Quinta Normal, dos días después de haber caído al río Mapocho después de haber recibido un golpe del bastón de servicio de Carabineros en su cabeza. Todo esto, el lunes 18 de noviembre pasadas las nueve de la noche en Plaza Italia, en medio de una “encerrona” de Fuerzas Especiales a los manifestantes.

LA “ENCERRONA”

El día lunes, Mauricio fue con un grupo de amigos a la manifestación en Plaza Italia, ahora rebautizada como Plaza de la Dignidad. Con él estaban Catalina Bustos y los hermanos Kathy e Iván Bravo. Horas antes, temprano, habían decidido hacer sándwiches y compartirlos con la gente que llegaba a la marcha. Cuando se les acabaron, se dirigieron cerca del monumento a Baquedano, donde estaba la mayoría de los manifestantes cantando y mostrando sus carteles.

“Minutos antes de que esto empezara (la ‘encerrona’), yo estaba grabando un video y sentí una alegría. Una sensación de felicidad. Porque veía a toda la gente que estaba ahí y éramos como hermanos, como familia. Un muchacho se acercó, muy amable y hablábamos, sin conocernos. Yo no conocía a nadie, pero la gente se acercaba y hablaba como si fueran tus amigos de toda la vida. Y eso me emocionaba, pensar que el pueblo está unido. Me sentí bien”, relata Mauricio.

Pero el ánimo de la calle cambió, pasadas las nueve de la noche. “Estábamos cerca del monumento y fue muy rápido, de repente, la gente empezó a correr y nosotros empezamos a ir con ellos porque venía un ‘guanaco’ desde Alameda y desde Vicuña Mackenna venían Carabineros, así que corrimos hacia arriba. Luego empezaron a venir desde Bustamante y en esa confusión, había mucha gente corriendo. Algunos corrían para un lado, otros para el otro. Nadie sabía para dónde correr, porque venían Carabineros de todas partes. En eso se perdió el hermano de Kathy. Ella estaba muy desesperada por querer encontrarlo, así que nos quedamos un momento esperando para verlo. En ese momento vi mucha gente desesperada saltando al río, cruzando el agua. Vi una muchacha que se cayó y cuando intentó levantarse por detrás aparecieron Carabineros y la llenaron de lumazos. Había un señor que buscaba a su hija también. Había mucha gente asustada, con miedo”, dice.

“Yo también me asusté y quería salir de ese lugar, pero era muy difícil pasar por donde estaba toda la gente, así que vi la opción de saltar la reja que está a la orilla del río. Hay un pequeño trecho en donde se puede caminar, por el lado del río, al lado de la reja. Será un pedacito de cemento de cincuenta centímetros quizás, y uno puede pasar por ahí. Yo quería pasar la reja para avanzar más rápido por ahí. En ese momento yo pasé mi pierna derecha, mirando en dirección hacia el puente Pío Nono y cuando voy a subir el pie izquierdo para pasar a ese pedazo de cemento, por detrás me llega un lumazo en la cara. Yo no alcancé a ver antes al policía. Antes de sentir el golpe vi a algunos Carabineros como a tres metros, y eso me dio mucho susto, porque nunca había estado tan cerca de ellos en las manifestaciones, siempre voy atrás. Cuando iba cruzando la reja e iba a pasar el otro pie, siento el golpe del lumazo y me desplomé. Me fui al río con el mismo impulso del golpe y de ahí para mí es todo confuso”.

Kathy presenció ese momento del golpe y la caída. Explica que mientras intentaban escapar “un carabinero llega desde atrás, le pegó un lumazo a Mauricio y él cae. Yo solo lo vi caer, pero al darme vuelta, los Carabineros gritaban ‘avanza, avanza’, pegando lumazos. Recibí un lumazo en el brazo. Ni siquiera pude ayudarlo, porque como Carabineros me estaba empujando para que yo avanzara, lo tuve que dejar ahí tirado en el río. Ahí empecé a gritarle a la gente que estaba abajo pidiendo ayuda. Era gente que había saltado, porque como Carabineros estaba vuelto loco, la gente se empezó a tirar para poder arrancar hacia el otro lado de la calle. Yo le pedí ayuda a ellos. Menos mal lo socorrieron, pero yo no pude hacer nada porque Carabineros me empezó a golpear, golpearon a todos los que iban pasando”.

