Sociedad

Veganismo: ¿una opción para combatir la emergencia climática?

27 agosto, 2019


Con los incendios en el Amazonas, han surgido múltiples ideas para enfrentar la situación y contribuir al cuidado del medioambiente. Una de estas, se ha centrado en el cambio de alimentación: migrar de una dieta con productos de origen animal a una vegana. ¿Es factible? ¿Contribuirá a reducir nuestro impacto?


La semana recién pasada el mundo se conmocionó por el desastre medioambiental provocado por incendios en el Amazonas, los cuales han arrasado con más de 500 mil hectáreas. El problema está lejos de acabar, desatando incluso una suerte de crisis política internacional, en la cual tanto la sociedad civil como instituciones y autoridades mundiales, tales como el presidente de Francia, Emmanuel Macron han emplazado directamente al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, acusándolo de mentir e incumplir los compromisos adquiridos en el G20, advirtiéndole que su país bloquearía el acuerdo comercial de la Unión Europea con Mercosur.

Es en este sentido, que, entre miradas incrédulas y lamentos, la población mundial comenzó a preguntarse qué hacer para combatir los efectos de esto en el medioambiente y cómo cambios en la cotidianeidad podrían constituir un aporte, aunque fuese mínimo o progresivo. Entre las diversas soluciones propuestas existe una que no deja de llamar la atención: modificar la dieta, reducir el consumo de carnes y sus derivados, para transitar a una alimentación consciente y respetuosa o a una dieta vegetariana/vegana. Esto, debido a que Brasil es el país que exporta la mayor cantidad de carne de vacuno en el mundo, emplazando gran parte de su industria en el Amazonas; industria que se ubica en terrenos deforestados, los cuales muchas veces son conseguidos a través de la quema.

Debido a estas circunstancias es que, tal como indica Paulo Moutino, investigador del IPAM (entidad de investigación amazónica), el aumento de los focos de incendio en el Amazonas se ha producido en su mayoría debido a la deforestación, contradiciendo de este modo lo manifestado por Bolsonaro, quien indica que ha sido por la temporada seca.

«Según el Ministerio de Agricultura de Chile casi la mitad de la carne que se consume en el país es importada de Brasil, vale decir, se produce en lo que antes era y que podría haber seguido siendo selva Amazónica. Peor aún, la carne de los próximos años vendrá precisamente de los terrenos que ahora se están incendiando y que nos tienen tan preocupados a todos, ¡es terrible! La mitad de las parrillas este 18 tendrá carne directo del Amazonas», condena enérgicamente la activista vegana Jazmín Silva.

¿Menos carne, más Amazonas?

¿Qué tan factible es contribuir de manera positiva al cuidado del medioambiente al reducir el consumo de productos de procedencia animal?. Si bien un impacto menor en el medioambiente, según el investigador brasileño André Mazzetto (Universidad de Bangor, Gales), se relaciona mayormente con «volar menos en avión, usar autos más eficientes y transporte público, y aislar en forma más eficiente tu casa», un descenso en el consumo de carne y sus derivados también es considerado un aporte.

Según un estudio publicado en 2018 en la Revista Science, y realizado por los investigadores de la Universidad de Oxford (Inglaterra) y el Instituto Agroscope (Suiza), Joseph Poore y Thomas Nemecek, respectivamente, esta es una de las acciones más efectivas. Dicho estudio se realizó en aproximadamente 38 mil 700 granjas, ubicadas en 119 países. Parte del análisis evidenció que la producción de carnes de vacuno y ovino son unos de los procesos que contribuyen de manera nociva en el medioambiente.

Se estima, además, que el impacto es mayor en Sudamérica; en promedio, esta industria produce tres veces más gases invernaderos y necesita diez veces más tierra que el mismo proceso en el continente europeo. Esto ocurre, en parte, porque en Europa la producción de carne y lácteos se realiza en un 80% de los casos, de manera compartida, mientras que eso ocurre sólo en el 30% de la industria en Sudamérica. Además, en esta zona del continente, uno de los grandes problemas es que la mayoría de la cría de ganado se realiza en terrenos deforestados, lo que produce doce veces más emisiones de gases invernaderos, puesto que se requiere más tierra que al hacerlo en zonas donde existen pasturas naturales.

