Sociedad

Salud mental en Chile: Muchos fármacos y pocas políticas públicas

10 octubre, 2019


La construcción de una sociedad individualista y desigual potencia los factores de riesgo para el desarrollo de patologías mentales. El Estado de Chile destina solo el 2,1% de su presupuesto en salud mental, mientras plantea internar a niños y niñas en hospitales psiquiátricos.


«Los problemas de salud mental en la población han existido a lo largo de la historia de la humanidad, no es un fenómeno nuevo», dice Olga Toro, académica del Programa de Salud Mental de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile. «Los trastornos mentales siempre han estado presentes, pero invisibilizados. En la medida en que la sociedad se ha ido desarrollando se empezó a visibilizar a las personas que permanecían bajo estigmas y encerradas», detalla.

La especialista pone énfasis en que las personas que viven con enfermedades mentales deben tener los mismos derechos que cualquier otro ciudadano y plantea la diferencia entre malestar subjetivo, factores de riesgos y enfermedad mental propiamente tal.

Individualismo y desigualdad

«La sociedad del exitismo, es decir, las altas exigencias por ser exitoso y feliz que son propias de esta sociedad moderna, han contribuido al desarrollo de un malestar subjetivo en las personas que no necesariamente llega a ser problema de salud mental, pero sí genera una sensación de malestar importante en la vida de las personas», explica Toro.

Según el psiquiatra Sebastián Prieto, presidente de la Sociedad de Salud Comunitaria de Chile, el malestar subjetivo o dolor emocional tiene que ver con problemas cotidianos propios de la vida que causan dolor y angustia. «Muchas veces son considerados como un trastorno mental, pero no lo son. Hoy en día estos dolores se acentúan producto del individualismo y desigualdad socioeconómica que existe en nuestra sociedad, y se terminan tratando incluso con medicamentos», detalla. Además, sostiene que en estos casos el acompañamiento emocional de amigos y familia es mucho más importante que seguir un tratamiento farmacológico.

«Tenemos muchos factores de riesgo que pueden terminar en una enfermedad mental», explica Toro. «Aislamiento social, falta de redes sociales afectivas, consumo de alcohol y drogas, la violencia tanto social como familiar, acoso y abuso laboral, las relaciones de abuso de poder, implican un tremendo riesgo», puntualiza la académica.

«Si hablamos de enfermedad como tal, la persona comienza a sentir que no encaja, vive periodos de sufrimiento personal que le cuesta contar. Luego aparecen los síntomas explícitos que pueden ser biológicos, como trastornos del sueño y del apetito, sentir cansancio inexplicable que es un cansancio del alma, no solo físico, sino agobio y cansancio del alma», explica Toro.

«Después aparecen los síntomas más graves como delirio, alucinaciones, descuido total por sí mismo, y ahí entramos a la esfera de trastornos psiquiátricos graves hasta llegar a no querer vivir más por el dolor y angustia existencial», detalla. La especialista enfatiza en que es necesario contar con oportunidades de acceso a educación de calidad y a la salud para poder reconocer las propias emociones.

«Podemos sentir emociones buenas y malas, de pronto en una sociedad tan exitista como la nuestra, tenemos la idea de que uno debe estar de manera permanente feliz y eso el sistema nervioso central no lo podría resistir. No podemos olvidar que somos seres humanos, es parte de la condición humana ser capaces de navegar en la tolerancia a la frustración», enfatiza.

Prieto también apela al individualismo y la inequidad. «Son dos grandes amenazas de la salud mental. La lógica de la libre competencia nos pone uno contra otros lo que hace que estemos más solos, y la soledad es un germen de problemas en salud mental», explica. «Además somos unos de los países más desiguales del mundo, la Organización Mundial de la Salud ha dejado claro que la desigualdad socioeconómica es un elemento fundamental para el desarrollo de alteraciones mentales y de sufrimiento psíquico», puntualiza.

8 de Mayo del 2019. Confech se manifiesta en el Ministerio de Educación para visibilizar la problemática entorno a la salud mental.

Muchos fármacos, pocas medidas concretas

«Según datos del Ministerio de Salud, cada 10 chilenos que necesitan atención por salud mental, solo dos logran acceder a cobertura y tratamiento», dice Francisco Flores, psicólogo de la ONG Mente Sana.