“Yo vi que gente que iba cruzando el río corriendo se devolvió para poder ayudarlo, porque Mauricio no se movía. Quedó ahí tirado y con el golpe que recibió en la cabeza más el golpe que recibió abajo, yo creo que estaba muy aturdido en ese momento”, explica Kathy.

En este video realizado por Jaime Díaz hay testimonios de personas que presenciaron la caída:

 

Aunque después de la caída Mauricio estaba confundido, con el paso de los días ha logrado recordar algunos momentos con claridad. “Cuando estaba ahí, en el suelo, las personas que me ayudaron se pusieron como escudo humano para protegerme, porque los policías estaban apuntando. Habían algunos abajo que, enojados con los Carabineros, les gritaban cosas, y los otros les decían que no gritaran nada porque nos iban a disparar. Y se pusieron todos como escudo delante mío con las manos arriba, pidiendo que no dispararan. Yo podía escuchar, pero no veía nada por mi ojo izquierdo y me asusté, pensé que había perdido mi ojo, pero creo que era por la sangre que no veía”.

“Tengo una foto que me tomé en el momento después de caer, cuando estaba abajo. Me tomé una foto para poder ver cómo tenía mi cara, porque miré mi brazo y estaba lleno de sangre y yo no sabía de dónde venía la sangre. No veía heridas, entonces unos muchachos que estaban cuidándome, me pasaron mi teléfono, tomé la foto y me vi, ni siquiera reaccioné. Me acuerdo que el joven que me trataba de mantener despierto me empezó a preguntar de dónde era, qué hacía. Le conté que era de circo y me dijo que él también hacía circo. ‘Yo hago contact’, me dijo”.

“Recuerdo que una chica estaba grabando, me parece que le dije que no grabara. Luego de eso llegaron los bomberos, me tocaron todo el cuerpo para saber si tenía más lesiones, me tocaron la columna, las costillas, cuando me tocaron los brazos pegué un grito, se dieron cuenta que tenía el brazo quebrado. No podía caminar tampoco. Entonces, entre dos bomberos me tomaron y me subieron por la escalera y me llevaron en una ambulancia a la Posta Central. Arriba me empezaron a preguntar por mi nombre, la fecha y yo no me acordaba. Me asusté mucho, me dio mucho miedo y empecé a llorar, porque no me acordaba de nada. Ellos me tranquilizaron, me amarraron a la camilla y cuando íbamos a la posta trataba de hacer memoria, de a poco fui recordando cosas, como que era lunes, mi nombre, y se los empecé a decir. Les pedí mi teléfono para llamar a mi hermana”.

Desde otro lugar, también arrancando de Carabineros, Catalina e Iván vieron lo que pasaba en el río. “En un momento había un grupo de primeros auxilios, como diez personas, eran todos jóvenes y ahí logramos identificar que al frente había dos carros de bomberos. Nos acercamos y nos consultaron si éramos amigos de la persona que se había caído. Nos dimos la vuelta por Pío Nono y ahí supimos que era Mauricio al que, entre otras personas, habían subido con escalera, pero ya se lo habían llevado a la ambulancia”, recuerda Catalina.

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“Se acercó un carabinero a bomberos a preguntar por el individuo que se había caído. Yo le pregunté a los bomberos si el carabinero les estaba hablando sobre Mauricio y ellos nos dijeron que sí, que ellos les habían dado el nombre a Carabineros, pero nada más. No me dieron más información, así que no sé qué más preguntaron”.

“¿POR QUÉ TANTO ODIO CONTRA SU PROPIO PUEBLO?”