«En el Amazonas, que hoy se incendia en Brasil y Bolivia, su principal causa de destrucción y deforestación, es para la industria ganadera, ya que el 79,5% de las zonas afectadas son producto de la creación de pastizales destinados al ganado, esto según el mismo Instituto Brasileño de Geografía y Estadística», expresa Mauricio Serrano, fundador y coordinador internacional de la ONG Animal Libre, quien agrega que «además del tremendo daño y destrucción, esta masa ganadera sólo aporta el 37% de las proteínas y apenas el 18% de las calorías que sostienen la alimentación humana«.

Si bien, la producción de vegetales y granos también ocupa tierra, se necesita del 83% de esta para elaborar productos de origen animal (huevos, lácteos, carnes). Según Serrano «el impacto de la industria ganadera, lechera y avícola, es responsable de altas cifras de impacto negativo al planeta, sólo en Estados Unidos, las vacas producen más gases de efecto invernadero que 22 millones de autos. En el planeta [producen] un 5% más de estos gases que aviones, autos o trenes». El fundador de Animal Libre sostiene además que las industria ganadera, lechera y avícola «son responsables del consumo del 33% del agua potable del mundo y el 30% de la tierra es ocupadas por ellas, según datos de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura».

En tanto, según la activista vegana, Jazmín Silva, quien, en su sitio Las Cocineras Metaleras entrega recomendaciones y recetas para una dieta vegana, expresa que este tipo de alimentación puede reducir el impacto medioambiental debido a que «los productos animales consumen mucha más agua y usan mucho más terreno que los productos de origen vegetal. La FAO dice que se requieren quince mil litros de agua para producir un kilo de carne, mientras que para generar un kilo de granos, se necesitan mil 500 litros de agua».

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Silva agrega que «se necesitan diez kilos de grano para producir un kilo de carne de vacuno, seis kilos para producir un kilo de carne de cerdo y entre tres y cuatro kilos para producir un kilo de carne de pollo. Imagina que vas a un supermercado y compras un kilo de carne, es el equivalente a llevarte diez kilos de alimento que podrían servir para alimentar a diez familias. La gente cree que es mejor consumir vacuno de libre pastoreo, pero esta carne requiere mucho más terreno y agua, siendo más ineficiente que la carne común».

Dicha información la respalda Cruz Painemilla, quien trabaja en Café Granatto, el cual ofrece un menú vegetariano y vegano. Argumenta que «más allá de alimentar a una vaca o a un cerdo es la cantidad de animales que estamos produciendo, ese es el gran problema. Aparte de nosotros sobrepoblar, ponemos más animales de los que deberían estar sólo porque al humano le gusta comer carne y eso es contraproducente».

Educación y política pública

Según cifras entregadas por Animal Libre, la industria cárnica en Chile mata 540 animales por minuto, cifra que se suma a los 99.000 animales que mueren cada 33 segundos alrededor del mundo.

En este sentido, y para repercutir en la política pública, esta ONG impulsó la iniciativa Mi Menú Vegano, la cual corresponde a un Proyecto de Resolución (una proposición realizada por un grupo de parlamentarios a la Sala, con el objetivo de lograr un pronunciamiento sobre un tema de interés general), que busca garantizar una dieta vegana a toda persona que reciba alimentos por parte del Estado (jardines infantiles, escuelas, recintos carcelarios, entre otros). Dicho proyecto surge de la necesidad planteada por estudiantes veganos y vegetarianos, quienes no estaban recibiendo opciones para su tipo de dieta en sus establecimientos.

Según Serrano, esta iniciativa «hoy se encuentra principalmente ligada a buscar encarecidamente que se entreguen opciones a jóvenes estudiantes de establecimientos educacionales, dado el alto índice de adopción de jóvenes [de] este estilo de vida, que un estudio nuestro, determinó cercano al 15% de vegetarianos y veganos. Esperamos tener resultados concretos al 2020, que lleven a replicar esta iniciativa en otras entidades públicas y estar a la par del sector privado, que ya está ofreciendo estas opciones».

Nueve de cada diez personas han adoptado una restricción alimentaria en su dieta (no necesariamente una alimentación vegana), mientras el 42% se manifestó interesado en reducir el consumo de carnes rojas, esto, según indicadores entregados por una encuesta Adimark, realizada en 2017 para Chile Saludable.