El especialista dice que en Chile del total del presupuesto destinado a salud, solo el 2,1% es para salud mental. «En ese porcentaje están incluidos los gastos del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda). Si sacamos eso, el presupuesto en salud mental es solo 1,5%», detalla.

Flores detalla que el promedio mundial, entre países ricos y pobres, de recursos destinados a salud mental es 3%. «Mientras que el promedio OCDE, donde está Chile, es del 6%. Por un lado hay alta vulnerabilidad en términos de acceso a tratamiento y por otro, hay políticas públicas bastantes deficientes para enfrentar esta realidad», enfatiza.

«Tenemos malas políticas públicas y una forma errónea de entender la salud mental que hoy en día está más bien adscrita al consumo de psicofármacos y tenemos escasa cobertura para aquellos que necesitan atención, principalmente en la población infanto juvenil», explica.

Según Flores, la cobertura auge no incluye infancia, solo personas mayores de 15 años. «En las consultas clínicas encontramos muchos casos de depresión infantil y aumento de problemas de déficit atencional, pero que en realidad muchas veces tiene que ver con fases críticas que son parte del desarrollo de niños y adolescentes, pero son diagnosticados como patologías», asegura.

«Chile ha incrementado la compra del metilfelinato que es el componente del Ritalin, de manera excesiva. Hace diez años el Cenabast, encargado de comprar medicamentos, adquiría 380 mil cajas de este compuesto, ahora vamos en tres millones, aproximadamente, al año», detalla Flores.

«Hay un círculo poco virtuoso entre políticas públicas deficitarias, indicadores de patologías y el puje de la industria farmacéutica para que haya más consumo de psicofármacos. A esto sumemos que no contamos con una ley de salud mental, considerando que solo el 30% de los países no cuenta con esta ley», explica. Por otro lado, indica que faltan políticas públicas que aseguren cobertura en tratamiento de salud mental, tanto como Isapre y Fonasa. «En otros países existe la ley de paridad, que establece que las dolencias psíquicas y emocionales tienen la misma importancia que las dolencias físicas», dice Flores.

¿Y los niños? Al psiquiátrico de Putaendo

Hace tres años que descansa en el congreso un proyecto que crea la Ley de Salud Mental en Chile. El subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, anunció que uno de los puntos a incluir en este proyecto es la hospitalización de niños y niñas en el Hospital Psiquiátrico Dr. Philippe Pinel, ubicado en Putaendo.

Hospital Psiquiátrico Dr. Philippe Pinel, Putaendo.

Guillermo de la Parra, Psiquiatra de la Red de Salud UC, enfatiza en que la hospitalización es el absoluto último recurso para adultos y niños con patologías en salud mental. «Están mejor con sus seres queridos, en caso que sea totalmente necesario, la mejor opción es la hospitalización intradomiciliaria que son más breves porque las personas permanecen en su contexto social. Lo anunciado por el subsecretario no es una buena medida», explica.

Prieto tampoco está de acuerdo. «La hospitalización es efectiva en la medida que permite que las personas que están en esa condición logren restituir sus vínculos y volver a relacionarse de manera saludable con su propio medio y comunidad. Los niños necesitan relacionarse con su comunidad, si los internan en un lugar tan lejano no podrán recibir visitas de su familia ni compañeros de curso, es aislarlo de los vínculos humanos», explica.

Toro dice que los hospitales psiquiátricos están en retirada y esta medida representa un retroceso impresionante en lo que ha logrado avanzar el país respecto a salud mental. «Se contradice con las propias políticas el Ministerio de Salud en cuanto al Plan Nacional de Salud Mental y el Acuerdo Nacional por la Infancia. «El avance se ha concretado en que ahora los hospitales tienen unidad psiquiátrica y las personas no necesitan ir a un hospital psiquiátrico como tal, así aseguras que el niño no sea estigmatizado», explica.

«Cuando pensamos en un niño que vive en Chiloé o La Serena, la respuesta del subsecretario es que tendrá que ser trasladado a otra región, lejos de su familia para ser internado, eso se contradice con todo lo que se ha discutido, por ejemplo, respecto a los niños del Sename», puntualiza Toro. «No queremos tener un sistema que vulnere los derechos, menos de los niños».

10 octubre, 2019

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