Karen es la hermana de Mauricio. Mientras conversamos en su casa, ella explica que son familia de circo. “Acá donde estamos ahora es la casa de mi suegro, mi suegro es Caluga Junior. Esta es la casa del Tony Caluga. Yo llevo trece años de matrimonio y siempre hemos estado unidos. Soy la única familiar directa del Maurio acá, porque mi papá está en el sur trabajando y mi mamá no está en Chile en estos momentos. Pasó todo esto y fue difícil tener que contarles. Acá hemos sentido mucho respaldo y apoyo. Uno nunca se espera que le pase a uno. Uno ve las noticias, escucha la radio o ve el Facebook y uno como madre, piensa en lo que está pasando. Uno nunca se lo espera para uno”, dice.

“Cuando Mauricio me llama, en ese momento me afloró el lado de mamá retona, le pedía que hablara bien, porque hablaba raro. Me explicó y partí con mi esposo de una, nos costó llegar, había mucha lacrimógena. Cuando iba pasando por el Mercado Central había un furgón de Carabineros, no sé si era GOPE, porque iban como muy armados, yo conté quince. Al cruzar la calle había gente gritando y haciendo destrozos y ellos no estaban ni ahí”.

“Después, en el hospital recordaba ese momento y pensaba en que a mi hermano le llegó un palo que casi lo mata, porque yo siento que quisieron pegarle para que se cayera al Mapocho y se muriera. Ellos dejan que la violencia continúe y reprimen a los que están pacíficos”, reflexiona Karen.

“El paramédico en el hospital nos decía ‘me da mucha pena lo que pasó, porque a mi amigo le volaron un ojo’. Son enfermeros, profesores, estudiantes, gente trabajadora, somos la gente de circo, a nosotros nos está llegando todo, pero a la gente que está haciendo desastres, no los detienen. Somos todos humanos, no estoy diciendo que vayan a hacerle algo a ellos, pero si están reprimiendo a muchachos que están marchando pacíficamente, por qué no detienen a quienes saquean. Estoy diciendo detener, no que los agarren a palos. Solo evitar que hagan eso. Por qué ahí no hacen nada y en una marcha con mamás, hijos, niños, adultos mayores, hacen eso. Por qué tanto odio contra su propio pueblo. De hecho, hasta cortaron la luz, dicen que fue algo fortuito, pero no lo creo, porque desde que no había luz, empezaron a apalear”.

EN LA EX POSTA CENTRAL

“Cuando llegué a la Posta, un joven de derechos humanos me tomó declaración, pero fue muy breve y luego se fue y no lo vi más. Al rato llegó un joven de la Universidad de Chile, recuerdo que él me mostró mucha empatía, sentí la confianza de contarle las cosas. Ahí él me tomó la declaración, me preguntó dónde fue y yo le empecé a hacer un dibujo en un cuaderno”, relata Mauricio.

“Luego me llevaron a scanner, me hicieron rayos del tobillo y el codo, me llevaron al box 25 y ahí había una señora. Era la mamá de una enfermera que estaba enferma, que había comido algo y tuvo problemas. La señora, Rosa se llamaba, estaba muy asustada y me acompañó todo el tiempo antes de que llegara mi hermana y, cuando mi hermana llegó y después tuvo que salir, la señora se quedó conmigo. Me decía que podía contar con ella”.

“Yo estaba muy asustado porque soy trapecista y me perjudica tener un brazo quebrado obviamente. Yo le pregunté al doctor qué iba a pasar y él dijo que puede que quede con secuelas, pero que el trapecio iba a ser una buena terapia, eso me dejó un poco más tranquilo. Luego tuve que esperar la sutura para la cabeza. Los cirujanos estaban atendiendo a otras personas, entonces tuve que esperar mucho”.

“Estuve como diez horas en el hospital, hasta que ya me llamaron a hacerme la sutura y me anestesiaron. Me dolía mucho cuando pinchaban, luego me suturaron, sentía el hilo pasando por la herida y en ese momento me relajé y me dormí un rato, al menos no sentía nada y la cirujana, María Paz, pudo hacer su trabajo. Ella me cosió. Cuando me iban a dar de alta, una de las enfermeras me preguntó si quería que me inyectaran más medicamento para el dolor, y yo le dije que ya me habían dado ketorolaco. Pero me preguntó si quería más para que no me doliera en el día, le pedí lo más suave, porque no soy de usar muchos medicamentos”.