Por ejemplo, a nivel internacional son diversas las medidas que múltiples instituciones han tomado para, desde la alimentación, contribuir en cuidar el medioambiente. Recientemente se conoció el caso de la Universidad de Goldsmiths, en Londres, la cual prohibió el consumo de carne de vacuno en todo su campus, además de multar el uso de utensilios de plástico y la compra de agua embotellada. Si bien es una medida estricta, la entidad planea convertirse en un plantel carbono neutral para 2025. Por otro lado, legisladores alemanes han propuesto aumentar el impuesto al valor agregado (IVA) de la carne al 19% estándar, el cual también tienen otros alimentos, tales como la leche de avena.

En relación a las medidas nombradas en el párrafo anterior, es fundamental educar respecto al tema y poner a disposición la información, para que la toma de conciencia y decisiones se realice de manera informada. En este sentido, Serrano de Animal Libre, establece que «el informarnos y educarnos es fundamental para reeducarnos y generar cambios en nuestros estilos de vida, por ello, como ONG Animal Libre generamos instancias educativas en la población para ayudarla a lograr un cambio de hábitos: generamos cursos, talleres y charlas a miles de personas para romper mitos y adaptarse rápidamente a estas nuevas tendencias, necesarias y posibles», quien manifiesta que respecto a la educación, es primordial crear políticas públicas que garanticen el acceso a la información.

El activista también explica que en 2017 se logró que la alimentación vegana fuera validada por el Ministerio de Salud y el Colegio de Nutricionistas, pero «aún hace falta que del reconocimiento, se pase a la acción y entreguen herramientas que permitan a las personas conocer este tipo de alimentación (vegana) [y] tener acceso a ella. Hoy en día no existen menús veganos en liceos públicos, hospitales, cárceles, servicios públicos u otras entidades donde el aparato estatal tiene incidencia en la alimentación, como tampoco planes para incentivar la reducción del consumo. Es aquí donde debemos y comenzaremos con mayor insistencia a trabajar».

En la misma línea, la nutricionista y quien es vegana hace diez años, Andrea Valverde, señala que es posible combatir el mito de que la carne y sus derivados son fundamentales para la nutrición con educación, puesto que «necesitamos nutrientes, no carne, huevo o leche. Podemos mantener una salud óptima en cualquier etapa del ciclo vital con una alimentación vegetariana estricta. En general las nutricionistas veganas realizamos muchos talleres y charlas, post informativos en Instagram, entre otras cosas, con la idea de acercar la información al resto de la población, para que se sepa que es posible, que estamos sanos y que obtenemos muchos beneficios al excluir productos de origen animal de nuestra alimentación».

Hace algunos años la información sobre una dieta vegetariana o vegana abunda en internet y redes sociales de la mano de personas que han utilizado estos medios para dar a conocer este tipo de alimentación. Blogs, tutoriales de cocina, y redes sociales dedicadas a esto se han masificado: por ejemplo Jazmín Silva, quien creó el sitio Cocineras Metaleras, establece que a través de este medio procura informar sobre «todo lo que creo que podría ser de utilidad, recetas, datos, picadas, para poder ayudar a toda la gente que está en transición». No obstante, es enfática en solicitar mayor apoyo gubernamental: «pese a que las acciones individuales son poderosas, creo que es importante considerar la acción del gobierno. Se debería prestar más apoyo a una agricultura más sustentable, y pensar en quitarle apoyo y promoción en las guías nutricionales a la carne y leche».

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Para Painemilla las nuevas generaciones son la clave, puesto que están más preocupadas de educarse respecto al tema: «una educación temprana ayudaría bastante, es difícil tratar de cambiarles el concepto a los adultos, es difícil porque no está dentro de la urgencia. Pero son las redes sociales las que están mandando en este momento y es cosa de empezar a unirse de distintos lados y ver qué hacer».