Mauricio en el box 25 de la ex Posta Central

LA MADRUGADA EN LA POSTA

Karen recuerda el impacto de llegar a la ex Posta Central y ver a su hermano tirado en la camilla. “Fue un shock. Justo cuando llegué se lo llevaron para hacerle radiografías. Yo quedé esperando en la sala y pasa una pareja de personas. La mujer dice ‘parece que aquí está el muchacho que se lanzó al Mapocho’. Cuando yo escuché eso me di vuelta y le dije ‘¿perdón?’ y ella me pregunta si estaba ahí. Yo le dije ‘no sé si en otra sala estará el niño que se tiró, porque por lo menos el que está acá, no se tiró’. Con el dolor que yo sentía en ese momento, le dije que era mi hermano y que no se había tirado, que los Carabineros le dieron un lumazo y lo habían dejado inconsciente, y que se había desvanecido. Que la caída o había sido por el golpe o porque lo habían empujado”.

“Les dije todo eso porque veía que llegaba gente que estaba tratando de ayudar, la misma señora Rosita que estaba acompañándolo, entonces, pensé que ellos quizás habían estado cerca y habían visto algo, así que les pregunté si habían estado ahí, y se miraron, se rieron y me dijeron ‘nosotros nada que ver’. ‘Estos asesinos querían matar a mi hermano’, dije, con todo el dolor que sentía en ese momento, ‘pero no lo lograron, porque gracias a dios alcanzaron a sacarlo’. Y ahí se fueron. Somos seres humanos, si una persona te dice eso, te da pena, tratas de contener, no sé, algo, pero ellos con la forma en que se fueron, con los brazos cruzados atrás, como caminan los carabineros, tipo guardia, yo sospeché. ¿Acaso fueron a reírse en mi cara?”.

“Pasó la hora, hasta que llevaron a Mauricio a suturar su cabeza y lo acompañé, pero me quedé en la sala de espera. Mientras entró a pabellón, que fue diez para las cinco de la mañana, en ese momento, una pareja entró toda ensangrentada, una mujer cortada y se sentó al lado mío. Y me preguntó la hora, me preguntó si tenía el ojo morado. empezamos a hablar. Yo le pregunté si la pareja que había entrado con ella eran carabineros y me respondió que sí, y ahí sentí mucha impotencia, porque me acordé del momento en el que me preguntaron todo eso. No sé cuál era la intención de ellos, pero sentí mucha rabia”.

“GOLPE PROPORCIONADO POR CARABINEROS”

Al día siguiente, el martes, Mauricio fue al Instituto Traumatológico. “Ahí me vuelven a hacer rayos y me dicen que lo del pie no era fractura sino esguince. Pero que lo del codo era grave, que tenían que operarme. Me dijeron que tenía que esperar tres semanas a que se deshinche el brazo para poder operar”.

“Había un papel que nos entregaron en la Posta Central que decía que recibí un golpe por terceros y entre paréntesis dice Carabineros. Y la persona que lo vio en el Instituto Traumatológico me dijo que estaba mal, que ahí tenía que decir ‘golpe proporcionado por Carabineros’, directamente. Pero me dijo que lo guardara igual”.

Efectivamente, el documento de atención de urgencia al que accedió radiolaclave.cl, entregado en el Hospital De Urgencia Asistencia Publica Dr Alejandro Del Rio (ex Posta Central), indica “consulta por agresión por terceros (Carabineros), con golpe de objeto contundente en región frontal y facial con posterior caída de altura de dos metros aproximadamente a Río Mapocho. Refiere compromiso de conciencia posterior a golpe. Niega amnesia de evento. Niega vómitos explosivos”.

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También se indica que se realizó una tomografía (TAC), que fue evaluado por un neurocirujano y no se encontraron lesiones agudas traumáticas. Por otra parte, se realiza una revisión maxilofacial y “se presenta una herida contusa en región frontal y ciliar a la derecha”.

“MIRA CÓMO QUEDÉ”

“En la noche Kathy me vino a ver, vimos una película y me acosté, tenía sueño, estaba cansado”, relata Mauricio sobre el martes en la noche. “Cuando cerré los ojos empecé a ver imágenes de Carabineros, de armas, todo relacionado con ellos. Veía imágenes, cascos de Carabineros, guanacos, patrullas. Y empecé a sentir miedo. Kathy me trató de tranquilizar, ella tenía mucho sueño también pero estuvo atenta todo el tiempo para conversar conmigo. Como estaba así opté por conversar y estuvimos mucho rato hablando, hasta como las cuatro de la mañana quizás, y después de eso pude dormir”.

Hay una pregunta recurrente en la cabeza del joven agredido. “Si ellos están para controlar el orden público como dicen, tienen que dejar que uno escape. Si están ahí para que uno se vaya, ¿por qué nos encierran? Están ahí para golpear. Yo no entiendo, tiene que haber algún propósito, porque no nos dejaban escapar. El único lugar para escapar era tirándose al río, por eso muchos lo hicieron. Mi intención no era saltar al río, yo quería avanzar por la orillita y llegar al puente Pío Nono, pero ni siquiera alcancé a cruzar la reja. Si yo hubiese querido saltar, no me hubiese quebrado así. Quizás me hubiese quebrado el pie, pero mira cómo quedé. El cirujano dijo que todo esto en mi cabeza, ojo, boca, fue por el golpe de un objeto contundente”.

“ELLOS ESTÁN CREANDO ODIO”

Karen explica que aunque Mauricio lleva ocho años practicando trapecio y, por lo tanto, tiene experiencia con caídas y saltos, ese conocimiento va mucho más allá. “Nosotros somos nacidos y criados en circo, él puede llevar ocho años, pero uno desde chico anda colgado en las telas. La vida del circense es bien aperrada. Yo he tenido accidentes también, siempre salimos adelante y nos recuperamos”.

“Después vamos a ser nosotros los que vamos a entregar alegría al país, porque vamos a salir a levantar sonrisas, porque esa es nuestra pega. En el circo, tras bambalinas, puede haber dolor, pero de ahí para afuera no. Yo le digo al Mauricio, que vamos a seguir hasta el final, vamos a hacer todo lo que se tenga que hacer, porque no somos los únicos afectados, él no es la única persona que está pasando por esto. Hay familias en las que su hijo fue a marchar y no llegó a su casa. Así que vamos a seguir hasta el final y él va a salir adelante, va a volver a hacer lo que le gusta. Es un cabro joven, tiene ganas de salir adelante”.

La hermana también se refiere a la violencia policial. “No era la primera marcha de Mauricio, han ido mis sobrinas, mi esposo, esa bandera que tengo ahí se la regaló una mujer mapuche a él. También ha ido mi suegro, yo he ido. Es todo muy lindo, nunca hay nada malo. Mi sobrina se salvó, fue la otra vez y llegó pálida, me dijo que la habían encerrado. Son niñitas de 16 años, qué iba a hacer ella con un cartel, pidiendo apoyo, para que la corretearan, para que le llegara lacrimógena”.

“A un profesor que saltó un torniquete lo están enjuiciando como si fuera un delincuente, terrible. Y una hace memoria, porque parece que se olvida, pero cuando son hijos de diputados, senadores, botan mucha agua por encima para que las cosas que hacen pasen luego. Y la gente no, la gente está rescatando esas cosas. Está recordando. Un profesor ahora es juzgado así y el hijo de Larraín mató a una persona y nada, cagado de la risa”.