Nutrición y costos

En tanto, dentro de lo que puede frenar a alguien para transformar su dieta en una carente de productos de origen animal, se encuentran, entre algunas razones, el costo de algunos de los productos o la desinformación nutricional.
Silva explica que, en diversas culturas, los alimentos de menor costo son los de origen vegetal (frutas, verduras, granos, legumbres y semillas). «Esa es la base de una alimentación vegana, no sólo son las alternativas más saludables, además son las más económicas y las más amigables con el medioambiente por ser de producción local, con poco procesamiento posterior y por ende, menor huella de carbono». La activista aconseja, además, comprar en mercados locales o ferias libres, además, manifiesta que comprando en conjunto con familiares o amigos (as) el costo desciende aún más.

«La alimentación vegana y los costos que esta pueda tener, sólo dependerán de la forma y los productos que queramos ir obteniendo, como en cualquier tipo de alimentación, siempre existen variantes en precios para un mismo producto, pasa lo mismo con la alimentación vegana, podemos acceder a los gramos de proteína diarios que necesitamos, con productos muy costosos traídos desde Estados Unidos, o a través de productos muy baratos, obtenidos en las ferias libres», explica el fundador de Animal Libre, quien agrega que «descarto categóricamente que el veganismo y su alimentación sean caros, puede ser perfectamente muy económico cuando nos planificamos bien y sabemos encontrar cómo acceder a las variedades y opciones que se ofrecen hoy en día».

En cuanto a consejos sobre cómo empezar a transitar a una dieta vegana, la nutricionista Andrea Valverde lo explica del siguiente modo: es necesario imaginarse que toda nuestra alimentación es un plato, en el cual las frutas representan un 50%, un 25% son granos y cereales, y el 25% restante proteínas (legumbres, tofu, seitán, entre otras). En cuanto a los suplementos, Valverde explica que se debe «consumir vitamina B12, ya que la higienización de los alimentos en la era actual no permite que la consumamos a través de vegetales. En el caso de que una persona no tenga suficiente exposición solar se recomienda la vitamina D, y si no se consumen alimentos de origen marino como algas o semillas como la chía y la linaza, considerar suplementar con Omega 3».

Cambio de mentalidad

Si bien el cambio de alimentación es sólo uno de los factores para contribuir en un cuidado del medioambiente, es importante establecer que es un primer paso. Para tomar conciencia respecto del consumo de algunos alimentos (carne de vacuno, té, frijoles, arroz, pollo, vino, entre otros), la BBC, basándose en el estudio de Poore y Nemecek para la Revista Science, crearon una herramienta que mide el efecto de estos en el ecosistema. Por ejemplo, si se contabiliza un consumo de una o dos veces por semana de una porción de 75 gramos de carne de vacuno, esta se traduce en 604 kilogramos de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero del consumidor, lo que equivale a la conducción de un auto alimentado con gasolina por 2.482 kilómetros o un vuelo de ida de Londres a Nueva York.

«Los animales de la industria ganadera y láctea son sometidos a una vida de sufrimiento, no existe forma ética de asesinar a alguien que quiere vivir. Debemos ser conscientes que al decidir no comer animales, estamos ayudando a frenar la crisis climática, a disminuir el sufrimiento animal y al mismo tiempo, obtenemos los beneficios comprobados que una dieta basada en plantas tiene sobre la salud humana», sentencia la nutricionista.

En tanto, para Serrano, de Animal Libre, estos procesos deben asumirse como sociedad, por lo que se debe contar con la información necesaria y derribar mitos: «logrando aquello, la gente puede ir a un ritmo cómodo y a gusto, quitando los productos de origen animal de sus platos y conocer la variedad tremenda y deliciosa de los productos de origen vegetal. Un cambio hacia una alimentación vegana ayudaría notablemente a disminuir nuestro impacto negativo al planeta y también ayudar significativamente a los animales y nosotros mismos».

«A veces es difícil ser vegano, sobre todo en entornos sociales, pero si encontramos la motivación en las cosas que nos importan, ya sea la selva amazónica, el desperdicio de recursos, los animales, el agua o lo que sea, podemos lograrlo. Es súper importante tener una mirada a largo plazo, los cambios que de verdad aportan son los que duran. Encontremos nuestro propio ritmo para ir evolucionando de manera segura y sustentable», reflexiona Silva, quien agrega que «el veganismo para mí no es un fin, es un medio para lograr el mundo que yo quiero, con menos sufrimiento animal y desperdicio de recursos, y es un proceso, siempre podemos hacer más, siempre podemos esforzarnos más por el planeta que queremos tener».

27 agosto, 2019

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