Mauricio también lo comenta. “Yo vi mi noticia en un canal y mostraron una imagen de Carabineros diciendo ‘avance por favor’, pero realmente, cuando no hay cámaras, no te tratan así, dicen ‘avanza mierda, camina conchadetumadre’. Cuando hay camaritas son amables y respetuosos, pero detrás de las cámaras son unos verdaderos perros, tratan muy mal a las personas. A Kathy le pegaron también y le gritaban con garabatos. Ella les decía ‘pero cómo quieres que avance si está mi amigo tirado ahí’ y el carabinero le dijo ‘por hueón está ahí’”.

Karen piensa que la criminalización de las manifestaciones, sobre todo en este último mes, “es para poner a la gente unos contra otros, para que la gente pierda el norte. Entonces al Mauri le pasa esto y van a empezar a decir que era un delincuente. Y que se lo merece porque era un delincuente. Ahí empieza esa rivalidad entre nosotros mismos. Uno sale a la calle y tienes miedo porque ves a alguien y piensas que tiene cara de delincuente. Y la gente juzga sin conocer a las personas”.

“Ellos están creando odio”, dice Mauricio sobre Carabineros. “Salen en la televisión diciendo que quieren paz, pero es pura mentira, porque ellos mismos provocan el odio de las personas. Esto no va a parar nunca porque ellos son los violentos, ellos están con armas. Sí, hay manifestantes que responden con piedras, pero ellos están tapados hasta el cuello y con armas de balines, que se suponía que eran de goma, pero se comprobó que era un 20% no más. Las personas están respondiendo al ataque que ellos están haciendo”, reflexiona.

“Yo no justifico el actuar de la gente que rompe cosas, pero mira como me dejaron a mí. Mi hermano me llamó llorando, me decía sentía mucha rabia por lo que pasó y así como mi hermano siente eso, pienso en que esos muchachos salen y son violentos porque también sienten rabia, por lo que les hacen. Carabineros no quieren que esto pare, ellos crean esto para que continúe, para que esto siga así”.

La televisión también alimenta todo ese odio en la gente, para separarnos. Durante todo el año nos están separando con las noticias. A usted, que es periodista, aprovecho de decirlo que ojalá cuando usted trabaje, nunca haga solo noticias de odio. Porque van por modas. En un momento eran los portonazos, todo el día portonazos. Después de la Garra Blanca se agarra con la U, y solo muestran violencia. Y una vez a las miles muestran un caso positivo, pero la mayoría de las veces solo muestran esas cosas, desvían la atención de la gente”, dice el joven.

Mauricio también explica que lo que lo motivaba a salir a marchar es precisamente lo que a él le pasó, apoyar a la gente que ha sido violentada. “Yo veía los casos de las personas que pierden sus ojos, que quedan ciegos y los testimonios dicen que los Carabineros hasta se burlan de ellos. Y me causa por dentro mucha impotencia. Y quizás yo no aporto mucho, pero estando ahí con mi presencia, siento que hago algo, estando parado ahí siento que apoyo, no me quedo de brazos cruzados mirando para el lado. Y me tocó a mí vivirlo en carne propia”.

“Yo lo que más hago cuando voy es observar. Me gusta mucho mirar lo que está pasando. Me acuerdo que vi a un señor que iba en bicicleta con un parche en el ojo. Perdió un ojo, pero está ahí manifestándose de nuevo. Cuando uno está ahí y ya no aguanta los gases, la gente te ayuda con su spray, te limpian la cara. Ayudé a una muchacha que se cayó al suelo y la llevé a los paramédicos”.

“Otro día, también en la marcha, un grupo de paramédicos estaba atendiendo a un joven y los Carabineros estaban tirándoles lacrimógenas. Y vinieron los capuchas, agarraron las lacrimógenas y se las devolvían y se ponían con escudos alrededor de los paramédicos. Entonces, me daba rabia ver eso de parte de Carabineros, pero al mismo tiempo me sentía feliz, por esta gente que se estaba apoyando. O sea, los mismos jóvenes que me ayudaron a mí. Yo quiero contactarlos y darles las gracias, se pusieron como escudo humano frente a mí, se arriesgaron por mí y ni me conocen, no saben quién soy, no tienen idea, pero me protegieron para que no me pasara nada”.

21 noviembre, 2019

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